En estos últimos cuatro años cayó la asistencia a las salas y se depreció el valor de la entrada. Pero nuestro teatro tiene una maravillosa capacidad de recuperación.
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La mujer de al lado. Germán Palacios y Griselda Siciliani en uno de los éxitos del Multiteatro.
En estos últimos cuatro años no sólo cayó la asistencia del público al teatro sino que el valor de la entrada se depreció. De cada 100 personas que en 2015 iban al circuito de teatro comercial, ahora sólo van 71. Esto es, falta un 29% de recaudación/persona, porque una cosa es la asistencia y otra cómo se devaluó la entrada en relación a la inflación. Sin embargo, pese al esfuerzo que se pone en adecuar ese valor a las posibilidades del gran público, el teatro comercial sigue resultando caro para una gran porción de esos espectadores, salvo que lo comparemos con precios altos de otra clase de artículos. Siempre sostuve que, en la coyuntura que vivimos, las entradas deben ser más similares a las paritarias que a la inflación. Recordemos, como dijimos a principios de este año, que la comedia “Chorros”, que fue al teatro América en Mar del Plata, se despidió con entradas que estaban a un valor superior durante la temporada en Buenos Aires y que se redujeron en la costa pese a la inflación, y hasta se puso una entrada promocional para menores de 18 años donde pagaban menos que en el cine. “Sugar”, que fue al Neptuno, terminó en julio de 2018 con una entrada superior a la que tuvo en Mar del Plata.
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Teatristas
Yo creo y he creído siempre en la fuerza de los teatristas argentinos. Mirando la historia, desde el histórico teatro de La Ranchería a este siglo, siempre hubo años en que se hablaba del teatro en crisis y, pese a eso, siempre terminó habiendo un boom teatral en contrapartida. ¿Cómo explicar este fenómeno? Hay que considerar que el gran capital del teatro está en el talento de la gente que hace teatro. Creo en los artistas, en los autores, en los directores, productores y técnicos que en conjunto terminan dando una ecuación que supera las coyunturas sociales y políticas que hacen temblar cíclicamente a la Argentina.
Desde luego, cuánto mejor sería el acompañamiento de un bolsillo más holgado para este tipo de vínculo con la cultura, el entretenimiento y el esparcimiento familiar, pero pese a todo, si uno mira la historia, va a encontrar que más allá de curvas ascendentes o descendentes en la asistencia de espectadores, lo que se mantiene, y siempre en crecimiento, es el hecho artístico del vivo teatral. Y de eso se habla poco mientras se suele enfatizar en los números en lugar de subrayar esa particularidad que tiene nuestra comunidad teatrera, y que hace que nos distingan en el mundo.
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Es importante marcar que cuando comencé en esta actividad, ya hace más de 40 años, Buenos Aires ocupaba el séptimo lugar en materia teatral en el mundo; me acuerdo de que siempre encabezaban, por lejos, Nueva York y Londres, pero se anteponían Madrid, México D.F., París o Roma, por marcar ciudadanías con mucho teatro. Y Buenos Aires estaba detrás hasta que, gracias al gran movimiento del teatro independiente que tiene la Argentina en general y Buenos Aires en particular, terminamos ocupando el tercer lugar en el mundo; y además, con esa particularidad de ser primeros en el circuito independiente. La Argentina, además, es el primer país en cantidad de salas de teatro independiente, Buenos Aires tiene más de 200, en tanto somos el único país con más espacios escénicos que pantallas de cine: eso no ocurre en ningún otro lado.
Acompañamiento
Respecto a 2019 se da un ciclo que acompañó la época, la baja de la demanda desde el punto de vista del bolsillo más enflaquecido y hogareño, justamente aquel que necesitamos que crezca con el afán de poder tener un resto para acercarnos a este tipo de consumo. Y por otro lado vale destacar que si uno mira la historia del teatro argentino, siempre acompañó las épocas: acompañó la dictadura con movimientos que le hicieron frente como el de Teatro Abierto; acompañó en democracia con continuidades como Teatro por la identidad; acompaña desde los premios teatrales que son varios en Buenos Aires y en el país. Eso significa que hay gente que está siempre predispuesta e inquieta para seguir fomentando el hábito teatral. En ese sentido cuando decimos “¡Viva el teatro!”, estamos diciendo que el teatro le hace bien a la gente. Si no lo digo más seguido es para que no se malinterprete como frase marketinera, puesta en boca de un empresario que tiene intereses puestos en esta actividad. Pero lo creo fervientemente, y no sólo como empresario sino como espectador.
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Para el año próximo necesitamos que las paritarias salariales superen a la inflación, como había sido antes, y que eso en definitiva incentive al consumo. No me animo a ninguna otra proyección respecto al teatro si no conocemos antes como es el resultado de la economía hogareña. Y eso depende de políticas de Estado. Primero miremos la política económica que ejecutará el gobierno entrante y eso terminará dando como resultado la menor o mayor taquilla.
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