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27 de enero 2017 - 23:30

"ECO va a dar la pelea por la Ciudad en el 2019"

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"Hay que ser muy respetuoso de las cosas que se hacen bien y estar muy atento a las cosas que se hacen mal, para tener una alternativa". Así define la postura de su partido el legislador porteño del Bloque Socialista, Roy Cortina. En diálogo con ámbito.com, se refirió a la posible decisión de Martín Lousteau de candidatearse en las elecciones legislativas de este año, la Ley de Comunas, trapitos, manteros, proyectos pendientes y más.

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Periodista: ¿Cómo se posiciona el socialismo de cara a las próximas elecciones legislativas?
Roy Cortina:
El socialismo está trabajando en un marco más general, en un espacio progresista que hemos constituido, que es ECO. Hay muchos condicionantes en la Ciudad para tomar ya una determinación. En primer lugar, con el fracaso que tuvo el Gobierno con la Ley Electoral a nivel nacional, la Ciudad puede tener suspendida la elección electrónica y volver otra vez a una elección en papel categoría legislador y diputado nacional en octubre; se pueden desdoblar igual y en octubre hacerse las dos desdobladas; o se puede desdoblar en distintas fechas, en agosto y octubre. Hay que ver cómo se van a armar los distintos frentes. Y, sobre todo, la resolución que va a tomar Martín Lousteau.

P.: ¿Cuál va a ser la decisión de Lousteau?
R.C.:
La va a tomar en febrero o marzo, la vamos a discutir juntos con toda la conducción del partido. ECO algún protagonismo va a tener y va a existir porque la pelea por la Ciudad en el 2019 la vamos a dar.

P.: ¿Qué balance hace del año legislativo que pasó?
R.C.:
En el primer semestre muchos diputados nos quejamos de que la Legislatura funcionaba muy burocráticamente; todas las sesiones se hacían en tiempo y forma pero no tratábamos temas importantes, sólo resoluciones o declaraciones. Pero hubo un buen segundo semestre (ya que en este país se habla tanto del segundo semestre). Fue muy bueno el trabajo, se trataron muchas iniciativas importantes que envió el Ejecutivo y hubo mucha participación de la oposición con sus distintos puntos de vista. Muchas leyes salieron enriquecidas con el aporte de la oposición, algunos temas quizás no ameritaban la velocidad con la que los quiso tratar el Ejecutivo, otros sí, pero son las reglas del juego. Lo importante es que hubo debate y mucha participación. Además, se sancionaron muchas leyes originadas en la oposición, cosa que siempre es buena. Fue el año récord en sesiones. Yo estoy conforme, lo que no quiere decir que nos debamos contentar con esto. Nuestro bloque aportó mucho, somos dos diputados pero trabajamos mucho; tengo la mayor cantidad de proyectos e iniciativas en general presentados.

P.: ¿Cuáles de estos proyectos destacaría?
R.C.:
El proyecto de Ley del Mapa del Delito, que se incorporó adentro de la Ley Integral de Seguridad, es muy importante. Espero que lo reglamenten rápido. Se habla mucho de los mapas del delito, los utilizan algunos candidatos en campaña y también están los mapas del delito que se hacen de abajo hacia arriba, con participación ciudadana de los barrios que padecen la inseguridad. Acá de lo que se trataba era de que existiera por ley, para que sea una política de Estado. Los mapas del delito son la contracara de lo que muchos porteños padecemos, que son las zonas liberadas. Esta ha sido una muy buena ley, ahora la responsabilidad es del Estado. Por ley, va a aparecer publicado para que pueda ser consultado por los vecinos. No es un problema informativo de los vecinos, es una política de Estado para conocer los patrones y la evolución de la criminalidad, ubicarlos en un mapa, permitir un mejor uso de las fuerzas de seguridad y prevenir antes de que acontezca el delito. Esto se utiliza en ciudades muy importantes del mundo. También logré que se apruebe un proyecto vinculado a reforzar los sistemas de atención de las adicciones en la Ciudad, a raíz de los tristemente célebres hechos de Time Warp. Otra muy importante y polémica, que tuvo mucho lobby en contra de empresas productoras y comercializadoras de bebidas alcohólicas, fue para regular la publicidad justamente de estas bebidas. Y otra fue la Ley Antibullying, que crea un conjunto de políticas públicas para prevenir el acoso escolar.

P.: Justamente hace algunos días comenzó a regir la nueva Ley de Eventos Masivos en Ciudad, creada tras la tragedia de Time Warp, ¿está conforme con ella?
R.C.:
Somos varios los autores de esa ley. El Ejecutivo presentó un proyecto y se le sumaron cuatro más. Quedó un punto intermedio bastante más avanzado de lo que existía hasta ahora. Es la síntesis del consenso al que pudimos llegar, que es superador de lo que existía. Básicamente, porque garantiza una mayor exigencia en las habilitaciones de este tipo de eventos y, al mismo tiempo, en el transcurso del desarrollo del evento por norma ya queda estipulada una mayor presencia del Estado, preventiva y de control.

P.: Respecto a la Ley de Comunas, ¿cree que se implementó de manera correcta?
R.C.:
El problema no es la Ley de Comunas. La ley tiene dos problemas: uno de origen, a menos que se cambie la Constitución; el otro, es un problema del que está gobernando. La Constitución ha sido muy reglamentarista al respecto y nos ha creado un corsé en donde hubiera sido mucho más inteligente que haya disposiciones más generales. La ley es tan buena o tan mala como se lo permitió la Constitución. El segundo problema es que esas cosas se pueden subsanar con una reglamentación elástica y una voluntad de promover e impulsar la descentralización. Si el Gobierno no lo promueve, es muy difícil poder implementarla. Este es uno de los grandes déficit de gestión del macrismo: no cree en una Ciudad descentralizada o, si cree, lo está implementando con mucha lentitud. Eso genera un fracaso en el rol de los comuneros, un fracaso en las Comunas y una desilusión por parte de la gente.

