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27 de mayo 2003 - 00:00

Negó Castro tener armas químicas y criticó el ALCA

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En su largo discurso, castigó también la iniciativa ALCA de un mercado único para todo el continente que lleva adelante el gobierno de los Estados Unidos. Para más escarnio de la administración Bush, dijo que éste había perdido las elecciones por más de 500 mil votos, pero que hubo fraude electoral con la colaboración de activistas anticastristas con sede en Miami.

«No diré cuál era más democrático, porque en los Estados Unidos hay un unipartido», dijo. De inmediato, incurrió en su clásica explicación de la singular democracia cubana, cómo se eligen lo candidatos. «A quienes preguntan cuándo habrá elecciones en Cuba les digo hasta cuándo habrá que ser supermillonario para ser presidente de los Estados Unidos.» No arrancó ovaciones este argumento; por eso, agregó que «las campañas electorales son caras y se ensucian las paredes con afiches».

Las más de dos horas de discurso fueron transmitidas por «América» y «Canal 7», por todos los canales de información de cable y con flashes en el resto, lo que amplificó el impacto.

En otro párrafo de su rap oratorio, Castro insistió en que no hay armas de destrucción masiva en su país: «Nunca Cuba atacaría a ningún país por remoto que fuera, pero sí mandará sus médicos adonde sean necesarios», proclamó un Fidel que apeló a los tics más conocidos de su oratoria -larguísimas parrafadas, apelaciones a «un médico por ahí»- para aplacar y desmovilizar a una multitud que protagonizó cortes de calles e incidentes dentro de la Facultad.

La gravedad de los destrozos que provocaron grupos de activistas dentro de la sede universitaria motivó que la charla de Castro no se realizase en el aula magna de Derecho y que se hiciese fuera del edificio.

Fue después de una larga negociación entre los custodios de Castro -más de 20 que intentaron en vano también entrar con su jefe en la Casa de Gobierno- con el comisario de la Policía Federal encargado del operativo y delegados de la SIDE de Sergio Acevedo. En esa charla, se concluyó que no era posible asegurar la integridad de Castro si continuaban las peleas entre los grupos.

Se decidió por un instante directamente suspender el acto y adelantar el regreso de Castro a Cuba. Pero esa solución hubiera sido peor, por la reacción que podrían tomar los asistentes a la reunión, que a las 19 superaban ya los 5 mil e interrumpían la circulación por Avenida Figueroa Alcorta hacia la zona norte de la Capital, en la hora de más tráfico.

La visita del jefe cubano con motivo de la asunción de la fórmula Kirchner-Scioli despertó una insólita «fidelmanía» que aprovechó el visitante para hacer publicidad de su país y de su gobierno desde las mismas escalinatas que fatigaron Naomí Campbell y Claudia Schiffer, las modelos del peluquero Giordano y el músico Lalo Schiffrin.



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