Un bombero observa el desolador panorama que quedó dentro del boliche "República Cromagnon" una vez que el fuego fue extinguido.
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La tragedia se produjo en la discoteca "República Cromagnon" provocada por una bengala de mano lanzada contra una tela que se encendió y propagó el fuego a carteles y cables de iluminación, durante un recital del grupo de rock "Los Callejeros".
El incendio de ese local es uno de los más mortíferos registrados en una sala de fiestas desde 1977 en el mundo y el de mayor dimensión en el país.
"Esto es un desastre", dijo el ministro del Interior, Aníbal Fernández cuando el balance de muertos ya había pasado el centenar y consideró que los asistentes al recital "estaban condenados a una trampa mortal" por las falencias de seguridad.
"El local tenía la habilitación teórica, pero en lo práctico sólo había dos puertas y las otras estaban atadas con alambre.
Los jóvenes estaban condenados a una trampa mortal", señaló el funcionario en rueda de prensa.
Las últimas cifras difundidas la mañana del viernes en conferencia de prensa por el alcalde de la Ciudad, Aníbal Ibarra, contabilizaban 175 muertos y 715 heridos, pero el funcionario indicó que las víctimas fatales podrían aumentar porque hay heridos "muy graves".
El jefe de Gobierno aseguró, por otro lado, que las puertas de emergencia de la discoteca "estaban cerradas con alambres y candados, de acuerdo a la información recogida en el lugar" del siniestro.
"Si la puerta de emergencia hubiera estado abierta, se habría evitado la muerte de mucha gente", sostuvo el alcalde y estimó que el cierre "fue una irresponsable decisión empresarial tomada - estimó - para evitar que se metiera gente sin pagar".
El dueño del local identificado como Omar Chabán era intensamente buscado por la policía desde las primeras horas del viernes.
En las primeras horas del día, se vivían escenas desgarradoras en numerosos hospitales, donde se agolpaban decenas de personas que querían saber sobre la suerte de hijos, sobrinos, novios y hermanos que habían asistido al recital.
"La tenemos lamentablemente en la lista de fallecidos", dijo el director del hospital Ramos Mejía, Ricardo Rezzónico, a un hombre que desesperadamente gritaba el nombre de su hija y que rompió en llanto abrazado a una mujer.
El médico indicó que muchas personas que habían ingresado al nosocomio no habían sido todavía identificadas y que la mayoría de los pacientes presentaban un cuadro de asfixia, falta de oxígeno, intoxicación por inhalación de monóxido de carbono y quemaduras graves en el cuerpo y vías respiratorias.
Unas 600 personas, entre médicos, paramédicos y voluntarios trabajaban desde la madrugada en la emergencia, con el apoyo de unas 40 ambulancias, informó el secretario de Salud del gobierno porteño, Alfredo Stein.
Ibarra confirmó que el origen del siniestro había sido una bengala y fuegos artificiales arrojados en el interior de la discoteca, donde se apiñaban unas 2.000 personas, aunque las autoridades aún no confirmaron la cifra y estiman que podría haberse rebasado la capacidad del lugar.
Los heridos y muertos fueron trasladados a nueve hospitales públicos de Buenos Aires y a sanatorios privados.
Más de un centenar de familiares desesperados se concentraban ante un local habilitado por las autoridades desde la madrugada del viernes, donde eran auxiliados por psicólogos y asistentes sociales con la misión de contenerlos.
Allí se difundieron los nombres de los heridos y los respectivos lugares de internación, así como también una descripción de los no identificados porque muchos no portaban o perdieron sus documentos.
Al recital asistieron varios niños que fueron dejados por sus padres en un lugar habilitado para los menores dentro del local bailable, una práctica habitual en ciertos sectores de adeptos al rock, según dijeron varios jóvenes.
De acuerdo con testimonios, la bengala de pirotecnia impactó en una tela delgada que se quemó de inmediato, provocando un incendio y una gran humareda que se convirtió en una trampa mortal para los jóvenes.
"Enseguida el humo no dejó ver nada, y el fuego se propagó hacia el escenario", dijo uno de los jóvenes a la prensa.
Muchos de los jóvenes que salieron ilesos estaban en estado de shock y atacaron a varios reporteros de canales de televisión que estuvieron transmitiendo en vivo durante toda la noche.
La mayor tragedia ocurrida anteriormente en un local bailable en Argentina se había registrado en 1993, cuando murieron 17 estudiantes -una de ellas embarazada- y otros 24 resultaron heridos al incendiarse la disco Kheyvis, ubicada en la localidad de San Isidro (periferia norte), donde celebraban el fin de año.
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