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El logro de Cavallo: durante su gestión la economía creció 70%

En ascenso
Pero hay dos pasados más oscuros por los cuales la gente todavía recuerda a Domingo Cavallo: durante su gestión, indicadores sociales como pobreza, distribución del ingreso y desempleo se deterioraron en magnitudes exageradamente altas. Entre 1991 y 1996, la tasa de desempleo pasó de 6,5% promedio anual a 17,2% en 1996, lo que significó que de 681.000 desocupados existentes en 1990, se registrasen 2.047.000 en 1996. Considerando que en el mismo período la PEA creció en casi 2 millones de personas, se puede decir que: 70% de las personas que se sumaron al mercado laboral durante la gestión de Cavallo no consiguió trabajo. Asimismo, la calidad del mercado laboral también se deterioró: según los registros del INDEC, a fines de 1990 existían 944.000, mientras que hacia fines de 1996 se registraron 1.712.000 subempleados. Así, la conclusión que extrae es más drástica todavía: de los 2 millones de personas que durante la gestión de Cavallo se sumaron al mercado de empleo, o bien no consiguieron trabajo, o bien lo consiguieron, pero en condiciones inferiores a las deseadas (subempleadas).
Y no es sólo la crisis del tequila lo que explica este deterioro. Ya en 1992 se avizoraba el impacto en el mercado de trabajo: la tasa había ascendido a 7% en dicho año; a 9,6%, en 1993; a 11,4%, en 1994; y 17,5%, en 1995, cuando el tequila dejaba sus efectos más fuertes. El tequila fue la segunda gran crisis que debió superar Cavallo en su gestión (la primera fue combatir la inflación apenas asumió). La estrategia elegida por el entonces ministro fue a través de más anuncios de medidas que medidas concretas, ya que su propósito era restablecer la confianza en el país. Así, canceló cualquier nueva colocación de deuda, prometió recortes de gastos por $ 1.000 millones, eliminar el pago de IVA a la primera venta agropecuaria y rebajar aportes patronales en la medida que la recaudación no cayera.
Con Cavallo aumentó también la cantidad de pobres, y la distribución del ingreso empeoró. Si en 1990 lo que representaba 10% más pobre de la población tenía acceso a 3,8% de los ingresos, en 1996 su participación en los ingresos totales cayó a sólo 2,8%, lo que significó una pérdida de ingresos para este estrato social de $ 2.700 millones en sólo seis años.
La segunda cruz que marca a Cavallo es su responsabilidad en la estatización de la deuda privada cuando fue presidente del Banco Central, en 1982. Sin embargo, según se defiende el ex ministro «el proceso de conversión de deuda privada en deuda pública se realizó durante muchos años a través del sistema de garantía oficial sobre 100% de los depósitos que regía en el país. Así, a medida que quebraban las empresas, llevaba a la quiebra de bancos, y entonces, el Estado se hacía cargo de esos bancos y de las deudas privadas, en virtud del sistema de garantía de depósitos». Cavallo fue presidente del BCRA, por 53 días, a mediados de 1982, y frente a la alta inflación existente y las devaluaciones del tipo de cambio que acompañaban a la inflación, instrumento seguros de cambio. Según Cavallo: «Fue Julio González del Solar, mi reemplazante, quien en setiembre de 1982 modificó el sistema de ajuste de esos seguros de cambio y permitió la licuación de las deudas en dólares del sector privado, o sea, su paulatina estatización». El proceso de estatización de deuda privada se operó hasta el inicio del Plan Austral, en junio de 1985, es decir, durante parte del gobierno militar y un año y medio de gestión radical.
Pero ni los importantísimos deterioros sociales, ni el crecimiento de la deuda y el gasto a niveles exorbitantes, y tampoco las dudas sobre su participación en la licuación de deudas, pudieron tirar abajo el prestigio ganado por Cavallo por ser el padre de la convertibilidad, por ser el hombre que combatió la inflación y volvió a la Argentina un país previsible a futuro, donde la gente se animó a endeudarse ya sea para aumentar su consumo o su inversión. Ese único título es suficiente para que Cavallo vuelva hoy al gobierno, para evitar una nueva crisis de confianza que, esta vez sí, podría tener consecuencias drásticas para la Argentina.


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