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14 de junio 2006 - 00:00

Lavagna 2007: ahora quieren agregarle una pata sindical

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Quien quiera desentrañar, con cierta precisión, los límites del tejido político que Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde pretenden ofrecer a Roberto Lavagna para su candidatura presidencial, no debería prestar tanta atención al presente como al pasado inmediato. La postulación del ministro de Economía es bastante anterior a lo que parece: su primera formulación tuvo lugar en el domicilio de Guillermo Nielsen, exactamente dos meses antes de las elecciones del 23 de octubre del año pasado. A esa casa llegaron, entre otros, Alfonsín, Duhalde, Lavagna, Enrique Nosiglia, Eduardo Camaño, Jesús Rodríguez y Oscar Rodríguez, entre otros. Esa noche, en la mesa de quien por entonces era secretario de Financiamiento, radicales y peronistas se conjuraron en torno a dos decisiones. Primero: que el ministro de Economía debería dejar el cargo antes de diciembre. Si fuera posible, antes de las elecciones.

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Mientras tanto, diría que no estaba en condiciones de apoyar a ninguna de las dos candidatas bonaerenses: lo que suponía un tácito aval a Chiche Duhalde, quien hoy le retribuye con tanto entusiasmo. Segundo: que sería llevado por una coalición radical-peronista como candidato a las presidenciales de 2007. Como es evidente, estas dos premisas se cumplieron, aunque con cierta elasticidad. El fundador de Ecolatina, de puro heterodoxo, quiso «pasar el verano».

Reconstruir esta pequeña historia tiene su utilidad para la comprensión del presente. Porque a la casa del actual secretario de Hacienda de Jorge Telerman no fueron todos los comprometidos en la candidatura de quien entonces era ministro. Unos días antes de esa reunión, Lavagna había almorzado con un sector importantede la CGT, el de «los gordos». Allí estaban Oscar Lescano, Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo, entre otros. De inmediato, comenzaron los ataques de Hugo Moyano, hablando de la insensibilidad social de quien se negaba a aumentar los salarios si no era por razones de productividad.

  • Curiosidad

  • Esa interna sindical, sobre la que se proyectaba el enfrentamiento entre Julio De Vido (asociado a Moyano) y Lavagna, todavía no está saldada. Quien quiera tener una prueba, debería observar que los obispos de la Comisión de Pastoral Social, presididos por Jorge Casaretto, debieron duplicar el encuentro con el sindicalismo para poder hablar con todos. Ni por la visita de la jerarquía católica los gremialistas lograron reunirse en una misma habitación. Otra curiosidad, el gastronómico Luis Barrionuevo formó parte de la mesa de «los gordos», junto a Lescano y Cavalieri, no de la de Moyano.

    Nadie debe esperar hoy que esta disidencia se manifieste claramente en la campaña electoral. Pero tal vez haya que prestar atención al tráfico más discreto que existe hoy entre los grupos que se habían unido en apoyo de Lavagna hace menos de un año. La incógnita ya está planteada en algunos niveles del gobierno: ¿Moyano está en condiciones de volcar a todo el sindicalismo en beneficio de la reelección presidencial, el año próximo? ¿Cuáles son las relaciones actuales entre Jerónimo Venegas, «el Momo», y su antiguo jefe Duhalde? Venegases el titular de las «62 organizaciones», que hoy nuclean a antimoyanismo de la CGT. El nombre de «el Momo» planeaba alto en el cielo del 25 de Mayo, cuando Kirchner organizó su plaza. Pero a esa adhesión hay que restarle el resentimiento porque el gobierno no lo haya incluido en ninguna de sus listas electorales, a pesar de las promesas. Otro enigma: ¿es habitual verlo a Barrionuevo tan lejos de su amigo Nosiglia? Kirchner siempre recuerda un consejo que le dio Duhalde cuando lo ungió su candidato: «Para armar, algún día tendrás que hablar con Barrionuevo». Dicen que Lavagna ya recibió mismo consejo. Duhalde es reiterativo, aun cuando en Catamarca el sindicalista, aliado a Ramón Saadi, suscribió el domingo un documento auspiciando la reelección presidencial (casi se animan y le escriben una dedicatoria a Cristina Kirchner).

  • Precio

    La urdimbre política que se elabora en el radicalismo alfonsinista y en el duhaldismo espera todavía un tramo sindical, que los dirigentes del PJ cercanos a Lavagna pretenden explorar entre «los gordos». Estos sindicalistas tradicionales subirán su precio: hasta ahora Kirchner jamás los llamó ni para tomar un café. Ellos quieren aprovechar el momento y no sólo por la intranquilidad del gobierno. También por la depresión de Moyano, afectado por el informe de la Auditoría General de la Nación realizó para impugnar los subsidios al transporte, con los que él tanto se beneficia.
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