20 de junio 2003 - 00:00

PAMI: crisis crea extrañas alianzas y antiperonismo

La necesidad de Néstor Kirchner de acumular poder por haber asumido con un magro número de votos propios lo ha llevado a buscar imponer su autoridad en varios ámbitos. Su arremetida sobre el PAMI es el último episodio de esta escalada, que ha creado una fuerte crisis en la obra social de los jubilados, además de curiosos encolumnamientos y la posibilidad de un surgimiento de los sectores de izquierda y antiperonistas dentro del gremialismo, que hasta hoy ha sido predominantemente peronista. Un ejemplo de esas extrañas alianzas es el alineamiento del dirigente Armando Cavalieri con la postura presidencial en torno al PAMI. Tanto que el líder mercantil declaró haber votado por Kirchner y -curioso- hasta se mostró como un verdadero cruzado contra la corrupción en el gremialismo. Cavalieri fundamentó su crítica al desmanejo del PAMI dando como ejemplo el de su obra social: OSECAC. Según dijo en el programa «Periodistas», ésta tiene 1,5 millón de afiliados y está ordenada, tanto que los 65.000 jubilados del sector prefieren atenderse allí y no en el PAMI. Pero la actual situación tiene una lectura aún más profunda: detrás de la embestida contra la burocracia sindical habría un intento de penetración del movimiento gremial por parte de sindicalistas de izquierda y no peronistas. Inclusive en casos extremos como el de Hugo Moyano o Juan Manuel Palacios, el gremialismo siempre se mantuvo dentro del peronismo. Acaso se esté intentando reeditar a escala mayor la experiencia de los históricos gremios metalúrgicos cordobeses de fines de los '60 SITRAC y SITRAM, vinculados a los izquierdistas René Salamanca y Agustín Tosco. En tanto, el Congreso autorizó ayer por ley al gobierno a intervenir el PAMI, y la CGT decidió relevar a sus dos delegados en la obra social.

Néstor Kirchner quiere purificar el PAMI pero, en el intento, quedó atrapado en una interna de la CGT. A tal punto que ayer se le sumó un vocero con el que acaso no esperaba contar: Armando Cavalieri dijo que «hay que acabar con este tema de Barrionuevo» porque «la sociedad argentina está reclamando otras cosas, otros discursos, otras transparencias, otras actitudes, más humildes, más con lo que está la voluntad de este gobierno y con la personalidad del Presidente». Cavalieri hablaba desde «Tierra Santa», su piadoso reducto de la Costanera, que en la época de Carlos Menem -a quien se lo arrebató por dos monedas- se llamaba Parque Norte.

Kirchner tiene el don, por lo visto, de extraer actitudes y sentimientos inesperados en personas como Cavalieri. «El Gitano» -tal es su alias- no sólo recordó en un programa de TV haber votado al actual gobierno, sino que, a esta altura de su edad, resolvió convertirse en un cruzado anticorrupción.

Hubo distraídos, de los que ya no recuerdan las viejas vinculaciones de este sindicalista con la construcción de viviendas en los '60, que creyeron en la conversión ética de Cavalieri. Lo que no logró pasar fue que votó por Kirchner: todo el mundo sabe que postuló varias veces a Roberto Lavagna, quien, mediante la postergación de las elecciones, debía reemplazar al actual presidente como candidato. En dos reuniones con Eduardo Duhalde y Alfredo Atanasof describió de manera tan graciosa al actual mandatario que nadie cree que luego pueda haberlo votado.

• Postergación

Desde la otra vereda, la de Barrionuevo, le contestaron enseguida a Cavalieri. En el sindicato de los gastronómicos se reunieron ayer 20 integrantes del Consejo Directivo de la CGT y, encabezados por Rodolfo Daer, resolvieron postergar hasta la próxima reunión de cúpula la discusión sobre la remoción o no de Domingo Petrecca y Reinaldo Hermoso, los dos representantes del sindicalismo en el PAMI que Kirchner y Cavalieri quieren ver desplazados. En ese cónclave se resolvió otra moción: expulsarlo a Cavalieri de la conducción de la CGT por inconducta sindical y violación a las decisiones «de los cuerpos orgánicos», como diría el finado Lorenzo Miguel.

La riña entre Barrionuevo y Cavalieri podría tener un efecto definitivo sobre el PAMI: Kirchner, que pretendía evitar su intervención (aconsejado por Ginés González García), terminará disolviendo el actual directorio y poniendo al instituto bajo el control absoluto de Juan González Gaviola, representante del Estado junto a José Graneros. Anoche se examinaba la posibilidad de constituir una comisión con participación del Estado, los jubilados, la CGT, las dos cámaras legislativas, la Procuración del Tesoro y el defensor del Pueblo para acompañar al interventor, hasta que se convoque nuevamente a elecciones normalizadoras. Un escéptico de los que nunca faltan comentó con gracia: «¿Piensan que hay tanta plata que ponen tanta gente?».

• Deuda

La pelea entre Barrionuevo y Cavalieri es todo menos una puja ideológica o ética. Como el gastronómico, también «el Gitano» es un protagonista central en el negocio de la salud. Tanto que casi se pone su obra social (OSECAC) de sombrero en una operación de compra de clínicas realizada con quien, según denunció en su momento Patricia Bullrich, sería socio o representante de Cavalieri, el empresario Julio Fraomeni. Hoy OSECAC debe cerca de $ 150 millones, lo que explica el kirchnerismo del que resulta ahora presa el secretario general de los mercantiles.

Reunidos en el Sindicato de la Sanidad, donde reina Carlos West Ocampo (el hombre que promovió a Ginés González García como ministro durante la gestión de Fernando de la Rúa y de Eduardo Duhalde), los «gordos» buscaron hasta última hora neutralizar la movida de Daer, Barrionuevo y el resto del secretariado, consistente en mantener a los sindicalistas en el directorio del PAMI. Para González García, Cavalieri y West sería un papelón tener que explicar a Kirchner que no consiguieron doblar el brazo de los otros dos rivales.

La dinámica que adquirió la puja sindical en torno a la principal caja de la salud en la Argentina está amenazando con desfigurar la operación de reforma que se había propuesto Kirchner. Sobre todo por el hecho de que, en vez de aparecer como gestor de un nuevo sistema de asistencia a los jubilados, el gobierno está a punto de quedar contaminado por uno de los sectores en pugna de la corporación gremial. Si se siguen de cerca los discursos de Kirchner y su esposa Cristina, queda claro que no quieren aparecer en la vecindad de Barrionuevo, pero que por conseguir ese objetivo tampoco desean quedar involucrados en las piruetas de Cavalieri. Todo alienta la intervención, medida que dejaría desairado a Hugo Moyano, jefe de la CGT disidente a la que Kirchner y Carlos Tomada prometieron incorporar a la conducción del PAMI.

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