20 de marzo 2001 - 00:00

El logro de Cavallo: durante su gestión la economía creció 70%

El logro de Cavallo: durante su gestión la economía creció 70%
El paso de Domingo Cavallo al frente del Ministerio de Economía entre 1991 y 1996 es una de las pocas gestiones económicas que se recuerdan con algo de optimismo. Cavallo fue el hombre que a través del Plan de Convertibilidad, que fijó el peso al dólar, alejó de la Argentina el fantasma de la inflación que perseguía al país desde la época en que Alfredo Martínez de Hoz (1976) estuvo al frente de Economía. Pero el balance de la gestión de Cavallo deja puntos oscuros sobre qué pasó realmente en el país y en qué medida esos sucesos son responsables en que la Argentina haya estado a fines del año pasado (antes del blindaje financiero por casi $ 40.000 millones) al borde de la cesación de pagos.

Hay un hecho que es indiscutible: entre 1991 y 1996, la economía creció 70%. Eso significó que el PBI pasara de $ 159.000 millones a fines de 1990 a $ 272.150 millones en 1996, año en que Domingo Cavallo cede el control de la Economía a Roque Fernández. Se trata de un crecimiento de $ 113.150 millones. Pero el motor de dicho crecimiento fue el gasto público: entre 1991 y 1996, 50% del aumento en el PBI se explica porque el gasto público total (que incluye Nación, provincias y municipios) se disparó 129% y creció en $ 47.447 millones, alcanzando en 1996 los $ 84.000 millones. En su defensa, Cavallo asegura que «hasta 1991, las estadísticas no registraban los verdaderos niveles de gastos», que de acuerdo con algunos estudios privados se trataría de unos $ 26.000 millones que se blanqueron en dicho año.

El gasto público, junto con el consumo privado, las exportaciones y las inversiones son los componentes en los cuales se descompone el PBI. El crecimiento vertiginoso del gasto público que se produjo durante la gestión de Cavallo, y que es una de las variables fundamentales para explicar el crecimiento del PBI en dicho período, fue posible mediante dos caminos: el ingreso de dinero fresco de las privatizaciones, que en cash sumó unos $ 12.000 millones, y el endeudamiento a través del mercado. Efectivamente, en el período analizado, la deuda pública total (siempre sumando la deuda de la Nación más la deuda provincial) creció en $ 26.572 millones. Hacia fines de 1996, el stock alcanzaba los $ 116.572 millones, contra $ 90.000 millones, aproximadamente, en 1990.

En ascenso

Pero pese a que Cavallo estableció la paridad con el dólar 1 a 1, lo que abarató al dólar y alentó la importación de productos del resto del mundo, las exportaciones prácticamente se duplicaron en los seis años de Cavallo en el Palacio de Hacienda. En 1990, las exportaciones del país eran de $ 12.350 millones. En 1996, habían ascendido a $ 23.811 millones, lo que significa un crecimiento de $ 11.459 millones. Claro que en todo este proceso de apertura Brasil jugó un papel clave. En 1990, la Argentina apenas exportaba $ 1.400 millones al país vecino, y en 1996, las ventas a este mercado habían superado los $ 6.600 millones. Es decir, casi 60% del aumento en las ventas externas del país entre 1991 y 1996 se debió al importante crecimiento de la demanda brasileña de productos argentinos, potenciadas desde 1994 por el Plan Real que implementó este país y que también dejó fijada su paridad al dólar.

De la mano de las privatizaciones, las inversiones fueron otro importante frente de aumento con tasas de crecimiento anual, que llegó a 15,3% en 1993 y a 20,7% en 1994, cayendo en 1995 a raíz de la crisis tequila desencadenada en México, pero recuperándose en 1996.

El período de Cavallo no fue acompañado con un crecimiento equivalente al desempeño de la economía en el consumo. Hasta 1996, el pasado inflacionario todavía estaba presente en las familias argentinas, y el consumo privado creció a tasas mucho menores que el resto de las variables macroeconómicas, de entre 4% y 5%.

