2 de agosto 2004 - 00:00

Charlas de quincho

Empezamos los quinchos de este fin de semana en la residencia del embajador del país más poderoso, con megacoincidencias de políticos: se habló de todo, desde seguridad y economía hasta indiscretas frivolidades. En las antípodas de allí hubo una estupenda reunión marcada por el fútbol y la política. No menos brillante fue el cumpleaños de un médico excepcional, más conocido (obvio) en el exterior que en el país: claro, se habló de ciencia, pero también, y a veces con candorosa ingenuidad, de muchos famosos en su condición de pacientes. Estuvimos también en la celebración posterior al acto que promovió un ex presidente para homenajear a un sempiterno candidato, habitual nombre de unión entre radicales y peronistas, y terminamos en el exterior, más precisamente en la Convención Demócrata norteamericana, de donde el vicepresidente argentino importó una idea con la que tratará de seducir a su superior. Veamos.

Argentina, toda la verdad: es el titular que leen en Nueva York la senadora Cristina de Kirchner; el presidente del International Freedom Center, Tom Bernesteing; y el cónsul de Nueva York, Héctor Timerman. (arriba) Daniel Scioli en Boston, con el ex gobernador de Florida y ahora experto en Inteligencia Bob Graham. (abajo)
"Argentina, toda la verdad": es el titular que leen en Nueva York la senadora Cristina de Kirchner; el presidente del International Freedom Center, Tom Bernesteing; y el cónsul de Nueva York, Héctor Timerman. (arriba) Daniel Scioli en Boston, con el ex gobernador de Florida y ahora experto en Inteligencia Bob Graham. (abajo)
• En tiempos en que se descubren agentes secretos o espías de múltiples funciones, enterarse de que «la Embajada de los Estados Unidos se ha quedado sin su cerebro» (Lino Gutiérrez dixit) se inscribe casi en esa modalidad de la transparencia explícita que dice dominar el país. Por lo menos, con esa ironía se tomaron las palabras del embajador al despedir, una vez más, a Michael Matera -y su esposa argentina Silvina Batnick-, quien fue asesor político en la sinecura durante 4 años y que parte a un cargo más expectanteen Washington (al despachoen el Departamento de Estadono casualmente denominado «Brasil y Cono Sur», lo que demuestra la consideración por tamaños y poderes). Hasta setiembre habrá que esperar al reemplazante de Matera, lo que indica escaso o mínimo interés del gobierno norteamericano por los episodios de la Argentina.
Mientras, no olvidar la nueva función de Matera: será el principal informante de los países de la región para Roger Noriega, ese hombre al que destrató Néstor Kirchner (y su ministro Rafael Bielsa) pero que es el subsecretario del Departamento de Estado para América Latina y habla siempre por su presidente. Tampoco es mala fecha setiembre para la sucesión: entonces, el conflicto con el FMI puede estar en su momento cumbre.

• Amable reunión en la palermitana residencia con asistentes de todos los sectores, casi en sintonía con la nueva actitud del gobierno argentino: invitados al Gran Acuerdo Nacional. Estas megacoincidencias siempre anticiparon desaguisados, de la reforma constitucional a destituciones. Se supone que ahora será distinto, aunque participen inveterados personajes de esas desgracias anteriores, caso Raúl Alfonsín, corresponsable de la reelección, entre otros desastres institucionales, y quien no fue observador pasivo en la caída de Fernando de la Rúa. Allí, para el brindis del destierro de Matera, estaban Adalberto Rodríguez Giavarini -entusiasmado principiante porque en dos sábados se casa una de sus hijas- y el ministro Carlos Tomada, quien del gobierno no informaba mucho pero se alegraba del equilibrio tripartito que por ahora muestra el funcionamiento de la nueva CGT. También concurrieron el radical Jesús Rodríguez y el menemista Jorge Castro, Patricia Bullrich, el macrista Eugenio Burzaco (a cargo de la futura experiencia política bonaerense del titular de Boca Juniors), Jorge Argüello, Alberto García Lema, el reaparecido «chachista» Pedro del Piero, Miguel Angel Toma (devenido casi oficialista desde que contrajo la hepatitis que le puso más rubio el cabello o por la renuncia de Gustavo Béliz, los desatinos denunciados en la SIDE o, más sencillamente, porque Alberto Fernández lo citó a dialogar luego que compartieron un programa de TV en busca de la conciliación de espías y agentes argentinos).Y Vicente Massot, Rosendo Fraga, Julio Aurelio, Arnoldo Listre, Graciela Rohmer y el abogado Jorge Hatrikck. Sólo faltaban Alfonsín y Eduardo Duhalde, pero esa falla diplomática debe atribuirse -como confesó el anfitrión-a que la « embajada se quedó sin el cerebro» y hasta setiembre no contratará más materia gris.

