19 de junio 2003 - 00:00

Huérfano, duhaldismo reprocha a Kirchner

Con Eduardo Duhalde lejos y Néstor Kirchner distante, el peronismo bonaerense está huérfano. Y el martes a la noche, en la clásica reunión del consejo del PJ, el reducido puñado de consejeros que respetó el compromiso partidario liberó en cuotas su angustia.

«Fellner no nos invita a la CAP, y el Presidente ni nos dice dónde va a estar»,
se despachó, sin consuelo, Manuel Quindimil, el veterano intendente de Lanús que quedó como jefe formal del peronismo de Buenos Aires, desde que Duhalde asumió la presidente en enero de 2002.

Fue el cierre de una farragosa exposición de Quindimil para pedir unicidad y apoyo irrestricto a Kirchner que con los minutos terminó por revelar el malestar -lógico si se compara con la gestión Duhalde cuando eran habitués de Olivos-que reina entre los peronistas bonaerenses.

«El problema no es con Kirchner, es con Duhalde. El se fue, y nosotros estamos acá sin saber qué hacer»,
se confesó un dirigente del conurbano, de lealtad casi intachable hacia el ex presidente, que por estas horas está en viaje de descanso en Europa.

Idéntico tono se percibió el martes en la sede porteña del PJ duhaldista donde se juntaron Quindimil, el ex SIDE Oscar Rodríguez; el intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo, el protoduhaldista Antonio Arcuri, y los diputados Carlos Astorga, Isidoro Laso, Carlos Cottini y Raúl Pérez, entre otros.

Fue una concurrencia acotada. El fin de semana largo atentó contra el nivel de asistencia, al punto que hasta José María Díaz Bancalari -ahora con función adicional en el Congresono fue a la reunión y ni siquiera se suma a la hora de la cena, cita inevitable posconsejo.

En el local de Avenida de Mayo, Quindimil se quejó de que el consejo del PJ quedó excluido de la Comisión de Acción Política (CAP) que, capitaneada por el jujeño Eduardo Fellner, mañana se hará cargo del peronismo nacional. «Este Fellner ni siquiera nos invitó a la CAP», dijo el veterano.

• Traición

Aunque algunos salieron a traducir a Quindimil, eso debe entenderse casi como una traición: quince días atrás, el consejo del PJ propuso, ante la renuncia de Eduardo Camaño, a Fellner como gerente de la CAP.

También hubo golpes para Kirchner, no con saña, sino con angustia.
«El Presidente nos tiene que decir dónde va a estar así nosotros lo acompañamos», se lamentó Quindimil y agregó, con cierto tono de reproche: «Si estuvimos en las malas, también tenemos que estar en las buenas».

Con el mismo tono, alguien se quejó que por Casa Rosada desfilan piqueteros, sindicalistas y organismos de Derechos Humanos, pero todavía Kirchner no ofreció una velada con los caciques duhaldistas. En rigor, los jefes esperan que Kirchner agradezca el apoyo que le dieron.

«Vamos a esperar que vuelva Negro.»
La frase, casi una cita mágica, se escuchó mucho también el martes a la noche. No sólo respecto de la actitud hacia Kirchner, sino también sobre una cuestión sensible que se debe resolver en las próximas semanas: las alianzas en Buenos Aires.

Felipe Solá
(ahora convertido en blanco móvil de Aldo Rico, por lo que varios intendentes -Alberto Balestrini y Julio Pereyra entre otrossalieron a castigar al ex militar) especula con la posibilidad de prestarles su boleta a candidatos locales no peronistas e, incluso, a algún radical.

Pero eso enfurece a los capitanes del PJ. Laso, Astorga y los platenses Pérez y Cottini fueron el martes los más críticos de esa posibilidad. Estos últimos llevaron la queja de su jefe
Julio Alak ante la posibilidad de que Pablo Bruera, auspiciado sino por Duhalde por algunos duhaldistas,tenga boleta de SoláGiannettasio a pesar de competir por fuera del partido.

Ni siquiera una exposición de
Jorge Landau, sobre la mecánica de alianzas, logró calmarlos, y el tema quedó abierto. Al final, Quindimil actuó salomónico: «Vamos a esperar que venga Negro».

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