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16 de diciembre 2019 - 00:00

Cambio de década... ¿cómo cambiar de signo?

La segunda década del siglo se habrá perdido para la industria. En la tercera, se deberá realinear al país para revertir la tendencia.

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La industria es parte relevante de la solución a los problemas estructurales del país.
Pexels

El 2019 será el segundo año consecutivo con una fuerte caída de la actividad en general e industrial en particular con impactos directos en toda la sociedad. En el caso particular de la industria, cerrará con una contracción de la producción industrial en torno al 6% y un nivel de producción per cápita 25% inferior al del máximo alcanzado en 2011, y 17% por debajo del de 2015. Como contracara, la industria trabaja con un nivel muy bajo de utilización de la capacidad instalada y cerrará el año con una caída del empleo asalariado registrado de aproximadamente el 5%, acumulando una pérdida de cerca de 150.000 puestos registrados desde 2015.

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En otras palabras, la segunda década del siglo XXI habrá sido una década perdida en materia económica. Entonces, la pregunta no es sólo cómo revertir esta tendencia, sino cómo hacerlo de manera sostenible. Incluso aunque creciéramos al 4% anual en materia industrial, necesitaríamos una década para volver al nivel de 2011.

Resulta prioritario alinear el país en pos de un crecimiento sostenido con inclusión para que la tercera década del siglo revierta este panorama. El desafío es que 2030 nos encuentre en crecimiento y con cimientos más firmes que los que recibe 2020.

Pero para poder hacerlo, necesitamos atravesar el año que viene. Primero, están los desafíos macroeconómicos. Por un lado, los que afectan directamente a la producción y a la sociedad, vinculados a la elevada inflación, las altas tasas de interés y el racionamiento crediticio. En conjunto, afectaron directamente la estructura de costos de las empresas, en un escenario de muy baja demanda tanto interna por el deterioro del mercado local como externa por la creciente incertidumbre internacional y desaceleración del comercio global. El encarecimiento de los insumos y las mayores cargas financieras impactaron directamente en la producción y la sostenibilidad de las empresas, hecho que se refleja en una caída de aproximadamente el 3% en la cantidad de empresa industriales en un año.

Por otro lado, resultan cruciales los desafíos abiertos en el plano cambiario y financiero, especialmente el vinculado a la deuda en moneda extranjera. Argentina enfrenta una crisis de confianza en torno a la capacidad de pago de la deuda, que se refleja en un elevado nivel de riesgo-país que impide el refinanciamiento en el mercado de los compromisos. Los próximos meses serán cruciales en este sentido.

Esta coyuntura agrava el estructural problema de la economía argentina, que es la restricción externa. Si bien ahora el déficit comercial se ha revertido a causa de la recesión y la caída de importaciones y el déficit de cuenta capital y financiera se encuentra limitado por las regulaciones en materia de acceso al mercado cambiario, ninguno de los dos frentes ha sido resuelto de forma estructural y definitiva.

A estos temas vinculados al mercado local se suman también los condicionantes externos. La economía brasileña sigue operando con niveles de actividad bajos y la lenta recuperación demora el rebote de las exportaciones argentinas a dicho mercado. Al mismo tiempo, persisten las disputas comerciales a nivel internacional y el proteccionismo que sigue afectando los volúmenes de comercio y las proyecciones decrecimiento mundial, en un contexto político internacional cada vez más complejo, que suma nuevos desafíos para la región.

Este escenario deja múltiples desafíos de cara al año 2020. Si bien el panorama es complejo, el país cuenta con una serie de activos muy importantes a la hora de encarar la próxima etapa, desde capacidades tecnológicas y productivas de diversas empresas hasta los potenciales existentes en algunos sectores. A su vez, a nivel político y social, los procesos electorales vividos a lo largo del año han fortalecido una vez más las instituciones democráticas del país.

En igual sentido, los debates que tuvieron lugar a lo largo del año permitieron a los diversos actores de la sociedad arribar al consenso en torno a la necesidad de alcanzar acuerdos de largo plazo para superar las tensiones recurrentes que sufre la economía argentina, un ejemplo del cual es el Plan Productivo 20/23 que lanzó la Unión Industrial Argentina para discutir con los demás actores sociales, así como los políticos.

Trabajamos para que 2020 sea el año donde los distintos actores de la sociedad podamos ponerle contenido al tan demandando acuerdo, que establezca las bases para un proyecto de país sostenible en el tiempo.

Si bien la situación económica de los próximos meses resulta sumamente compleja, hay que atravesarla de cara a poner en marcha la economía pensando en lo fundamental a largo plazo: agregar valor. Para agregar valor resulta fundamental el activo industrial, más aún dada la centralidad que está teniendo la cuarta revolución industrial a nivel global. La industria es parte relevante de la solución a los problemas estructurales del país.

Esperamos que 2020 resulte el primer paso para construir una Argentina desarrollada. Poder atravesar una negociación de la deuda que estabilice las perspectivas macroeconómicas, orientar el sistema tributario y financiero en favor de la producción, promoviendo el mercado interno e incrementando fuertemente el volumen de exportaciones.

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