• Grandes temas, claro, pero también los pequeños. Tipo, como dirían los jóvenes, la presunta separación del exitoso empresario Eduardo Costantini de Gloria Fiorito, tema que seguramente dominará las revistas del corazón de la semana. O el cotilleo que rodea a la embajada argentina en París, a cargo de Archibaldo Lanús, a quien en la Cancillería dan por despedido y sucedido por el secretario de Industria, Alberto Dumont (un soldado a premiar de Roberto Lavagna). Sin embargo, hay que confiar en « Archie» y sus habilidades de supervivencia, casi un especialista para los intrépidos programas de TV en la materia o, si no fuera por la edad, para integrarlo a un equipo especial de comandos: ya lo enterraron varias veces y, en una de ellas, fue reflotado hasta por un equipo de firmas de todos los paladares posibles, lo que limitó un propósito inicial de los Kirchner. Después, claro, estuvo su propio talento con la pareja presidencial, definido por un experto en rugby: «Es como la ovalada: si la dejás picar, luego no la agarrás más». En esta ocasión, quienes saben afirman que el dócil mandatario ha sostenido ante la idea de sacar a Lanús: «En Francia hay un buen embajador, déjense de embromar con los cambios». Más sensato que nunca o ¿se habrá referido a la acción de otro ministro?

• Algunos de los habitantes de la residencia parecían sumarse al quejoso coro del renunciado Béliz (bien considerado en la embajada, por otra parte), sea por la mala educación presidencial o por su hábito para incumplir horarios. Recordaban cuando lo plantó al jefe de Rusia, Vladimir Putin, o a la millonaria titular de Hewlett Packard. Nadie olvide que los diplomáticos de EE.UU. -si concretan negocios- pueden por ley percibir un fee de esa operación. Tomada no se enredó en ese debate (finalmente, a él tampoco le debe haber ido bien alguna vez con la ira de Olivos), pero sí admitió que su ministerio tenía discrepancias con la medición de Economía sobre el nivel de pobreza. Nada más. El resto lo aportaron otros especialistas: la presentación de Lavagna resultó falaz, su índice propio exhibe entre 3 y 4 puntos menos de pobreza que el del INDEC. Después, llovieron las conjeturas: ¿para qué cuestionar un índice oficial reconocido?, ¿quiere inventar una distracción estadística, como hizo alguna vez José Alfredo Martínez de Hoz con el índice de la carne en relación con los datos inflacionarios? Y así sucesivamente, hasta la demoledora realidad de que la pobreza, punto más, punto menos, sigue alcanzando a la mitad del país. Demasiada prisa en Lavagna, cierta torpeza, por aceptar un reclamo de la Casa Rosada de dar una buena noticia cuando Béliz y su equipo aterraban al gobierno con malas noticias.

• Piquetes de charlistas en cada rincón. Castro, sin que nadie le discutiera, aseguraba que aún no está resuelta la elección en EE.UU. y que no puede descartarse un eventual triunfo de George Bush. ¿Impresión, análisis o deseo? Lo cierto es que, se convino, la publicitada convención demócrata con John Kerry no fue del todo feliz para el candidato, ya que más de una noche los delegados trataron de demostrar que Kerry es un héroe de Vietnam y, como sostuvo el ex alcalde Rudolph Giuliani, fueron 4 noches tapando agujeros para poder mostrar que Kerry, como senador, jamás votó una ley en línea con sus actuales promesas.

