5 de enero 2004 - 00:00

Charlas de quincho

Como era de esperar, lo más jugoso de los quinchos de verano vuelve a estar en Punta del Este. Así parece entenderlo la reciente ex esposa de un gobernador (él se quedó en su territorio). En una playa alejada, un hombre cercano a ex presidente predijo frentes de tormenta para dentro de poco. Menos serios, empresarios de medios comieron bien y por no demasiado dinero en «cinco estrellas» recientemente inaugurado. Veamos.

Charlas de quincho
• Vacaciones: en Chapadmalal, el Presidente; en Cariló, el jefe de Gabinete. Y el gobernador bonaerense, tras celebrar en una chacra de Gobernador Ugarte, vive con su madre luego de su crisis familiar.
Néstor Kirchner, aunque no le gustaba la residencia, pasó el 31 con su mujer y sus dos hijos (también con amigas de su hija), y ha decidido continuar hasta mediados de mes en Chapadmalal, quizá yendo y viniendo.
Alberto Fernández buscó un lugar cercano a Roberto Lavagna, boscoso, y en Cariló se estacionarán su esposa, Marcela, su hijo Estanislao, su cuñada Gabriela, su suegra, Jenu, y hasta su sobrinita. Mientras, Felipe Solá rumia su nueva vida y dedica los fines de semana para quedarse con amigos en un campo bonaerense. Por esos lugares empieza a pasar la política, al tiempo que en Pinamar -con menos boom turístico de lo supuesto, pero con un desarrollo de construcciones llamativo: se estrenarán este año 500 residencias- uno empieza a instalarse y a descubrir a Graciela Borges en Mama Concert o al masajista Claudio Ribas -el que recuperó al actor Carlos Calvo- atendiendo casi en exclusividad al político correntino José Antonio Romero Feris, el «Pocho», quien parece que arrastra contracturas dolorosas. Los más dispuestos a hablar, sin embargo, por el momento aparecen en Punta del Este.

Confesaba uno de ellos, un duhaldista, en aislada playa de la Parada 30 de La Brava: «Veremos qué pasa entre mediados de febrero y marzo con relación a la deuda. Allí hay un punto clave: los 3 mil millones que la Argentina debe pagar al Fondo Monetario Internacional». Según él, su jefe y referente acompañará cualquier decisión de Kirchner, sea para no pagar o para mantener los acuerdos (a pesar de que arreglar 40% de los compromisos con los organismos multilaterales no garantiza tranquilidad). Decía que Eduardo Duhalde se ha pegado en todo al Presidente, aunque no ignora los peligros. Por caso, la última carta recibida desde Washington que inicialmente iba a firmar el propio George W. Bush, hablando de que «la Argentina no ha cumplido con la palabra empeñada». Reconocía por este dato que se acerca un momento de crisis y que, si bien Duhalde no opina -él ya pasó por esto-, se preocupa: sabe que oblar 3 mil millones de reservas (aunque habría un financiamiento del BID) no supone que haya inversiones en el país en forma automática. Por otra parte, agregaba, hay como 5 o 6 reformas que el gobierno no termina de completar ni de hacer. También en su tribulación el caudillo bonaerense expresa que si no se paga, el tema de la falta de inversiones será un capítulo grave para un país afectado con juicios que se estirarán por una década al menos. Admitió el infidente que Kirchner le preguntó a Duhalde por las consecuencias de un segundo default con los multilaterales, y él respondió: «Soy el peor consejero porque dediqué un año de mi gobierno a arreglar con el FMI y en ese período me fue bien en las encuestas. No sé si ahora es igual. Yo no puedo hablar ni aconsejar».

• «Ya nos dijo Anoop Singh -seguía el relator- que el mundo va a crecer este año, también la región, y que los países con más perspectivas de este lado son México, Brasil y la Argentina. Pero si la Casa Rosada se aparta del mundo, ese crecimiento no acompañará al país.» El vocero playero aseguraba que, a su juicio, Roberto Lavagna no quiere rupturas de ningún tipo, pero que todo depende de la decisión de Kirchner y, sobre esto, hay un enigma insoluble por el momento. Duda general entonces sobre el advenimiento de esta crisis para febrero-marzo, más dudas debido a que el FMI está menos dispuesto con el país que el año pasado y a que el propio organismo está apretado por los acreedores privados de la Argentina, sea por amenazas de juicio contra el Fondo o por los representantes de los países que lo integran (donde los acreedores pesan sobre sus propios gobiernos).
Para él, hay cierta vocación en la administración por «vivir con lo nuestro» y, si bien participó del agasajo exclusivo del 31 con Kirchner, en esa reunión no se tocó ningún tema: es que uno de los ministros amigos del Presidente, como condición de asistencia, exigió que no se discuta de trabajo y que «evitemos todo tipo de peleas». Eso indica un clima.

