5 de noviembre 2003 - 00:00

¿Secuestros con trama política?

Néstor Kirchner y Felipe Solá eligieron apuntar a un enemigo en común, aunque difuso, para recomponer ayer su vínculo, roto desde hace 15 días y que atravesó un pico de tensión el fin de semana, cuando el patagónico reprochó por inacción a la provincia ante la crisis de inseguridad.

Para eso, Kirchner y Solá oficializaron una teoría conspirativa, escrita por Eduardo Duhalde, que presume que detrás de los secuestros -sobre todo los dramáticos como el de Pablo Belluscio, ayer resuelto a medias-hay «intencionalidad política».

Esa sospecha -que el martes Duhalde arrimó a Kirchner-, junto al compromiso de embestir contra los «corruptos» civiles o de uniforme, fueron los ejes de la charla de una hora que mantuvieron ayer a la mañana en Casa Rosada el patagónico y Solá luego de que éste, esperando a Kirchner, desayunase con Alberto Fernández.

Para entonces había trascendido la liberación de Belluscio, noticia que sirvió para reconstruir el vínculo entre ambos mandatarios.

Ayer, de hecho, retomaron el diálogo inexistente desde mediados de octubre cuando compartieron el anuncio de obras para el conurbano a mediados de octubre. «Ahora el nivel de comunicación será mucho mayor», auguró Solá tras la reunión.

•Respaldo

«Después de un fin de semana que tuvo toda clase de comentarios y análisis sobre la cuestión de la inseguridad, el Presidente me dio total respaldo para lo que tenga que hacer en la provincia», aportó Solá que, ya con menos énfasis, evitó confrontar con Gustavo Béliz.

Sobre la conjura que el trío peronista cree ver detrás de los secuestros,
nadie quiso o pudo identificar a los sectores -se presume que políticos-que estarían detrás de las maniobras desestabilizadoras. Quizá porque en ese caso terminarían por echarse culpas mutuamente.

Unicamente
Solá, en forma genérica, habló de núcleos «corruptos» que prometió perseguir. «El Presidente -dijo-recibió de mí la absoluta certeza de que ante cualquier información voy a hacer la denuncia pertinente y si es policía lo voy a separar inmediatamente del cargo.»

Con eso, el bonaerense abonó el reclamo de Kirchner de depurar la policía provincial. «Estamos actuando con gran firmeza», redondeo que extendió la mirada más allá de la Policía y se refirió a la corrupción administrativa, política.

•Interpretación


La letra de la intriga es de Duhalde. «Algunos secuestros son muy raros: tardan demasiado y son muy violentos», le dijo el bonaerense a Kirchner en la cita que anteayer al mediodía mantuvieron en Casa Rosada.

Kirchner
, según voceros de esa mini-cumbre, compartió la interpretación. Y por eso, en su encuentro con Solá ayer, la reflotó para que el bonaerense tenga ante la prensa un libreto que siquiera temporalmente saque del medio la disputa entre Nación y provincia.

Dijo
Solá: «No descarten que un secuestro pueda tener connotaciones políticas y al mismo tiempo quienes secuestran también buscan la plata. Las dos cosas simultáneamente.» No dio más precisiones.

A mitad del año pasado, un argumento parecido del gobernador cuando el termómetro de la inseguridad superó el indicador de la fiebre. Por entonces, imputó a
Carlos Ruckauf y Juan José Alvarez -por entonces ministro de Seguridad de Duhalde, que ahora es su propio ministro.

Aquel complot, que animó por radio también
Juan Pablo Cafiero, terminó luego herrumbrado en el despacho del fiscal Daniel Urriza que lo archivó por considerar que no había elementos válidos. Ahora Urriza investiga al ex jefe de la Bonaerense Alberto Sobrado por presunto enriquecimiento.

Actualmente, sin enemigos visibles, el peronismo vuelve a agitar ese fantasma. En La Plata dicen que
«siempre» hay sectores de la Policía que «sacan provecho» de la sensación de inseguridad. No más que eso para abonar la teoría. Los kirchneristas apuntan a grupos «de la derecha»; casi un tiro al vacío.

En cuanto a aporte real del gobierno nacional, ayer acordaron que habrá más efectivos de Prefectura y Gendarmería para sumarse al plan de Seguridad que lanzó la provincia para incrementar la presencia policial, básicamente a través de mayores patrullajes, en el conurbano.

También, como viene ocurriendo, se fortalecerá la tarea de investigación antidelito en manos de la SIDE.

Un rato después,
Solá se citó con Aníbal Ibarra para definir una agenda común de lucha contra el delito. Fue un día de reconciliaciones para el bonaerense: primero Kirchner, luego Ibarra -que enfureció cuando Mauricio Macri fue a La Plata-. Ahora sólo le falta Duhalde.

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