Además de la apuesta por armonizar las variables de precios y salarios el acuerdo que empezará a explorar mañana el Gobierno con empresarios y sindicalistas representará un desafío de carácter diplomático: sentar en un pie de igualdad a la CGT con otras expresiones sindicales de menor jerarquía en función de la legislación argentina, que consagra reconocimiento jurídico pleno sólo a esa central obrera. Así, los “gordos” deberán compartir la mesa al menos con rivales internos como Hugo Moyano, Ricardo Pignanelli (mecánicos, Smata), Sergio Palazzo (Asociación Bancaria), alejados de la estructura formal y que este año aspiran a arrebatarles la jefatura de la organización, y también con la CTA de los Trabajadores, a cargo de Hugo Yasky.
La dificultad para organizar la convocatoria de la pata sindical del pacto responde, además, a un rasgo característico de Alberto Fernández de cuidar su relación con la inmensa mayoría de las expresiones del sindicalismo. Un propósito que, si bien lógico para un gobierno peronista, se presenta como casi utópico en función de los enfrentamientos que subsisten entre los protagonistas del movimiento obrero argentino. Por lo pronto, la lista “de buena fe” que circulaba hasta anoche entre Jefatura de Gabinete y el Ministerio de Trabajo dejaba como primer excluido la CTA Autónoma, que lidera el visitador médico Ricardo Peidró.
Por tratarse de una instancia de carácter político y no formal, la invitación excederá los límites de otras mesas de negociación como el Consejo del Salario Mínimo, que el año pasado en su primera sesión de la gestión de Alberto Fernández reunió a los referentes de las principales cámaras patronales con la conducción de la CGT y las de ambas versiones de la CTA. Como anticipó este diario, un posible acuerdo de precios y salarios buscará establecer una metodología de trabajo entre Gobierno, sector privado y gremios pero de carácter voluntario y sin necesidad de la firma de sus representantes.
A partir de esas premisas en el Ejecutivo buscaron montar una delegación gremial lo suficientemente amplia como para evitar corrimientos de sectores marginados de la convocatoria. La CGT podrá estar representada por sus líderes más tradicionales, encabezados por Héctor Daer y Carlos Acuña y con la presencia de dirigentes como Armando Cavalieri (Comercio), Antonio Caló (metalúrgicos, UOM), Andrés Rodríguez (estatales de UPCN), Gerardo Martínez (construcción, Uocra), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Jorge Sola (responsable de prensa de la central obrera y gremialista del seguro) y de los gremios del transporte, entre otros.
En el Gabinete económico y en el entorno de Hugo Moyano confirmaron anoche la participación del camionero. El gremialista estuvo la semana pasada en la Casa de Gobierno para dialogar con Alberto Fernández junto con la cúpula de su sindicato y representantes de cuatro cámaras patronales del transporte. Fue una demostración de fuerza que tenía como objetivo negociar beneficios impositivos para la actividad, y que llegó al punto de que estuviera entre los invitados el hijo menor del exjefe de la CGT, Jerónimo Moyano, sin cargo formal en Camioneros.
También estará Palazzo, otro que tuvo su cita a solas la semana pasada con el Presidente luego de haber firmado la primera paritaria bajo los parámetros que impulsa el Gobierno para este año: los trabajadores del sector financiero tendrán este año un aumento salarial de 29%, igual número que la pauta de inflación plasmada en el Presupuesto 2021 y sobre la cual el Ejecutivo espera orientar todas las discusiones de sueldos. Ese acuerdo incluyó dos cláusulas de revisión durante su vigencia, similares a las que rigieron en la paritaria del año pasado y que le permitieron a La Bancaria empatar exactamente la inflación de 36,1% del período. Otra de las sillas se reservó a Pignanelli, del Smata, dirigente clave en la industria metalmecánica y automotriz.
Entre los hasta ahora marginados anoche se escucharon las primeras quejas. “No nos llamaron y no entendemos por qué. Es una pena porque si la idea es confrontar intereses, lo mejor frente a las corporaciones y el capital concentrado es mostrarle un frente sindical sólido”, le dijo a este diario Peidró, cabeza junto al estatal Hugo “Cachorro” Godoy (ATE) de la CTA Autónoma. La central se diferenció de la CGT y la otra CTA en el Consejo del Salario del año pasado al ser la única que rechazó el acuerdo con el sector patronal por una suba del 28 por ciento.
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