Hoy llegará al país una misión del FMI. Anticipó 7 días su arribo. Hay temor en Washington de que las negociaciones se demoren por la gran cantidad de puntos a definir y las importantes diferencias entre las partes. El 31 de agosto culmina el miniacuerdo hoy vigente, y a la semana siguiente la Argentina debería hacer un pago de u$s 3.300 millones. Por eso es que cobra fuerza la posibilidad de que el nuevo entendimiento sea por sólo 12 meses. Ayer trascendió un memo interno del FMI preparado antes de la visita de Köhler y por funcionarios del organismo ajenos a la negociación. Mencionaba la posibilidad de que también a los BODEN se les aplique una quita, lo que rápidamente fue desmentido por el Palacio de Hacienda. Analizaba, además, la situación político-económica del país. Pero la reacción oficial fue desmesurada: «Es un sabotaje de un sector del FMI», dijo el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen. Como siempre, Lavagna imagina «conspiraciones» o «sabotajes». Ya pasó con sus enfrentamientos con ex presidentes del Banco Central y representantes bancarios o del campo. Lo único que se logra es complicar aun más las negociaciones, lo que quedará reflejado a partir de hoy.
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El objetivo del ministro de Economía, Roberto Lavagna, es conseguir la refinanciación de vencimientos por u$s 6.000 millones que hay hasta fin de año con los organismos internacionales.
También en el gobierno especulaban con la posibilidad de alargar el actual acuerdo hasta diciembre, pero en Washington insisten con la idea de negociar ya un nuevo acuerdo que comprometa al gobierno en una serie de reformas estructurales de largo plazo.