2 de julio 2003 - 00:00

Ya en la mira de Kirchner, Moliné promete dar pelea

Repentinamente, según las horas y los vientos, algunos hombres de gobierno cambian de enemigos. Al menos, en la Corte Suprema. Primero avanzaron sobre Carlos Fayt, pero como luego advirtieron que se trataba de un crimen cívico -contra un ex profesor de origen socialista de Néstor Kirchner, segundo de Silvio Frondizi, de conductas más arriesgadas que el alumno en tiempos peligrosos de La Plata- optaron por continuar la ofensiva sobre Julio Nazareno, hombre de mínimas convicciones. Exito en la tarea, descabezamiento y con las ínfulas naturales se lanzan sobre otro personaje: Eduardo Moliné O'Connor, de clase alta, tenista -miembro para colmo de la internacional de ese deporte-, condiciones que para cierto oficialismo se contradice con la aptitud para ejercer el Derecho.

Entonces, bajo la batuta del funcional diputado Ricardo Falú, del Grupo Talcahuano y con notable transparencia en la Capital (aunque proviene de mucha actividad oficial en Tucumán), y con el aval de Gustavo Béliz, ministro con extrema facilidad de insultante palabra, Moliné O'Connor se ha convertido en la próxima plaza a liquidar en la Corte, el centro de cuanto juicio ande suelto o decidido. Si hasta lo han ubicado, con fraseología cavallista, en posible «traidor a la patria». Nada de pequeñeces.

Todo parecía indicar que el ataque llovería sobre Adolfo Vázquez, pero a Moliné al parecer lo delató su apellido. No precisamente Moliné, sino O'Connor: es que la Corte de los Estados Unidos tiene entre sus miembros tambien a una O'Connor desde 1981, Sandra Day, de obvio origen irlandés como su colega argentino, quienes comparten la fábula popular de que todos los irlandeses son parientes (cuando no católicos perseguidos por la hegemonía de Londres). Parte de la leyenda que corresponde al mundo local señala que esta magistrada, a pedido del ministro de la Corte argentino, le sugirió a Colin Powell, secretario de Estado de USA, que en su pasada visita le planteara a Kirchner su preocupación por injerencias del gobierno en el Poder Judicial (situación que zanjó el Presidente comentando que sólo se buscaba una mejor calidad institucional y para nada se comprometería la independencia de la Corte Suprema).

¿Quién transmitió ese mensaje a Sandra Day O'Connor, la que hace unos años estuvo en la Argentina y fue agasajada por Hugo Anzorreguy, cuñado de Moliné O'Connor, y por el propio hombre de la Corte? Se dijo, en un principio, que Nazareno había viajado a Washington y fue él mismo quien le manifestó las inquietudes a la colega.

• Opinión crítica

Luego se comprobó que Nazareno no había sobrepasado los límites de La Rioja y por lo tanto se buscó otra explicación. Se concluyó en que el propio Moliné O'Connor fue quien alertó, telefónicamente, las acechanzas que un poder tenía sobre otro poder. De ahí que Béliz hablara de «traición a la patria» en el caso de que esto fuera cierto, cuestión que hasta ahora no ha sido probada y que, de ser verdadera, tampoco representa delito alguno, en todo caso, significaba una opinión crítica.

Para el gobierno, obviamente, esa presunta comunicación telefónica es un casus belli que atenta a la soberanía. Hasta podrían darle aire para incorporarla a la lista de cargos que sumarán en el juicio político sobre Moliné O'Connor como pantalla del cuestionamiento a sus fallos. Habrá que ver cómo sigue el litigio, ya que el gobierno persigue otro trato al que le brindó a Nazareno y, además, se supone que Moliné O'Connor reaccionará diferente de quien fuera el titular de la Corte Suprema.

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