ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

7 de febrero 2002 - 00:00

El robo del siglo

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Hace algunos meses, con 71 años de edad, salud frágil, una extrema pobreza y un oculto deseo de morir en su tierra, regresó desde Brasil (adonde huyera) a Gran Bretaña en forma voluntaria donde fue recluido en prisión. Del botín no le quedó nada». Gastó casi todo el dinero en su fuga, en una cirugía plástica para cambiar de apariencia, y en sobrevivir modestamente hasta que la enfermedad lo doblegó. Hay quienes aseguran que su regreso a la patria se debió a la necesidad de recibir asistencia médica calificada y gratuita. Si Biggs hubiera imaginado su triste final, probablemente hubiese pensado dos veces antes de sumarse al grupo que asaltó el tren postal, en ese tan debatido robo del siglo. La moraleja surge sola: «Tanto... para nada».

Entre nosotros, y ya dentro del siglo siguiente, aunque con menos suspenso y espectacularidad, el gobierno nacional, invocando razones de emergencia, ha dispuesto una vez más graciosamente del dinero y bienes de ciertos ciudadanos para tratar de solucionar una catástrofe generada por él mismo al haber decidido, entre gallos y medianoche, una devaluación absurda de la moneda sin tener la más mínima idea de cómo manejar las consecuencias de tal decisión. Hoy, un mes después de tal desatino, vuelve sobre sus pasos y establece una pesificación uno a uno para deudores como si nada hubiera pasado. Claro está que, como algo pasó (nada más y nada menos que esta devaluación absurda e irresponsable), existe una diferencia (daño directo causado) en el patrimonio de algunos particulares (ahorristas en dólares) de u$s 18.107 millones; daño indirecto causado a toda la población por vía de emisión de un bono compensatorio para los bancos de 8.000 millones de pesos (más deuda pública); y un daño indirecto adicional causado a todos los argentinos por vía de pérdida de valor de la moneda por emisión monetaria de 3.500 millones de pesos; esto a simple modo de ejemplo y nada más que para empezar.

¿Realmente puede permitirse que se burle a la población diciéndole que «... el gobierno nacional otorga al reordenamiento financiero máxima prioridad, principalmente para facilitar la paulatina normalización de las actividades económicas, pero también para restituir a los ahorristas y deudores las mayores condiciones de libertad y certidumbre preservando sus derechos de propiedad...» (Considerando 8, Decreto 214/2002) cuando al mismo tiempo se apropia de un manotazo de depósitos genuinos para afectarlos al subsidio de los deudores del sistema? ¿Puede tolerarse tal manifestación al mismo tiempo en que a los acreedores privados se les licuan las acreencias a expensas de sus deudores destruyendo todo el crédito privado? Esto es algo vergonzoso.

Creer que defender el sistema financiero es castigar al ahorrista en beneficio de cualquier deudor, del mantenimiento del gasto público político y de la protección indiscriminada de algunas entidades financieras, es un error imperdonable en aquellos que pretenden ser hombres de Estado, y que pujaron y negociaron en un momento dramático de la vida del país, para acceder al poder, pretendiendo ser elegidos por los representantes de la sociedad en su conjunto para tal función en razón de su presunta capacidad.




Últimas noticias

Dejá tu comentario

Otras noticias