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Lo esperaba allí otro invitado a los actos de asunción, el venezolano Hugo Chávez, con quien Castro había mantenido dos largas charlas durante la estadía en el país. Este tercer encuentro se prolongó en una extensa cena de los dos en el comedor de la suite del cubano que terminó pasadas las dos de la madrugada de ayer.
Castro ordenó que levantaran la habitación y comenzó a recorrer con un grupo de acompañantes las instalaciones del hotel, saludando a cocineros, mucamas, conserjes, botones y a algunos pasajeros que regresaban trasnochados a sus habitaciones.
También se sacó fotos con algunos pasajeros que habían esperado despiertos que apareciese el visitantes. A cada uno de los funcionarios del gobierno argentino que lo acompañaron durante la visita (de Cancillería, fuerzas de seguridad y SIDE) les regaló, además, dos cajas de cigarros Cohiba y una botella de ron.
Cumplió, antes de subir al avión, con una lista de pedidos de fotos autografiadas y de autógrafos con dedicatoria en tarjetas de coleccionistas que le habían hecho llegar. Entre los beneficiarios estuvo el jefe de Gabinete de la Cancillería, el ex diputado Eduardo Valdés, que los había pedido para él y para sus hijos.
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