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28 de julio 2008 - 00:00

Massa con albertismo y poco equipo propio

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Luis D'Elía
De arriba, el organigrama de la Jefatura de Gabinete «da vértigo». Es, luego de la expansión de Alberto Fernández, una mención objetiva del alcance -y el poder- y la responsabilidad que conlleva ese cargo, en términos operativos el segundo detrás de la presidencia.

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A cinco días de su desembarco, Sergio Massa apenas se mueve con un grupo acotado de colaboradores: su secretario desde hace años, su vocero y un pequeño puñado de asistentes. El núcleo político que lo escoltó en estos tiempos no se asentó -aún- en la Casa Rosada.

De hecho, Massa adelantó que arrasará con el elenco que deja su antecesor en la Jefatura de Gabinete. Salvo dos funcionarios que se encargarán de lo administrativo, el ministro de ministros no se dedicará -por ahora- a llenar casilleros en un organigrama oficial que, lo tradujo un colaborador, «da vértigo».

Quizá más adelante. Puede que en el futuro convoque a Amado Boudou, actual responsable de la ANSeS, y al grupo de funcionarios que integraron su núcleo de confianza en esa oficina. Allí, además de Boudou, aparecen Gabriel Mihura Estrada, Juan Zabaleta y el protoorteguista Pablo Fontdevila de Del Franco.

En rigor, con el envío al Congreso de la ley que fija movilidad para las jubilaciones, Massa considera cumplido un ciclo exitoso en la ANSeS, donde desembarcó en 2002 y continuó hasta diciembre pasado, y tras un brevísimo paso de Claudio Moroni, quedó Boudou, un hombre de su más extrema cercanía.

Por ahora, apenas hará unos retoques. Ratificó, por caso, a Juan Manuel Abal Medina, un funcionario enlazado con Alberto Fernández. Con Abal Medina, Massa trabajó procedimientos de perfeccionamiento de gestión en la ANSeS. De allí se conocen y se respetan. En la primera etapa, salvo un equipo de colaboradores diarios y la imprescindible asistencia en materia administrativa y jurídica, el jefe de Gabinete no avanzará en modificaciones sustanciales. No considera, dicen a su lado, que sea «imprescindible ni urgente». Podría recurrir a dos colaboradores suyos en la intendencia de Tigre, donde dejó a cargo a Julio Zamora, hasta el miércoles pasado secretario de Desarrollo Social.

Entiende, de hecho, que un buen cierre del capítulo previsional, con la ley de movilidad para las jubilaciones, será un buen modo de redondear su gestión en la ANSeS, organismo desde el que construyó una red de vínculos y alianzas que todavía perdura.

El plan de incorporación de jubilados que no habían hecho aportes -o habían hecho muy pocos- lo vinculó con gobernadores e intendentes. De allí preserva relaciones fluidas y gentiles. Le sirvió, por ejemplo, para sumar adhesiones de peso a su designación.

En una etapa posterior, quizá esa costura se refleje en su equipo de colaboradores. Sin apuro, Massa presume que su prioridad es avanzar en la normalización del INDEC más que inundar de laderos y aliados la Jefatura de Gabinete que ocupa desde la semana pasada.

Equilibrista, buscará salvaguardar sus simpatías y acuerdos. No sólo con el PJ, donde tiene una butaca en el Consejo Nacional, sino también -y sobre todo- reforzar la Concertación mediante buen diálogo con radicales K -mantiene un excelente vínculo con Mario Meoni, intendente de Junín- y con sectores transversales, entre ellos los movimientos sociales.

De hecho, hereda de Alberto Fernández dos funcionarios que responden a Luis D'Elía. Se trata de Rubén Pascolini y Claudio Palermo, tardíamente designados por el porteño a días de dejar el cargo. Esos nombramientos son producto de un acuerdo que en el verano selló Néstor Kirchner con D'Elía como parte de un movimiento de contención a los grupos piqueteros.

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