Más del diálogo playero. «Es cierto -alertó- que los duhaldistas estamos más calientes que el propio Duhalde, quien parece tener sus propios tiempos. Ocurre que desde el gobierno nos piden que les votemos las leyes y luego ni nos atienden el teléfono.Al jefe -continuó- lo que le molesta es que Kirchner pide sugerencias y después saca ventajas de esas conversaciones, como ocurrió con el tema seguridad. Pidió ayuda a Felipe Solá, también a Duhalde y, por último, salió a decir que la Bonaerense era un desastre y que tenía protección política nuestra.»
No gusta esa actitud, tampoco el hombre de Kirchner en la provincia, Carlos Kunkel, quien siempre acompañó al intendente de Florencio Varela y ahora se escandaliza con todo (operaciones, desarmaderos, fondo del conurbano, acuerdos internos). Lo consideran el máximo traidor; la única promesa de Duhalde a su gente es defender a Carlos Ruckauf en Diputados para la Comisión de Relaciones Exteriores como una forma de demostrar que no abandona a sus hombres.

• El 3l en Punta del Este fue un colapso. Por los últimos años de malaria, la ciudad no estaba preparada para la invasión turística ni para el consumo intenso. Al mediodía, por ejemplo, faltaron huevos en el Devoto como otros alimentos indispensables, y en la Parada Cinco -donde van los más exigentes en verduras, frutas y materiales importados- la gente compartía changuitos, como la mujer de Guido Parisier con Cristiano Rattazzi. Nadie parecía quejarse por la carestía ni los problemas: también efecto de la crisis pasada. Hubo fiestas al por mayor, tradicionales (Macri, a pesar del Correo) y otras privadas (el dueño de colchones Piero) a lo largo de todo el balneario con dilapidación de fuegos artificiales que demandaban gastos sorprendentes en miles de dólares. Mejor no dar nombres.
En la fiebre de inauguraciones figuró «Embrujo», restorán que el ex titular de Racing, Daniel Lalín, instaló en La Barra (en lo que fue el clásico «Lo de Miguel», a quien los vecinos influyentes del golf le han impedido, con amparos ante la Justicia, estrenar un sucedáneo en su chalet). Merecía una pintura el techo por no hablar de la decoración: ahora se amplió el lugar y parece, por los muebles (estilo Juan Ricci), un ambiente de los '60. Más difícil de reemplazar parecía la cocina, pero hasta ahora han logrado aciertos con los ravioles y el cordero, la estrella de Punta del Este, más porque son uruguayos que patagónicos y en la comparación resultan ganadores: los del sur argentino son de lana mientras que los de la Banda Oriental son de carne. Curioso: ambas especialidades compiten por los mismos mercados de exportación, casi salvajemente, aunque el plantel argentino se ha reducido por la crisis y los precios en forma sensible en los últimos años.

Nadie quería hablar de corderos en lo de Lalín (¿por qué no le habrá puesto Lo de Daniel?), ambiente de fútbol y de modelos más clásicos del balneario como el legendario Tate, Parisier o el ex cuñado de Macri (Jorge Blanco Villegas). También George W. Bush Carlos Heller Mauricio Macri y su esposa, quienes, estoicos y como si fuera un partido de tenis, se pasaron la copiosa cena -bocaditos, blinis de salmón, ravioles de verdura en sepia, guiso de cordero y, como cierre, omelette surprise- atendiendo las opiniones de Alfio Basile y el entusiasta Tony Lázaro dando clases de fútbol, sea sobre las calidades de mexicano Cardozo candidato para Boca, la dedicación del defensor Samuel (Roma) a la actividad o sobre entrenadores como Passarella, quien llega en las próximas horas dispuesto a jugar en el Medellín (polo) con un equipo de veteranos.
Jugaban a la palabra los dos comensales, tiraban y devolvían paredes, los otros sólo escuchaban, ni un bocado oral podía meter la pareja. Un comensal se le acercó a Macri y le agradeció que Carlos Heller no continuara en la conducción de Boca Juniors desde hace ocho años porque «ahora se ocupa del banco». El empresario político, a propósito de Heller, comentó: «Ganamos todo, estamos desde hace años con superávit y él, igual, dice que Boca está mal. Es un caso».

