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16 de diciembre 2019 - 00:00

¿Bajará el gasto público o nos drogaremos con más inflación?

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Imagen: Noticias Argentinas.

La herencia económica que deja Cambiemos a Alberto Fernández es muy complicada, pero para ser justos, no es solo la herencia de Macri a Alberto Fernández, es la herencia de décadas de populismo que han llevado a la Argentina a una decadencia económica impensada. Se acumularon capas de herencias catastróficas nunca resueltas.

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Para ponernos en contexto de lo que puede venir, en la década del 80 el gasto público consolidado estaba en el orden del 30% del PBI. Ese nivel de gasto se mantuvo en los noventa y el kirchnerismo lo llevó al 47% del PBI gracias al viento de cola del exterior por el aumento del precio de las commodities a principios del siglo XXI.

Ahora bien, en la década del 80, un gasto público consolidado promedio del 30% del PBI fue infinanciable a tal punto que tuvimos inflación, mega inflación, hiperinflación, confiscación de depósitos con el plan Bonex y default. Si con un gasto del 30% del PBI tuvimos esos problemas, es de imaginar que con un gasto del 46/47 por ciento del PBI los problemas son muchos más grandes.

El argumento de la mayoría de la dirigencia política es que esto no se arregla con más ajuste, sino que se arregla con crecimiento. No parece advertir la dirigencia política que con este nivel de gasto público, que aplasta al sector privado, es impensable que la economía pueda crecer. Es un pensamiento mágico decir que se arregla con crecimiento si no se baja la carga tributaria, el gasto público, si no se reforma la legislación laboral y no se tiene estabilidad en las reglas de juego.

Pero veamos qué opciones tiene Alberto Fernández para enfrentar el problema fiscal a partir del 10 de diciembre, si efectivamente no va a haber una importante baja del gasto público, lo único que queda por ver es cómo se financiará el déficit fiscal, aun sin pagar los intereses de la deuda pública y entrando en default.

La primera opción que tiene el nuevo gobierno es incrementar la carga tributaria. Subir las retenciones al campo (soja, trigo, maíz, carnes), a la minería y apretar con mayor fuerza con bienes personales. Eso aumentaría los ingresos fiscales entre 1 o 1,5 puntos del PBI. No resuelve nada.

Segunda opción, colocar deuda en el mercado interno. La realidad es que como el Estado argentino es un confiscador serial de depósitos, el sistema financiero es mínimo. Lo hizo con el plan Bonex, el corralito, el corralón, la pesificiación asimétrica y los ahorros que teníamos en las AFJP. Este comportamiento confiscatorio hizo que el argentino mande al exterior el ahorro que genera y que el sistema financiero argentino se redujera a nada. Para tener una idea de la destrucción del ahorro interno veamos algunos datos. Los depósitos en el sistema financiero/PBI representan el 103% en Australia, el 96% en España, el 80% en Alemania, el 56% en Brasil, el 52% en Chile y en la Argentina el 14%, menos que el 16% de Uganda, el 17% de Camerún o el 18% de Burundi, por citar algunos ejemplos según datos del Banco Mundial. Es decir, para que el Estado pueda acceder al crédito interno, primero tiene que haber ahorro (ingreso no consumido) y la realidad es que el ahorro interno es mínimo como para financiar al sector público. Acabamos de verlos con las delirantes tasas de las Leliq.

La tercera opción es recurrir al ahorro externo. Alberto Fernández ya dijo que no quiere recibir los u$s11.000 millones que falta recibir del FMI, indicando que hay que desendeudarse. Por cierto, si la intención fuera endeudarse, sin pagar la deuda y sin un plan económico consistente las puertas al financiamiento externo estarían cerradas.

Queda la cuarta opción que es emitir moneda. Para que durante un tiempo la expansión monetaria para financiar el gasto público pueda funcionar sin generar un salto inflacionario, se necesita que aumente la demanda de moneda (la cantidad de dinero que la gente quiere tener inmovilizada en su bolsillo), en otras palabras, que la gente no se saque de encima rápidamente los nuevos pesos que llegan al mercado. No parece ser el caso de Argentina, que ha vivido drogándose con emisión monetaria para reactivar la economía.

El número

Entre 1935, cuando se creó el BCRA, y 2018 la tasa de inflación acumulada es de 257.710 billones por ciento. Un número difícil de entender como número pero fácil de entender ya que significa que Argentina no tiene moneda. Desde 1935 hasta la fecha destruimos el peso moneda nacional, el Peso Ley 18.188, el Peso Argentino, el Austral y este que está agonizando. Un peso actual es igual a 10.000.000.000.000 de pesos moneda nacional. Se le quitaron 13 ceros a la moneda original, todo para no bajar el gasto público y reactivar la economía vía expansión monetaria.

En el nuevo Gobierno y en los medios se protesta por la deuda que hay que pagar, lo que no se dice es que esa deuda se tomó para financiar el déficit fiscal que surgía del gasto público descomunal y de mala calidad que tiene la Argentina.

El gran interrogante que queda para 2020 no es si la Argentina va a ir al default o no, sino cómo hará el nuevo Gobierno para crecer con este gasto público que aplasta al sector privado y no lo deja crecer y qué impacto tendrá en la inflación la emisión monetaria para financiar la reactivación si es que el Gobierno opta por ese mecanismo artificial. La Argentina ha emitido tanto para reactivar, que ya es como un drogadicto, luego que pasa el efecto de la droga se siente mucho peor y necesita más dosis de droga. En la Argentina, para “reactivar” se necesita cada vez más dosis de inflación, por eso la gente se siente cada vez peor cuando pasa el efecto. El escenario para 2020 es: ¿bajará el gasto público el gobierno o nos drogaremos con más inflación?

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