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¡Te prometo! ¡Te lo juro! ¡Te doy mi palabra! ¡No te miento!
Estos son los gritos en el gran escenario del mundo. Los oímos a todas horas; en la política, en los negocios, en las relaciones personales. Esta es la vida de relaciones, entre países, entre las instituciones, entre las empresas. La mentira es hermana gemela de la calumnia. Tan firmemente se ha instalado la mentira y la calumnia entre nosotros, tal es la postración ante ella, que muchas veces la tenemos en frente de nosotros y ya no nos conmueve. Y esto es el mayor escándalo. Nos podría llevar, como por una pendiente, a no creer en nada y eso sería catastrófico. Pero hay mucho en que creer, afortunadamente. No vamos a negar que esto es difícil. Dan ganas de llorar, al ver que hombres, que integran instituciones que deberían ser el refugio de la verdad, se desmoronan al no resistir la mínima prueba de esa virtud esencial. Verbigracia, algunos hombres de la Justicia que, pensando bien, se dejaron llevar hacia el lodazal que provoca la calumnia.
Es posible que muchos ciudadanos de a pie, tras el triste espectáculo del caso Grassi, se planteen la posible veracidad de algún aspecto de la acusación al fundador del hogar Felices Los Niños. Es comprensible: la calumnia juega astutamente con esa tendencia humana a conceder, al menos, un punto de razón al calumniador, siguiendo el conocido dicho popular «cuando el río suena...». Pero a veces suena el río y sólo lleva piedras: murmuración, enredo, despecho, trapisonda y, con frecuencia, intereses inconfesables.
Los intereses espurios, de cualquier signo, producen extraños maridajes. El del periodismo y la Justicia es el peor de ellos y el más repugnante. Ahí tienen ustedes, por caso, a algunos integrantes de la Justicia y del periodismo involucrados en el caso del padre Grassi. Estos apareamientos, más temprano que tarde, terminan mal.Ya se han producido las primeras bajas: un juez y un fiscal. Del lado periodístico... es cuestión de tiempo, ya que tampoco es fácil desmontar semejante tinglado mediático sin que nadie de esa parte salga, profesionalmente hablando, herido de muerte. Estos ataques que han sufrido algunas personalidades contemporáneas -si son integrantes de la Iglesia, más regodeo y morbo- desde el punto de vista histórico, no son para nada novedosos. El padre Grassi debe estar recordando -entre tantos otros que hoy están en los altares- al fundador de su orden religiosa, San Juan Bosco, quien sufrió persecuciones e incomprensiones. Son incontables -por no decir todos- los santos, hoy son expuestos como modelos, que han mordido la fruta amarga de la calumnia. Muchos de ellos han tenido que soportar el hedor del conjunto maloliente de falsedades, insultos y chismorreos.
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