• Más desopilantes eran otras mesas hablando de autos, ya que en el estacionamiento se repartían Jaguars y otros prime como si fueran Fiat 600, mientras un empresario argentino reconocía que él en Buenos Aires dispone de un Saab y un BMW que convirtió en taxis por razones de seguridad (también bloqueó los baúles).
«Cada uno -explicaba- se siente seguro a su modo, unos con custodios, otros con alarmas o con blindados. Yo ando más cómodo así, además los limosneros no se acercan, los limpiavidrios tampoco y, por si esto fuera poco, si quiero contratar una prostituta, me cobra mitad de precio.» Divertido el hombre, quien cuando se enteró de que había llegado la suegra de otro amigo, le dijo: «¡Qué suerte que la tenés viva!».
También había ojos para una espléndida modelo uruguaya, la Valeria Mazza de ese país, y la actriz y modelo Kiera Chaplin -acompañante del fotógrafo Alé de Basseville-, quien ha producido desnudos espectaculares en base a que se colocó piercings (ganchos) en los pezones, hecho que destapa ciertas apreciaciones eróticas en el mundo masculino (los piercings no se pudieron ver en el restorán).

Hubo oídos, además, para una curiosidad política: en la próxima semana llega Hilda Chiche Duhalde, luego su esposo, hoy afectado porque su madre de 94 años está gravísima. Esto tiene triste a Duhalde -quien ahora, en solitario, sólo se dedica a jugar al ajedrez con la computadora-, también la actitud de Kirchner en el Mercosur. Lo de las inasistencias o retrasos del mandatario argentino ha provocado mal clima entre sus colegas, señala Duhalde, quien planteó tres anécdotas. Una, del chileno Ricardo Lagos, quien dijo que «buena parte del subdesarrollo en nuestros países obedece a que la gente no sabe usar el reloj». Otra, del brasileño Lula, quien, en una conferencia de prensa a la que no asistió Kirchner, insistió en que no sacaran su silla y, dos veces, señaló: «Esto debería responderlo la persona que debía estar en este asiento».
Por último, expresa inquietud por los uruguayos con el Mercosur: «No sabemos qué piensa Tabaré Vázquez del Frente Amplio; Jorge Batlle ha dado señales poco auspiciosas y el blanco ex mandatario Luis Lacalle señaló que, 'mientras tenga vida, hay cuestiones del Mercosur que no voy a consentir'». ¿Será por esta razón que hay tantos duhaldistas en Punta del Este? ¿Para calmar el espíritu poco grato al Mercosur de todo el espectro político del Uruguay?

• La estrella a capturar por el periodismo en el balneario es Teresa González Fernández (ella misma se califica de ese modo en el contestador telefónico), quien apareció en la residencia Las Parras, en La Barra, para acompañar el cóctel de Dudú Von Thieller, dueña de la editorial Lariviere, que se dedica a imprimir «coffe table books», libros de adorno así denominados por los ingleses, porque siempre terminan en la mesa del café y nadie los lee. Estaban Rattazzi, Santiago Soldati, Eduardo Amadeo -¡todavía no encontró un lector de su último libro!- y, por supuesto, la González Fernández, conocida como «la Colorada», ex esposa del gobernador Felipe Solá.
Dice que pasará enero con amigos (Gino Bogani, Juan Zorraquín, el propio Amadeo, con quien se vincula de tiempos remotos, cuando la esposa de éste y ella misma eran modelos y bailaban en programas de TV) y que, si bien «hay una impasse con Felipe, la verdad es que estamos separados». Se la ve bien, sonriente, dispuesta con todo el mundo; «es que soy muy saludera».

