El país vivió un gesto audaz de la sociedad hacia la política. Un gobierno que parece controlar todos los mecanismos del poder no pudo impedir que uno de sus mandatarios más encumbrados fuera destituido en un juicio político que abre una nueva etapa. Entre los diez votos que hicieron caer a Aníbal Ibarra figuraron algunos de diputados del oficialismo que el gobierno nacional fracasó en tornar a favor del ahora ex jefe de Gobierno. El revés de un amplio arco de adhesiones que salieron en defensa del funcionario porteño prueba que un puñado de ciudadanos puede tumbar a un gobierno. Quizás es exagerado este final, que será una amenaza para todo gobernante ante futuras catástrofes. Lo consiente quizás una sociedad que tampoco ha valorado en mucho la eficacia de la gestión de Ibarra. Lo reemplaza el peronista Jorge Telerman, que ya está en el cargo, hasta diciembre de 2007.
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