Scioli diferente vs. anulación de leyes
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«Los especialistas dicen que esto no va a tener validez jurídica, que tiene una validez política. Sabemos que el Congreso sanciona modifica o deroga, pero no puede anular, no puede tener efecto retroactivo», insistió ayer el vicepresidente. Menos ciego, o eufórico, Scioli admite: «Este tema va a terminar en la Corte Suprema».
•Reapertura imposible
Los juristas consideran que la anulación de las leyes por parte del Congreso tiene más valor político que jurídico.
Hasta el mediático abogado Ricardo Monner Sans, representante de la familia de un desaparecido, le dijo a la agencia «AFP» que la decisión de constitucionalidad o inconstitucionalidad de una norma estaría reservada, «por el artículo 116 de nuestra Constitución, al Poder Judicial». «Se quiere anular leyes ya derogadas (en 1998, sin efecto retroactivo) y entonces es como intentar matar a una persona dos veces», advirtió Monner Sans, quien ganó notoriedad por ser denunciante en la causa por tráfico ilegal de armas a Croacia que derivó en la detención de Menem.
•Competencia
En el mismo sentido, el constitucionalista Daniel Sabsay reiteró, como tantas veces, que «al momento de su aplicación jurídica (la anulación) no es una facultad del Congreso, sino que es una competencia exclusiva del Poder Judicial».
Sabsay evaluó que, desde lo político, «es una declaración de voluntad, una suerte de proclama que manifiesta la clara voluntad del Poder Legislativo de luchar en aras de la búsqueda de la verdad, la justicia contra la impunidad».
Sin embargo, y aunque el gobierno logre los 2/3 necesarios en el Senado, el tema indefectiblemente recaerá en la Corte Suprema de Justicia. Este tribunal tiene para resolver desde hace dos años, precisamente, un planteo de inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Ya le advirtió al gobierno que resolverá el tema «sin presiones», de acuerdo «con los tiempos de la Corte» y cuando esté designado el sucesor de Julio Nazareno.
Si la Corte declara la inconstitucionalidad de estas dos leyes frenaría automáticamente el pedido de extradición de 45 militares y un civil impulsado por el juez español Baltasar Garzón. También, permitiría que unos 2.400 militares que fueron amparados por estas leyes de perdón sean sometidos a juicio acusados de delitos de lesa humanidad. Pero también podría crear un ámbito de inseguridad jurídica que no tiene antecedentes en el mundo.




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