Ella, que no se ha ido de la política por la separación -se supone que alguno de su círculo integrará el gabinete de Solá-, por el momento, se reparte en reuniones y en cabalgatas, como la que se hizo en la vecina ciudad de San Carlos, en el campo de Ubaldo Aguirre, financista, ex Minetti y Banco Central, quien había encontrado documentos de la ciudad en Entre Ríos y, en esa ocasión, lo saludaron por el hallazgo y él brindó una fiesta campera con paseos a caballo.
Allí, entre tanto, se hablaba de otro «colorado» famoso, Francisco de Narváez, quien vive como soltero, claro, busca compañías en «Cipriani» (allí pernocta Pancho Dotto con toda su troupe de modelos pimpantes) y ahora abre oficina en Madrid para negociar con los holandeses la compra de Disco. También se hablaba del Pacha Cantón, quien le ha vendido todo a Laith Pharaon (hijo de Gaith) -tiene las viviendas un poco deterioradas- y ahora se dedica a la fabricación de quesos (buenos) y un vino tannat que no alcanza las cumbres de otros. Lo que nadie decía era a quién le corresponde el pseudónimo del «loco Chávez», ahora en pareja, y que hasta hace poco rumiaba su desventura familiar solo con su perra encontrada en la calle.

• También estuvimos cenando en el restorán «Cipriani» del hotel del mismo nombre y la gran novedad 5 estrellas de esta temporada. Los argentinos exquisitos que van a Punta del Este no dejan de probar el restorán, recordando muchos de ellos los «Cipriani» de Venecia (el origen de la fama de esta cadena de Arrigo Cipriani) y el de Nueva York. El de Punta no es tan grande en capacidad como el neoyorquino, casi similar al veneciano, pero, principalmente, se observa que no tiene precios satelitales como el hotel (5.000 dólares una suite principal uniendo sus partes, pero en un primer piso con vista sólo a una gran pileta de pasajeros). En el «Cipriani» se come por alrededor de 50 dólares por cabeza si se cena con una botella de vino Luigi Bosca, por ejemplo.
Por ese monto, se obtiene una entrada liviana, un plato principal y un postre, más café y un delicioso lemoncello. O sea que no «lo matan» con la cuesta final. Desde ya, tiene que sobrellevar mozos aún no experimentados a una semana de la inauguración y debe tomar en cuenta que es un restorán famoso, pero italiano. No vaya a pedir cucharita para la manteca ni que le renueven el pan, porque sencillamente se lo ponen de entrada en una canasta y que cada uno se arregle. Pero se come bien. Estuvimos este sábado y estaba completo. No se arriesgue a ir sin reservar, como le sucedió a Guido Parisier, su esposa Mónica y Guido Bogani, quienes no pudieron cenar. Sí lo hicieron conocidos comensales de Punta del Este, por caso, una mesa compartida por Gerardo Sofovich y Daniel Hadad con dos invitados.

Más privado, obvio, resultó el festejo cumpleañero del galerista Daniel Maman, quien, como todos los años, el 1 de enero -al igual que David Nalbandian-, celebró en «La Bourgogne» con casi 100 personas. Todavía expuestos a la comilona del día anterior, igual los codiciosos de hambre se agolparon en el restorán francés para exterminar un menú soberbio: nutrido ambigú (mesas servidas y mozos bandejeando) de parados, para luego someterse a un salmón preparado con hierbas y ensaladas, seguir con cordero -otra vez, cordero, cordero en todas partes- tan finamente macerado y tiernizado que costaba imaginar que fuera una pieza. Luego, postre helado, más tarde la torta y, los que resistieron, continuaron con champagne y delicias dulces.
Un alud entretanto de invitados que no paraban de hablar, de Luis Cedrola a José Juri, de Alejandro Roemmers a Luis Rusconi, Ricardo Reyes (Louis Vuitton) a Jorge Cohen, de Julio Raele a Saúl Rotsztain y Miguel Kiguel, de Jorge Triacca (h) a Germán Neuss, sin olvidar a Roberto Devorik, el director de Polo de Ralph Lauren que fue asesor de vestuario e imagen de Lady Di. Como es de imaginar, todos se le abalanzaron para conocer su versión del último libro del mayordomo Louis Burell, al que respaldó debido a que él también le escuchó decir a la entonces princesa: «A mí me van a matar, seguramente en un helicóptero».

