Roma - La nueva ofensiva rusa en Ucrania es ya una perspectiva que se limita a cuándo pretende cerrar Vladímir Putin la conquista de todo el Donbás -la región separatista prorrusa del este- algo que la inteligencia de Kiev fecha “a más tardar para marzo”.
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Putin ordenó completar el mes que viene la toma del este de Ucrania
La situación se complica para la defensa en ese enclave, crucial para el destino del Donbás. La OTAN acelera el envío de armamento pesado a Kiev.
La prueba es que el Ejército ruso se estaría preparando con 200.000 soldados, listos a unirse a los 300.000 ya desplegados en el frente.
La respuesta occidental para contener esta megamovilización es continuar enriqueciendo el arsenal de los defensores. Estados Unidos se lleva, como siempre, la parte del león, con un paquete de 2.000 millones y misiles de 150 kilómetros de alcance (ver nota aparte). Pero los europeos no se quedan atrás: Italia y Francia dieron luz verde definitiva al sistema antiaéreo Samp-T, que estará operativo en Ucrania “en primavera” boreal, mientras Alemania pondrá a disposición otra serie de tanques Leopard.
La posición de Moscú, tras casi un año de conflicto, no parece hacer cambiado porque Washington “no observa señales de voluntad negociadora”. Al contrario, según el director de la CIA, William Burns, Putin apuesta a la baja del interés occidental y al “cansancio político” de los patrocinadores de Kiev, lo que podría ofrecer a las tropas rusas nuevos espacios para ganar terreno al enemigo.
Los 007 ucranianos comparten este análisis y llegan a imaginar un escenario aún más concreto. “Los ocupantes se volvieron más activos en el frente oriental y, en particular en (república de) Lugansk, donde están reuniendo más reservas y desactivan internet móvil en la parte ocupada por miedo a que los residentes locales denuncien el movimiento de equipos”, explicó el gobernador Serguéi Gaidai.
Pelea por Bajmut
Las señales en el terreno confirman una intensificación de los ataques rusos en el Donbás a partir de Bajmut -en la república Donetsk-, donde se registran encarnizados combates. “Es nuestra ciudad fortaleza, no la abandonaremos”, aseguró Volodímir Zelenski al recibir en Kiev al presidente del Consejo Europeo -formado por los gobiernos de los 27 países de la Unión Europea-, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea (Ejecutivo de la UE), Ursula von der Leyen para la cumbre UE-Ucrania.
El líder ucraniano fue claro frente a los titulares de las instituciones comunitarias: “Rusia quiere apoderarse del este y no podemos relajarnos”. De ahí, el enésimo pedido a los aliados: “Con la aceleración de las entregas de armas, inclusive las de largo alcance, no solo no nos retiraremos de Bajmut, sino que también comenzaremos a liberar el Donbás, que está ocupado desde 2014”.
Pertrechos
La respuesta llegó una vez más de las cancillerías occidentales. El Pentágono anunció un nuevo envío de armas por 2.000 millones de dólares, lo que prevé, sobre todo, misiles GLSDB, guiados con GPS, que pueden impactar a un blanco a 150 kilómetros de distancia, casi el doble respecto a los HMARS despachados en junio. Sin embargo, su arribo al frente no será inmediato y podrían necesitarse nueve meses.
También Roma y París se movieron: el avanzado sistema de defensa antiaérea Samp-T, de fabricación ítalo-francesa, será entregado “en la primavera (boreal) de 2023”, anunció el ministro italiano Guido Crosetto luego de una conversación telefónica con su colega Sebastien Lecornu, en la que fueron definidos los últimos detalles técnicos del envío.
El anuncio de Crosetto fue señal de que Kiev pretende reforzar sus defensas a casi un año de la invasión, que se cumplirá el próximo día 24.
Nuevas armas también están por llegar de Berlín. Luego del vía libre a los 14 tanques Leopard 2, el Gobierno alemán desbloqueó la transferencia de los Leopard 1: se trata de medios más viejos, que datan de los años 60, pero de los cuales hay 90 en depósito.
La respuesta de Moscú a la movilización de los países de la OTAN es, como siempre, un mix de ostentación de seguridad y advertencias amenazantes. En el Kremlin, el vocero Dmitri Peskov, aseguró que la operación militar en Ucrania continúa para “garantizar la seguridad del Donbás”, mientras que la de Crimea -anexada en 2014 a Rusia- está ya “garantizada en modo confiable”.
El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, el expresidente Dmitri Medvedev, en cambio, usó su acostumbrado tono apocalíptico: la perspectiva del “completo fracaso del Estado ucraniano” y de su “inevitable fin” está a las puertas y Occidente asistirá silenciosamente a la “muerte” de Ucrania.
Un país que es liquidado ni más ni menos que como una “colonia”, destinado a ser arrojado “al cesto de basura de la historia”, aseguró.
Agencia ANSA


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