17 de abril 2002 - 00:00

O cierran "corralito" o cierran los bancos

Domingo Cavallo suspendió la convertibilidad en diciembre de 2001 al establecer que los dólares sólo podían comprarse con pesos billete y que se podían retirar de los bancos hasta $ 250 en billetes por semana. Dentro del «corralito» se podían realizar pagos sin restricción. Los préstamos fueron dolarizados. Este «corralito light» generó demanda de redescuentos al Central por parte de los bancos ilíquidos. La proyección de los futuros redescuentos fue la lápida de la convertibilidad 1 a 1.

La devaluación de Remes Lenicov y la creación de la moneda fiduciaria fueron la consecuencia de aquel plan. Cavallo habría sido conminado a hacerlo o, de continuar ignorando la verdad, habría generado un soberano caos.

•Premio

Remes pesificó las deudas dolarizadas y premió con 40% a los depósitos bancarios en dólares. Instaló una moneda de cobro distinta de la moneda de pago, lo que produjo un desbarajuste en las relaciones entre deudores y acreedores, y un megadesbarajuste en los bancos, generando un agujero gigantesco en sus balances. El gobierno decidió crear bonos para los damnificados. Cada bono representa la incapacidad presente de pago y la promesa de pago futuro. Esta ingeniería no podía subsanar la falta de liquidez de algunos bancos y tampoco calmaba la presión de los caceroleros y la sugerente permisividad, vía amparos, de los jueces.

•Canilla abierta

Remes cerró la movilidad al interior del «corralito» y abrió la canilla de la salida de efectivo. El ritmo de retiros -generado por la norma y los jueces-supera los $ 3.000 millones mensuales, lo que produce dos fenómenos convergentes y negativos: se seca la caja de los bancos y aumenta la presión en el mercado cambiario por el exceso de liquidez generada por el «goteo» neto.

El Banco Central aplica instrumentos financieros para absorber liquidez a una tasa de más de 60% anual, los que difícilmente detengan la fuga del dólar, pero que atornillan la recesión y la crisis de caja de los bancos. La hipótesis de que los bancos internacionales podrían resolver su problema de caja trayendo fondos del exterior es de una gran ingenuidad y no soluciona el problema del sistema.

Si no se cierra el «corralito», estamos a horas de que ocurra una verdadera hecatombe. El sistema financiero que no cobra un peso de los deudores -incluido el Estado-, que no recibe dinero de los depositantes, al que se le cortan los redescuentos, que está perforado por un «goteo» de $ 3.000 millones mensuales, se desangra diariamente y va a estallar.

Los depositantes quieren huir y con la complicidad de la demagogia judicial y la inoperancia del gobierno, lo están haciendo poco a poco. Podrán huir $ 3.000 por uno o dos meses más y convertirse en u$s 1.000 millones. Pero $ 60.000 millones quedarán atrapados definitivamente. Martín Redrado y J. González Fraga proponen abrir el «corralito». Ello requiere redescuentos del Banco Central y aporte de fondos de la banca internacional. La expansión monetaria alcanzaría a $ 30 mil millones, produciendo una estampida cambiaria y la consiguiente inflación, que terminaría reduciendo el nivel de liquidez real y profundizaría la recesión. Nos instalaríamos en la «estanflación» por muchos años y, en el proceso, habríamos terminado con el sistema bancario y con toda posibilidad de tenerlo en el futuro. Abrir el corral (acceso a billetes) es una irresponsabilidad para con todos los argentinos. Los que no tienen dinero en el corral serían castigados con una inflación galopante y los que sí lo tienen, además, verían reducida al mínimo la capacidad de compra de sus tenencias. Una doble estafa.

•Experiencia

La alternativa lógica es cerrar la salida de billetes y permitir la libre circulación dentro del corral. En ese caso, el Banco Central deberá: 1) proveer de redescuentos a las entidades hasta agotar sus activos, algunas entidades serán estatizadas de hecho, no es demasiado grave; 2) cerrar el acceso al mercado cambiario, dejándolo exclusivamente para las operaciones de comercio y financieras, en esto tenemos experiencia; 3) crear instrumentos financieros de modo que los ahorristas, cautivos en el sistema, no experimenten pérdidas adicionales; 4) retrotraer el sistema a las condiciones iniciales y establecer el régimen de igualdad de moneda de pago y de cobro; 5) retenciones móviles compensadas para anclar el tipo de cambio comercial y aumentar la recaudación; y 6) establecer una retención para impuestos futuros, de carácter retroactivo, a la totalidad de los retiros de dinero producto de decisiones judiciales, de un porcentaje tal que resulte disuasivo de toda extracción.

•Amenazas

El gran riesgo de estas medidas es la demora en tomarlas. Dos amenazas inminentes, la quiebra bancaria generalizada y la disparada del dólar y la inflación, nos aseguran que se tomarán, tarde. Decía Schumpeter: «El capitalismo es el sistema de propiedad privada de los medios de producción en el que la innovación se financia con crédito». Y el crédito es el sistema financiero. ¿Seremos tan originales como para anular el capitalismo por circulares de un BCRA presidido por un delegado del FMI?

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