• La comidilla se refería a Carlos Pedro Blaquier, ausente de la fiesta, quien no abandona el muelle y se ha instalado en su barco con su nueva mujer, Cristina, a punto de recibirse de abogada. Trascendió que escribe otro libro, «Breve historia de las doctrinas económicas. Desde los mercantilistas hasta nuestros días», que se agrega a un libro ya editado de filosofía (es egresado de El Salvador) y otro de memorias políticas.
Gusta de y colecciona arte, recomendaba el remate de anoche en San Rafael (una pieza de Rodin llamada «El beso») y se ufana de ser el propietario de la más completa documentación del político y pintor uruguayo Pedro Figari, además, claro, de una colección de obras tan completa que envidiaría el ex mandatario uruguayo Julio María Sanguinetti, autor de un panegérico sobre el pintor. Lo mejor de Blaquier, dicen quienes lo frecuentan, es el caviar que le capturan en el autóctono Río Negro con huevas traídas desde Siberia y sin proceso de pasteurización.

De esos detalles se podía pasar a un diálogo con la joyera Claudia Stad (Jean Pierre), quien, ante un curioso, contestó: «Mi colega más famoso y reconocido del planeta hoy se llama Joel Arthur Rosenthal y se lo conoce como JAR (sus piezas, claro), quien está instalado en un departamento de Place Vendome». Después, agregó: «Este hombre diseña sólo 70 joyas por año y jamás se sacó una fotografía para un medio de comunicación. Subastan obras de él en Christie's hasta por valores de casi dos millones de dólares y, claro, no se puede entrevistarlo a menos que él acepte convenir una cita».
Fascinada con el personaje, la Stad señalaba que el artista no hace la joya que le piden, sino que él dice la joya que le corresponde al cliente y, para elaborarla, se toma por lo menos un año. No hace nada que le parezca de mal gusto y, mientras desarrolla su trabajo, le envía cartas al destinatario de la pieza, escritas de puño y letra (en papel lacrado), en las que informa del estado de la joya. No es un advenedizo, ya tiene 25 años en la profesión (hace poco expuso en la Gilbert Collection de Londres) y este norteamericano radicado en París egresó de Harvard (arte, claro) como cualquier ministro de Economía argentino.

• Algunos bromeaban («¿por qué el inodoro odia el calor? Porque está harto de ver anos»), otros revelaban que por «Cipriani» estaba el hijo del presidente colombiano, Alvaro Uribe (el mismo al cual acaba de homenajear Otto Reich como uno de los preferidos de George Bush), pasaban una revista («Big Magazine») de fotografías que se lanzó en el balneario o, más seriamente, se consentía en que no será difícil para Bush lograr su reelección. Lo aseguran hasta los demócratas, quienes tienen el miedo político de que hacia mediados de año aparezca Bin Laden en cautiverio. Mientras todo esto transcurría en lo socialmente visible, una mujer interesaba a unos pocos en el cumpleaños de Maman: Esther Buk, psicóloga y desde hace años dedicada a la reflexología. Quienes descreen de esta disciplina, como algún testigo, se pueden sorprender con esta dama que ofrece seminarios en Estados Unidos, Israel y Europa (apenas pasa dos meses por Buenos Aires).
Su teoría es que en los pies están cifrados las potencialidades y bloqueos de las personas y que esas señales pueden leerse. Debilidades, adicciones, vocaciones, pueden localizarse en la planta de los pies y esas «marcas» -según ella- se establecen antes del nacimiento y hasta los doce años. O sea, es una lectura de pies en una jerga común, desde los cuales descubre «ventanas» para acceder a la interioridad o al inconsciente. Casi de Freud, al menos por el lenguaje científico que utiliza. Parece de excepción esta mujer y, para el verano, realmente es una atracción cuando la soja sigue subiendo, todo parece en paz a menos que se acepte lo que algunos duhaldistas -y otros que no lo son- avizoran como una crisis hacia febrero o marzo por la cuestión de la deuda y el FMI.

Vamos a terminar con un chiste «chancho». Un hombre está orinando en plena vía pública; pasa una mujer y exclama:
-¡Qué animal...!
-No se preocupe, señora: lo tengo bien amarrado...

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