Para el senador Miguel Angel Pichetto, el funcionario kirchnerista Daniel Varizat cometió un «error» (haber atropellado a casi veinte personas, destrozando a una mujer hasta casi la muerte en su irascible raid con la camioneta 4x4).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Repitió el legislador la misma cantinela de Alberto Fernández cuando, ante el descubrimiento de un sobre con dinero en el baño de la ministra de Economía, Felisa Miceli, también dijo: «Cometió un error». Mismo concepto para el ciudadano venezolano que trató de introducir en una valija, en un avión alquilado por el Estado argentino, 800 mil dólares de contrabando (la jueza pensó inicialmente que se trataba de una infracción). Fue un error de papelería el proyecto para devolverle 200 millones de dólares al Grupo Greco, también otro error de contaduría los sobreprecios en el caso Skanska y, un error menor, las arbitrarias contrataciones de la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti. También, mal matemático, Guillermo Moreno comete errores en el cálculo de los índices del costo de vida. Ni hablar de los errores que, tal vez, comete Ricardo Jaime en la entrega de subsidios.
En este breve racconto sólo se mencionan algunos casos sobre el pertinaz criterio oficial de suponer «errores» en reemplazo de posibles delitos, que parece haberse encarnado también en la Justicia: las causas que involucran a funcionarios actuales o renunciados transcurren sin urgencias, más bien duermen, no se esclarecen episodios y por supuesto nadie finalmente es sancionado. Hoy no hay jueces de servilleta ni Corte adicta, tampoco «mayoría automática» ni denunciantes que se hicieron millonarios como antaño. Pero todo sigue igual.
Dejá tu comentario