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Hasta ahora nunca fue demasiada cordial la relación entre los dos pampeanos y Kirchner, cuestiones de estilo y pertenencias distintas los separaban. Inclusive, a pesar de la reunión conjunta, nadie podría atreverse a imaginar que ese vínculo cambie radicalmente. Pero, en verdad, es probable que se avance en ese sentido.
Pero si a estos dos dirigentes les interesa preservar los intereses de su provincia, a Kirchner en particular también le importa la relación. No sólo porque le viene bien Marín en la Cámara alta, si juega a su favor, sino porque el dúo es imprescindible para su futuro político. Cualquier tipo de operación que intente, dentro del Partido Justicialista, sobre los intereses del aparato bonaerense, requiere la mayor de las solidaridades provinciales. Como lo dice la historia y como lo requiere un mandatario con pretensiones de independizarse del poder de Eduardo Duhalde.
Si en ocasiones Kirchner se manifestó con rispidez sobre otros hombres del peronismo y, en particular, hasta organizó movimientos contra Marín y Verna, ahora se lo reconoce más cauteloso: la última elección en el Senado, cuando lo voltearon a Eduardo Moliné O'Connor de la Corte Suprema en forma más que ajustada y a través de múltiples negociaciones, demostró que su influencia se ha agrietado y que no dispone de una autoridad tan consolidada en ese lugar.
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