30 de octubre 2003 - 00:00

Reivindicó leyes de punto final

Raúl Alfonsín reivindicó ayer las gestiones que encabezó en su gobierno frente a las Fuerzas Armadas, incluida la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y reveló que pensó sofocar la rebelión carapintada de la Semana Santa de 1987 con una movilización popular desde Casa de Gobierno hasta Campo de Mayo.

El ex presidente reapareció con fuerza por la conmemoración de los 20 años del triunfo del radicalismo en las elecciones presidenciales del 30 de octubre de 1983 que se cumplen hoy, cuando se impuso la fórmula que lo tenía junto a Víctor Martínez, sobre la peronista de Luder-Bittel- e instaló la democracia tras casi ocho años de dictadura militar.

En medio de la reapertura de las causas contra los represores de la última dictadura militar, el ex presidente reiteró que «fue imprescindible» la sanción en el Congreso de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, dos proyectos que fueron redactados por el Poder Ejecutivo.

• Malestar

Alfonsín justificó, sobre todo, la ley de Punto Final con el malestar que se había generado en los altos mandos de las Fuerzas Armadas con la Obediencia Debida, que redimía a los militares de rangos menores que, presuntamente, acataron órdenes de sus superiores en medio de las acciones de terrorismo de Estado de la dictadura.

«Cuando llegamos a mayores y tenientes coroneles, no concurrían a las citaciones judiciales, y no hicieron caso al general (Héctor) Ríos Ereñú (jefe del Ejército en aquellos años), para que cumplieran con su pres
encia», recordó Alfonsín.

Y agregó: «Los jefes de Estado Mayor fueron leales y me decían de la preocupación que existía cada vez más en las Fuerzas Armadas y yo mismo advertí que si se actuaba de esa manera, habría un golpe de Estado técnico: yo no iba a mandar».

Según Alfonsín, sin la sanción de la ley de Punto Final, los militares de alto rango se le «escapaban» y, en consecuencia, se le iba a «desgranar el poder en seis meses».

El ex presidente, en declaraciones radiales, reveló además que en medio de las negociaciones con los militares rebeldes en el levantamiento de Semana Santa, en abril 1987, analizó la posibilidad de marchar hacia Campo de Mayo junto a la multitud que se había congregado frente a la Casa Rosada.

«Iba a irme con toda la gente caminando a Campo de Mayo»
, admitió, aunque finalmente se dirigió en helicóptero hacia ese regimiento para negociar con los rebeldes.

La sanción de la ley de Punto Final fue consecuencia de esas negociaciones, aunque aclaró que, en el momento de enviar el proyecto de ley al Congreso,
escribió «una carta a los diputados para que votaran a conciencia, porque consideraba que había muchos militares beneficiados con la Obediencia Debida que debían ser juzgados».

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