El gobierno de Néstor Kirchner comenzó a sellar un acuerdo que le permitirá asegurarse la sanción de leyes clave en el Congreso. Con hegemonía del PJ en el Senado, faltaba la reunificación del bloque oficialista de Diputados, donde los menemistas montaron una bancada propia con 31 legisladores y dejaron al peronismo en situación precaria. Ayer, un operador del Ejecutivo, Juan Carlos Mazzón, pactó con el cordobés Oscar González, jefe del bloque de Anillaco, el regreso a la bancada PJ de los disidentes. Con todas las tribus domésticas bajo un mismo techo, la administración Kirchner quedará a tiro de acariciar el quórum propio en la Cámara baja y ponerse en sintonía con la otra ala parlamentaria. Resultará fundamental el aporte del Frepaso que, devenido en socio extramuros de Kirchner, le permitirá al gobierno alcanzar los 129 diputados imprescindibles para sesionar y votar leyes.
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Las idas y vueltas de González por la Avenida de Mayo, entre el Congreso y la Rosada, son en realidad la puntada final a una trama de gestos, indicaciones, tratativas. Acaso la primera la produjo Eduardo Duhalde, en la comida que les ofreció a los legisladores del oficialismo antes de marcharse a Europa. En esa «última cena» el ex mandatario agradeció «a los amigos de Menem porque me ayudaron a que la gestión llegara bien a su fin, más allá de las diferencias que yo tengo con Carlos». Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara e intersección entre todos los sectores legislativos, ya les había adelantado a los diputados de Menem que «si se integran al bloque, conservarán todas las prerrogativas de las que gozan hasta ahora». Son minucias gremiales pero que son la sal de la vida para muchos legisladores: a cada bloque, por el hecho de existir, le corresponden cargos administrativos, choferes, butacas en comisiones, etc., que se podrían «desperdiciar» si el grupo se subsume en el resto de la bancada.
Pero sería incorrecto y hasta mezquino reducir esta integración a cuestiones tan pragmáticas. La aproximación obedece también a una razón política: la voluntad por darle a la administración de Néstor Kirchner un plazo de gracia por lo menos equivalente al que obtuvo la de Fernando de la Rúa, que era de otro partido. «Hay que ayudar a gobernar, no entorpecer. Si les va bien, nos va bien a todos; si les va mal, nos van a llamar» fue la orden que impartió Menem a sus allegados en todas las reuniones que encabezó desde que regresó a Buenos Aires de Santiago de Chile.
Hay un dato que no puede desdeñarse en la comprensión del nuevo oficialismo: la aparición de Daniel Varizat en la Cámara baja. Se trata del titular de la Casa de Santa Cruz y hombre del corazón del nuevo esquema de poder instalado en la Argentina. De bajo perfil, Varizat (quien ya fue senador por Santa Cruz), será el nexo más activo entre la Casa Rosada y los diputados, por fuera de cualquier canal protocolar u orgánico. En las conversaciones de ayer, también campeó la posibilidad de que los «primos» menemistas se integren al comando a través de un representante.
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