Néstor Kirchner puso en acto anoche el infierno más temido por los sindicalistas. Los intimó a encuadrarse detrás de su gobierno so pena de sacarles el manejo de los fondos de las obras sociales que iría, según un proyecto oficial, a un sistema de débito automático en la AFIP y en beneficio de los prestadores de salud (clínicas, etcétera). El gobierno pide a cambio de no tocarles la caja una acelerada unidad y ayuda para disputarle la calle al piqueterismo. La idea seduce en el oficialismo por el esmeril sobre la ladeada columna vertebral del peronismo. Alegra también a la izquierda, que sueña con coparle las organizaciones a un sistema que desplazó desde control sindical hace 70 años, cuando advino al poder el peronismo.
Unas 24 horas antes había pasado por el mismo despacho el debutante Rodolfo Daer, que reaccionó con el mismo rostro que anoche del grupo moyanista: ¿cómo se atreve el gobierno a meterles la mano en el bolsillo, algo que no se animó el poderoso Menem? El Presidente les responde que no puede ser que la columna vertebral esté ausente de las calles invadidas por el piqueterismo. «Necesito que salgan a contener la protesta.»
Para los sindicalistas es música celestial pero reclaman que les devuelvan alguna facultad de control de fondos, ya que fue el gobierno quien ayudó a que los revoltosos les ganaran la calle.
No escucha el Presidente argumento alguno y aplica el frío de su método: si no lo hacen viene el débito automático para las obras sociales. «No puede haber débito automático porque tampoco hay pago automático de los empresarios a la AFIP», se quejan.
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