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Cualquier análisis fiscalista que se quiera aplicar a esta economía corre así el peligro de perderse en análisis de números y no encontrar la causa de por qué Ecuador, ya dolarizado, no deja de ser una economía pobre. Sólo saliendo diez cuadras a la redonda del centro de Quito, la supuesta bonanza se diluye entre mendigos y vendedores ambulantes dispuestos a rematar su mercadería inclusive por debajo del costo sólo para salvar el mal día.
Mientras tanto, las cuentas fiscales parecen más sostenibles que la economía misma: desde que dolarizó, el país logró rever-tir un rojo fiscal que ascendió a 7% del producto en 1998 y 6% en 1999 y este año espera tener un saldo global favorable (incluyendo intereses) de 2% del producto.
La situación se repite en las provincias: si bien las cifras del Banco Central indican que los gobiernos provinciales tienen dos años de producir cerca de u$s 400 millones de déficit, como contrapartida han acumulado depósitos en el Banco Central y en bancos privados por u$s 250 millones, indicando esto que en realidad tales déficit no existirían y sólo se trata de subdeclaración de ingresos de las provincias.
«Es imposible que tengan ese déficit porque hoy nadie le presta a Ecuador y menos a las provincias», explica el secretario de Política Económica,
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