1 de septiembre 2003 - 00:00

Tres graciosos

1) Sea por la constancia en utilizar la verba y acondicionarse al kirchnerismo, el ministro Aníbal Fernández se pasó de gracioso: ha objetado la forma en que ganó Mauricio Macri, hizo que algunas tapas de diarios criticaran el escrutinio y hasta prometió acciones judiciales contra el Correo y tal vez el candidato. Una forma, claro, de escapar su cuerpo a la responsabilidad del control electoral. Pero, lo más curioso (y gracioso) es que el nuevo recuento de votos indica que, por presunto error técnico, Macri obtuvo más sufragios que lo que dijo el Correo, una diferencia más apreciable que la de 3,3%. O sea que, en todo caso, el Correo perjudicó a Macri. La pregunta obvia: ¿qué habría hecho el celoso Fernández de la transparencia -un hombre educado en el duhaldismo bonaerense, casi una universidad de los comicios- si esta situación hubiera sido al revés?. Si por una discutible tardanza forzó un operativo de prensa, por ese error técnico hubiera determinado que se suspendiera la segunda vuelta.

2) José María Díaz Bancalari, otro hombre del duhaldismo puro, se ha caracterizado por distintos matices que en algunos casos mejor no vale recordar. Pero no se puede escapar uno a su gracia. Durante meses inflamó los oídos (cuando no los ojos) declarando la inconveniencia de conceder poderes especiales al Banco Central por razones éticas, morales, laborales, etc. Su mayor intransigencia data, claro, de los tiempos de Fernando de la Rúa. Ahora, vocación felpudista mediante, se convirtió en el portavoz de Kirchner para facilitarle inmunidad a Prat-Gay & Cía. No hubo siquiera una sonrojada reserva, sólo sonrisas por su pícara incoherencia.

3) Ricardo Falú, un tucumano experto en aguas -por su capacidad de navegar, aún en fluidos privatizados-, se ha convertido en el gracioso fiscal de la Corte. Contra todos o contra algunos. Siempre con la pantalla de Kirchner y a su costo, se divirtió con Julio Nazareno y pretendió hacer lo mismo con Carlos Fayt. Como era un crimen cívico demasiado obvio, tuvo que desistir a pesar de haber inundado medios oficialistas con una carga insólita contra el hoy titular del cuerpo. Ahora le salió sarpullido porque los radicales se burlaron de la señora del Presidente. Lo curioso es que quiere echar a varios jueces por sus fallos y, en cambio, hace silencio ante el único de la Corte contra el que existen pruebas de irregularidad. Pero tal vez, su gracia obedezca a que tiene los mismos hábitos que el imputado.

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