Apenas una semana después de ser indultado por Eduardo Duhalde, el ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo reapareció ayer públicamente. No lo hizo para expresar arrepentimiento por el cruento e injustificable copamiento del cuartel militar de La Tablada, que comandó en 1989 dejando 39 muertos, sino para, insólitamente, reivindicarlo e insistir en su extraña tesis de una conspiración golpista contra el ex presidente Raúl Alfonsín. Desconociendo el lugar que cabe a una persona perdonada por crímenes tan graves, relanzó ante los medios su Movimiento Todos por la Patria, anunció un proyecto para impulsar la revocación de los mandatos y, en el colmo del atrevimiento para alguien carente de la más mínima representatividad, aseguró que su grupo reclamará "ser consultado" en lo referente a la deuda externa. Ni siquiera agradeció el indulto tan cuestionado, afirmando que apenas se trató de "la reparación de una injusticia", ya que -dijo con obviedad- estaba preso por un hecho del pasado. Eso sí, al menos dejó un consuelo: prometió que "no hay ninguna posibilidad de retomar la lucha armada".
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