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En lo que hace a su larga trayectoria dentro de la industria, una síntesis puede apuntar que mientras trabajaba en la Edison (Tomás A. Edison fue su personaje favorito, uno de sus pocos amigos), diseñaba motores para la naciente industria. Garabateaba dibujos en cualquier papel, trabajaba hasta en la cocina de su casa y ya recibía el apodo de «Henry, el loco» (por los vecinos, que lo veían en plena noche armando piezas en su cobertizo). Y así, un 4 de junio de 1896 -a las 2 de la mañana-Henry abrió un agujero en la pared de ese garaje y salió... manejando
Finalmente pudo desembocar en lo que quería: «un auto para el gran público», por oposición a vehículos muy costosos, pasando de lo artesanal de la industria a un concepto que bien sintetizaba con: «Tal como un gancho es igual a otro, cuando sale de la fábrica de ganchos, o un fósforo es igual a otro fósforo, al salir de la fábrica de fósforos...». Lo que dibujaba en el aire era la fabulosa «cadena de montaje» que haría realidad esos sueños. Todo era instinto en Henry Ford, quien siguió tomando decisiones de ese modo y haciendo su carrera impredecible. Cuando surge su gran obra -el modelo «T», que aparece el 1 de octubre de 1908-, el primer año, un récord absoluto: 10.000 automóviles vendidos. Y hasta 1924 fueron... 10 millones. Cuando se discontinuó su producción, en 1927, se habían colocado 15 millones.
Para 1909 proclamaba «democratizar el auto». Todo el mundo podría comprar uno, y el modo de hacerlo: bajando el precio de continuo. Mirando las poleas del techo que usaban en frigoríficos, se le ocurrió la «línea de ensamble» y con ella dio un golpe mortal: en 1914, precisó la Ford 13.000 obreros para hacer 260.000 autos. El resto de la industria necesitó 66.000 hombres para 287.000 vehículos. Un salario de 5 dólares, por ocho horas al día, más una «participación de las utilidades» revolucionaba el mercado laboral. Esto lo hizo una figura de notable arraigo popular y le hizo cometer los más gruesos errores. El ego lo hacía creer un experto en política y un hombre sabio. Intentó un escaño de senador en 1918, pero perdió. Al año siguiente compró un diario con la más desastrosa intención...
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