P.: ¿Y a qué cree que se debe esta actitud del Gobierno?
R.C.:
A una filosofía de gestión, a una visión de desarrollo urbano que no entiende que es importante acercar de manera descentralizada los problemas a la solución de esos conflictos. Además, porque la otra cara de la descentralización es la participación ciudadana y el Gobierno cree a su manera en esto. A veces confunde el timbreo de campaña o las reuniones de Horacio Rodríguez Larreta con vecinos con participación ciudadana. Es muy bueno que lo haga, yo apruebo que haya un jefe de Gobierno que recorra los barrios y se reúna con los vecinos, pero eso no es participación autónoma de la gente. Cuando la gente participa, se hacen visibles muchos problemas.

P.: ¿Y de qué forma puede darse una participación ciudadana auténtica?
R.C.:
Si las comunas funcionaran, esa sería la plataforma ideal para los vecinos. Cuando vos estimulás sin trampa la participación de la gente, la gente participa. Primero desconfía, la segunda vez viene, la tercera quizás no viene y lo tenés que ir a buscar; y eso se empieza a hacer una sana rutina y se implementa la participación. Así tenés un mayor control de cómo funcionan las Comunas, la Legislatura, los ministerios, y gana siempre el Gobierno, gana el funcionamiento correcto del Estado, gobierne quien gobierne. El problema ideológico que tiene el macrismo con la descentralización es que piensa que es un adorno obsoleto. Y la descentralización es un tema muy importante. Lo lógico es que la gente pueda hacer sus reclamos en el lugar donde tiene el problema. La descentralización está hecha para que los ministerios no estén pensando en la poda de árboles sino en las grandes obras. Hay grandes obras, sobre todo desde que asumió Rodríguez Larreta, que son a las que debe abocarse el Gobierno. Por ejemplo, la urbanización de las villas.

P.: ¿Está de acuerdo con este plan de urbanización?
R.C.:
Yo no estoy 100% de acuerdo en cómo se van a implementar las urbanizaciones de las villas, pero he votado todas esas leyes. Basta con ir a las villas para darse cuenta qué es lo que quiere la gente: progreso. Yo lo he votado, lo ha votado el bloque del Partido Socialista y felicito esa iniciativa. Nosotros siempre dijimos desde ECO que íbamos a acompañar las cosas que estuvieran bien e íbamos a ser críticos con las cosas que se hacen mal.

P.: Una de las principales quejas de quienes habitan las villas es que no se tuvo en cuenta su opinión.
R.C.:
Es relativo, en algunos casos se tuvo más que en otros. Lograr la unanimidad, como pretenden algunos políticos, es imposible. Es una mirada miope para que el Gobierno fracase. Nosotros hemos estado presentes en muchos lugares y hemos visto que hay un consenso muy difícil de refutar para que se mejoren las condiciones. Después hay una puja, como en cualquier desarrollo urbanístico: lo que plantea un Gobierno que necesita ser expeditivo y resolver el problema; la exquisitez del técnico urbanista que plantea que la traza debería pasar por este lugar y no pasó... pero lo importante es que se logró. En muchas ciudades de la Argentina, los que critican (sobre todo el kirchnerismo), no urbanizaron ninguna villa. Entonces, hay que ser muy respetuoso de las cosas que se hacen bien y estar muy atento a las cosas que se hacen mal, para tener una alternativa.

P.: ¿Cómo evalúa el operativo contra manteros de Once?
R.C.:
Estoy de acuerdo, felicito cómo lo hizo el Gobierno. El espacio público hay que respetarlo. En algunos casos, es gente que lo necesita, que está muy mal, que no le queda otra que vender en la calle, y eso hay que abordarlo. Pero muchas veces detrás de esos pobres estructurales hay mafias, y nosotros tenemos que combatirlas. En Once había mafias. Es anormal que se ocupe el espacio público de un barrio y se lo deteriore de la manera en que se deterioró, que perjudica también a comerciantes que no son multinacionales, sino comercios chicos. Creo que se logró un buen acuerdo, que ni siquiera lo va a pagar el Estado sino CAME.

P.: ¿No hubo un vacío en el operativo, respecto a las presuntas coimas que se les cobraban a los manteros?
R.C.:
No tengo duda que pudo haber connivencia de las fuerzas de seguridad. Esto se hace en un momento muy complejo, en el traspaso de la Policía. No la mayoría, pero hay casos, una porción muy pequeña, que no está conforme. Lo lógico es que esta ciudad, que es una ciudad Estado, que es una provincia con características urbanas, tiene derecho a tener su propia policía.

P.: ¿Puede suceder algo parecido con los trapitos?
R.C.:
Yo tengo un proyecto sobre esto. El error del progresismo fue querer resolver el problema de los trapitos con un programa social. Esto es lo mismo que con los manteros. Busquemos la solución a la gente que tiene este tipo de problemas. Hay que dejar de combatir a quienes son el último eslabón. Acá lo que hay que combatir, sobre todo en espectáculos deportivos, es la connivencia de la barrabrava y la dirigencia de los clubes con la Policía. Ahí se liberan las zonas y los trapitos se sienten los dueños de la calle. No es necesaria una ley, si la Justicia quiere actuar con las herramientas que tiene, lo hace sin ningún tipo de problemas. Va la Policía, un fiscal y vas a ver cómo no hay trapitos. Mi ley es la única que aborda el tema de que hay que aumentar la penalidad a los clubes y combatir a las mafias, atacar al cerebro del problema.

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