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13 de agosto 2003 - 00:00

Trotskistas furiosos contra centroizquierda

Intolerable como nunca, el Partido Obrero, que anima el diputado Jorge Altamira, goza más detectando adversarios en la propia izquierda. Embalados por el proselitismo, los redactores del periódico partidario se ceban ahora nada menos que con Carlos Heller, un hombre que sostiene ideas junto a su tarea -riesgosa para un hombre de izquierda- en la banca capitalista. En la última entrega de «Prensa Obrera» denuncia a Heller por alimentar un proyecto partidario de centroizquierda que les resulta indigesto a los trotskistas porque suma a Izquierda Unida y a fracciones del Partido Socialista. Veamos los argumentos.

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No cabe duda de que luego del acuerdo en provincia de Buenos Aires, Heller buscará extenderlo a nivel nacional. Para los banqueros cooperativos, un frente PS-PC nacional constituye una base de operaciones más confiable como expresión de sus intereses y de los compromisos que vienen anudando con el conjunto de los banqueros, en especial, el bloque ibarro-duhaldo-kirchnerista de Abappra, que utiliza el «antimodelo» o el «antineoliberalismo» o, más burdamente, el «antimenemismo» como contraseña política.

El izquierdocentrismo ha dado origen históricamente a las componendas más podridas a partir de su natural vocación de ampliarse cada vez más hacia el centro, es decir, hacia la derecha.

Ni más ni menos que la Unión Democrática del '45 y el posterior contubernio socialista-comunista en el aval al golpe del '55. Fue también un frente de izquierda-centro, el Frente del Sur, diez años atrás, la semilla del Frente Grande y del posterior Frepaso en el '95, ya con presencia socialista, pero del cual los comunistas habían sido apartados poco antes (una parte de la dirección comunista de ese entonces decidió permanecer en el Frepaso, luego Alianza -Sabatella, Laborde, Sigal, Mosquera-, y hoy son un buen puente entre el cooperativismo, Solá y Kirchner).

Como «izquierda que mira hacia el centro», el acuerdo político entre el PC y la IU no supera las vaguedades centroizquierdistas. Su máxima aspiración es «cambiar la situación» y «colocar como prioridad política nacional el salario y el empleo digno (¡sic!) para el trabajador». Ni una palabra de un salario mínimo igual a la canasta familiar ni de aumento general de salarios ya. Lo que proponen es eliminar el IVA y así «el salario crecerá alrededor de 20%».

El horizonte político de los banqueros cooperativos es progresar a la sombra del actual régimen social y político. Su preocupación inmediata es que el gobierno satisfaga sus aspiraciones como banqueros. Por eso comparten con toda la banca (nacional y extranjera) el reclamo por la «compensación» por la llamada «pesificación asimétrica», que significa varios miles de millones de dólares a ser pagados con el hambre y el padecimiento del pueblo.

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