Pero hay dos pasados más oscuros por los cuales la gente todavía recuerda a Domingo Cavallo: durante su gestión, indicadores sociales como pobreza, distribución del ingreso y desempleo se deterioraron en magnitudes exageradamente altas.
Entre 1991 y 1996, la tasa de desempleo pasó de 6,5% promedio anual a 17,2% en 1996, lo que significó que de 681.000 desocupados existentes en 1990, se registrasen 2.047.000 en 1996. Considerando que en el mismo período la PEA creció en casi 2 millones de personas, se puede decir que: 70% de las personas que se sumaron al mercado laboral durante la gestión de Cavallo no consiguió trabajo. Asimismo, la calidad del mercado laboral también se deterioró: según los registros del INDEC, a fines de 1990 existían 944.000, mientras que hacia fines de 1996 se registraron 1.712.000 subempleados. Así, la conclusión que extrae es más drástica todavía: de los 2 millones de personas que durante la gestión de Cavallo se sumaron al mercado de empleo, o bien no consiguieron trabajo, o bien lo consiguieron, pero en condiciones inferiores a las deseadas (subempleadas).

Y no es sólo la crisis del tequila lo que explica este deterioro. Ya en 1992 se avizoraba el impacto en el mercado de trabajo: la tasa había ascendido a 7% en dicho año; a 9,6%, en 1993; a 11,4%, en 1994; y 17,5%, en 1995, cuando el tequila dejaba sus efectos más fuertes. El tequila fue la segunda gran crisis que debió superar Cavallo en su gestión (la primera fue combatir la inflación apenas asumió). La estrategia elegida por el entonces ministro fue a través de más anuncios de medidas que medidas concretas, ya que su propósito era restablecer la confianza en el país. Así, canceló cualquier nueva colocación de deuda, prometió recortes de gastos por $ 1.000 millones, eliminar el pago de IVA a la primera venta agropecuaria y rebajar aportes patronales en la medida que la recaudación no cayera.

Con Cavallo aumentó también la cantidad de pobres, y la distribución del ingreso empeoró. Si en 1990 lo que representaba 10% más pobre de la población tenía acceso a 3,8% de los ingresos, en 1996 su participación en los ingresos totales cayó a sólo 2,8%,
lo que significó una pérdida de ingresos para este estrato social de $ 2.700 millones en sólo seis años.

La segunda cruz que marca a Cavallo es su responsabilidad en la estatización de la deuda privada cuando fue presidente del Banco Central, en 1982. Sin embargo, según se defiende el ex ministro «el proceso de conversión de deuda privada en deuda pública se realizó durante muchos años a través del sistema de garantía oficial sobre 100% de los depósitos que regía en el país. Así, a medida que quebraban las empresas, llevaba a la quiebra de bancos, y entonces, el Estado se hacía cargo de esos bancos y de las deudas privadas, en virtud del sistema de garantía de depósitos». Cavallo fue presidente del BCRA, por 53 días, a mediados de 1982, y frente a la alta inflación existente y las devaluaciones del tipo de cambio que acompañaban a la inflación, instrumento seguros de cambio. Según Cavallo: «Fue Julio González del Solar, mi reemplazante, quien en setiembre de 1982 modificó el sistema de ajuste de esos seguros de cambio y permitió la licuación de las deudas en dólares del sector privado, o sea, su paulatina estatización». El proceso de estatización de deuda privada se operó hasta el inicio del Plan Austral, en junio de 1985, es decir, durante parte del gobierno militar y un año y medio de gestión radical.

Pero ni los importantísimos deterioros sociales, ni el crecimiento de la deuda y el gasto a niveles exorbitantes, y tampoco las dudas sobre su participación en la licuación de deudas, pudieron tirar abajo el prestigio ganado por Cavallo por ser el padre de la convertibilidad, por ser el hombre que combatió la inflación y volvió a la Argentina un país previsible a futuro, donde la gente se animó a endeudarse ya sea para aumentar su consumo o su inversión.
Ese único título es suficiente para que Cavallo vuelva hoy al gobierno, para evitar una nueva crisis de confianza que, esta vez sí, podría tener consecuencias drásticas para la Argentina.


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