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Entonces, bajo la batuta del funcional diputado Ricardo Falú, del Grupo Talcahuano y con notable transparencia en la Capital (aunque proviene de mucha actividad oficial en Tucumán), y con el aval de Gustavo Béliz, ministro con extrema facilidad de insultante palabra, Moliné O'Connor se ha convertido en la próxima plaza a liquidar en la Corte, el centro de cuanto juicio ande suelto o decidido. Si hasta lo han ubicado, con fraseología cavallista, en posible «traidor a la patria». Nada de pequeñeces.
Todo parecía indicar que el ataque llovería sobre Adolfo Vázquez, pero a Moliné al parecer lo delató su apellido. No precisamente Moliné, sino O'Connor: es que la Corte de los Estados Unidos tiene entre sus miembros tambien a una O'Connor desde 1981, Sandra Day, de obvio origen irlandés como su colega argentino, quienes comparten la fábula popular de que todos los irlandeses son parientes (cuando no católicos perseguidos por la hegemonía de Londres). Parte de la leyenda que corresponde al mundo local señala que esta magistrada, a pedido del ministro de la Corte argentino, le sugirió a Colin Powell, secretario de Estado de USA, que en su pasada visita le planteara a Kirchner su preocupación por injerencias del gobierno en el Poder Judicial (situación que zanjó el Presidente comentando que sólo se buscaba una mejor calidad institucional y para nada se comprometería la independencia de la Corte Suprema).
¿Quién transmitió ese mensaje a Sandra Day O'Connor, la que hace unos años estuvo en la Argentina y fue agasajada por Hugo Anzorreguy, cuñado de Moliné O'Connor, y por el propio hombre de la Corte? Se dijo, en un principio, que Nazareno había viajado a Washington y fue él mismo quien le manifestó las inquietudes a la colega.
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