2 de julio 2003 - 00:00

Día de la Dignidad de la Prensa Argentina

Que mañana muchos argentinos estén decepcionados o alegres porque el Club Boca Juniors haya ganado o perdido otra Copa Libertadores de América le quitará merecimientos a un 3 de julio que debería ser sólo recordado como el Día de la Dignidad de la Prensa Argentina. Precisamente mañana, vence el plazo presidencial para vetar o quedará consagrada la «Ley de Bienes Culturales», un argentinismo, una vergüenza nacional por la cual las empresas editoras de medios pudieron endeudarse, hasta ahora, pero aún en quiebra los acreedores externos no podrán tomar más de 30% del dominio de la empresa deudora mal manejada.

Una ley creada por nuestro Honorable Congreso para una sola vez hacia atrás, o sea, para los ya endeudados, porque las empresas periodísticas que se administraron bien, que no adquirieron deudas impagables, quedan en total desventaja. Ni tendrán la oportunidad de endeudarse ya que, con tremendo antecedente, no recibirán créditos hacia adelante, al menos externos.

Será la «ley Clarín» que en su capital tiene ya a Morgan Stanley con 18% y fijaron 30% para que en el peor de los casos nunca los acreedores superen 48% del dominio empresario.

• Deuda incobrable

De los 2.000 millones de dólares en que se endeudó no le podrán cobrar más de 600 millones. Con los 1.400 millones restantes se monopolizó, compró prensa en la Argentina y podrá seguir haciéndolo porque el resto del periodismo quedará debilitado por esa falta de crédito externo cuando casi todos sus insumos y su tecnología más cara provienen del exterior.

«Dignidad de la prensa argentina», además, porque con tremendo favor desde el Congreso y desde el Presidente, al no vetar tal ignominia, el monopolio «Clarín» se volverá más oficialista, más engañador de la opinión pública, más ocultador de lo que pueda ser criticable en el ámbito oficial. Una Argentina más ignorante.

Este gobierno traba información, tiene un sistema poco democrático de no permitir la discusión de los temas
antes de ser lanzados como hechos consumados a la opinión pública. Agreguemos a esto el peligro de una prensa incondicional y concluiremos que hay una acechanza real a la democracia.

No sólo por un medio como «Clarín», sojuzgado, perdonándole que pierda la empresa. También «La Nación» acaba de mandar a pasear por 3 meses a Europa a su subdirector Claudio Escribano tras la audaz nota que firmó el primer día de designación de Kirchner invocando fuentes que le daban «un año de gobierno» al actual presidente. Alejado el audaz periodista tras ser acusado de haber defendido el Proceso militar y las desapariciones en un reportaje televisivo, «La Nación» se atemorizó y volvió a los negocios con Kirchner. Nunca da importancia a las noticias del interior del país, pero ahora en su revista dominical destaca las bellezas de Santa Cruz -aunque eso sí, son reales- en varias páginas color que concluyen con la foto bucólica del matrimonio presidencial en esos parajes sureños.

Es cierto que Néstor Kirchner y su gobierno aún no pueden ser objeto de críticas agudas porque no se han definido en ninguno de los problemas de fondo del país. Pero cabe desear que acierte porque entre el periodismo marxista que le elogia todo y quiere llevar su gestión al nefasto extremo castrista y una prensa sólo aparentemente «independiente» pero veleta en política, carcomida en su situación financiera tras 4 años de recesión, la sociedad está en riesgo de carencia de información libre.

En este 3 de julio de la «Dignidad» de nuestro periodismo recordemos a Thomas Jefferson:
«Prefiero una prensa libre antes que una forma democrática de gobierno, porque la prensa libre siempre terminará imponiéndola».

Lo inverso no se da. Una aparente democracia sin prensa digna y realmente independiente puede terminar oscureciendo la libertad en un país y consagrando en silencio las mayores iniquidades de los gobernantes, si sobrevivieran.

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