28 de octubre 2003 - 00:00

Respeta doctrina Kirchner: los militares no hacen de policías

México (Especial) - «En México hemos sostenido que las Fuerzas Armadas no deben intervenir en cuestiones de seguridad interior», confirmó ayer el ministro de Defensa, José Pampuro, que asiste junto a su par de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa, a la Conferencia Especial de Seguridad Hemisférica que concluye hoy en la capital de México. Las postura es compartida por otros países vecinos. El 6 de octubre pasado, en Santiago de Chile, durante un encuentro de ministros de Defensa, acordaron llevar a México una postura común la dueña de casa, Michelle Bachelet Jeria, el brasileño José Viegas Filho y Pampuro.

La pretensión no es nueva. Figura en la agenda del Departamento de Estado de EE.UU. hace no menos de 14 años y se sigue presionando en el mismo sentido.

En la primera sesión de trabajo en la que participaron ministros de RR.EE. y Defensa de 34 países del continente, convocados por la Organización de Estados Americanos (OEA), tanto Bielsa como Pampuro dejaron en claro tres conceptos básicos que sirven de base a las políticas argentinas en el área: «La defensa de la democracia y el respeto a los derechos humanos; el respeto de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos; y la defensa del multilateralismo».

Sobre este último punto, y en implícita crítica a la guerra y ocupación de Irak, Bielsa sostuvo que «las acciones vinculadas a la seguridad internacional deben ser consensuadas en el marco de los organismos internacionales competentes (Consejo de Seguridad o Asamblea General de la ONU) y no mediante decisiones unilaterales».

• Diferencia

Durante esta conferencia hemisférica, la Argentina marcó claramente la diferencia entre los roles que deben tener las fuerzas armadas y las de seguridad -acentuadas por la existencia de tres leyes locales que son explícitas al respecto: de Defensa Nacional, de Seguridad Interior y de Inteligencia-, precisando que «el personal militar debe centrar exclusivamente su trabajo a cuestiones vinculadas con la defensa nacional».

Claro que en el continente americano no todos los países enfrentan la misma realidad política en materia de defensa y de seguridad. Esto se vio en Cartagena de Indias, Colombia, cuando en 1998 se realizó la reunión anual de ministros de Defensa, y estaba claro en el país anfitrión que sus conflictos internos con las FARC y las entonces fuerzas paramilitares los obligaban a empeñar en el conflicto a las Fuerzas Armadas. Las de seguridad o policiales estaban totalmente desbordadas. La posibilidad de que el conflicto de Colombia se termine filtrando hacia Brasil o Perú ha puesto a estos últimos en la necesidad de incluir entre sus hipótesis también el empleo de las Fuerzas Armadas; una decisión política que resisten.

Pampuro hizo una diferenciación marcada entre la defensa y la seguridad interior en la Argentina al subrayar que los militares
«deben abocarse a la preservación de los intereses vitales y estratégicos de la Nación frente a los ataques externos». En cambio, las fuerzas de seguridad y policiales «tienen a su cargo la responsabilidad de combatir los delitos de naturaleza policial o criminal», precisó.

Fue Bielsa quien tuvo a su cargo señalar en esta reunión que concluye hoy que, en lo estrictamente referido a la seguridad de los países de la región, se admitía que
«las nuevas amenazas son el terrorismo internacional, el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico ilícito de armas, la pobreza extrema, la inestabilidad económica y la corrupción», entre otras.

Pampuro resaltó la importancia que tiene la cooperación entre las Fuerzas Armadas del continente, y como ejemplo mencionó la actividad conjunta de militares argentinos y de otros países del Cono Sur en tareas de paz en Chipre con los Cascos Azules, dependientes de la ONU, previo paso por el centro de entrenamiento (Caecopaz) que funciona en Campo de Mayo.

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