• Renacido a la política, de nuevo en TV y por la Casa de Gobierno, Toma hablaba casi en voz alta y exigía la detención de Gustavo Béliz. «Debe ir preso, debe ir preso», clamaba porque el ex ministro había descubierto la identidad de un agente encubierto de la SIDE (el cual, confesó luego, a él lo acompañó en más de un viaje al exterior). Enojado, insistía en la vergüenza de que Béliz llegó al gobierno pregonando la « tolerancia cero» y, luego, fue en su ejercicio incompatible con todo lo que hizo después desde la función. Alguien lo contuvo: bueno, te vas a pelear con todo el gobierno; finalmente, en la fórmula porteña Cavallo-Béliz, uno de los aspirantes a legislador era Alberto Fernández.

• Como si dialogaran de poesía en ese lugar, Rodríguez y Rosendo Fraga se apuntaban para promover el Premio Nobel de la Paz para el ex presidente de la República Checa, Vaclav Havel, mientras Rodríguez Giavarini se oponía al último libro de Samuel Huntington en el que habla del riesgo -para la identidad norteamericana-de la penetración hispánica. Casi cándido el ex canciller: Huntington siempre debe encontrar un enemigo. Por último, los radicales Marcelo Stubrin y Raúl Alconada Sempé entendían que su partido debía concurrir a la cita propuesta por el gobierno. Y, siguiendo palabras de Alfonsín, hasta podían reconocer que era necesario evitar que el país caiga en manos de Daniel Scioli o en una nueva asamblea legislativa. Ya Alfonsín, en el pasado, se asustó mucho por la llegada de Duhalde, al que consideraba un «fascista». Claro que luego no le importó cuando Duhalde llegó acompañado de su mano. Historias demasiado recientes de la Argentina moderna, cuando en verdad lo que por el momento pretende Kirchner es impedir que Béliz vaya al Congreso de la Nación y siga hablando. Lo que se dice un pacto de silencio. Cómo estarán las cosas que entre tantos hombres nadie reparó en lo que se servía y, lo más importante, ni un comentario circuló sobre damas o damitas, presentes o ausentes.

• Otro mundo, el de la comida caliente, concreta y suculenta, vino tinto y voces pastosas, como caracteriza el universo de «La Raya», tradicional restorán de los Vinagre, porteño nacido en la calle Pavón, desde hace tiempo con casa matriz en Ortiz de Ocampo y Las Heras y, ahora, con sucursal en San Telmo, en lo que fue el bellísimo restorán de Daniel Lalín «Callede Angeles». Para la inauguración llegó de todo: fútbol y trasnoche, con Carlos Babington, el «Bambino» Veira, Fernando Niembro, Carlos Avila, Ernesto Cherquis Bialo, «Chiche» Sosa, el «Coco» Basile, más la política con Ginés González García, José Luis Manzano, los diputados oficialistas Eduardo Arnold y el duhaldista Daniel Basile, más los radicales José María García Arecha y Rafael Pascual. Por un rato, los concurrentes a Ortiz de Ocampo se mudaron a esa belleza de San Telmo, con escenografía decorada por gente del Colón que semeja a un pasaje del barrio a principios del siglo pasado.

• Por supuesto hubo discusión: García Arecha y González García se quejaron porque faltaba un escudo de Racing -seguramente se lo llevó Lalín-, aunque ellos apuntaban a la simpatía de Claudio Vinagre por Independiente. Los del sector político se preguntaban: ¿qué hacemos en un local que pertenece al santacruceño Granero, el ex segundo del PAMI? No preocuparse con ligazones: el hombre sólo alquila a los expertos en carne. Avila relataba su viaje por EE.UU., los técnicos del nuevo campeonato y, según decía García Arecha, el senador Mario Losada ya había sido anticipado por Kirchner -cuando lo subió al avión presidencial en un viaje a Venezuela- de que iba a necesitar a la UCR para gobernar. Rostro de felicidad en el partido: licencia para pedir.

• Quizá como perla, en una de las mesas, lejos de la política relativamente pero sí definitivamente del fútbol, algunos invitados se fueron indignando a medida que comentabanel veto a una profesora de gramática a participar en el próximo Congreso de la Lengua Castellana, en Rosario. Lo importante: no sería la única en ser desinvitada y quienes se responsabilizan por la lista negra son comandadas por la esposa del Presidente, Cristina de Kirchner, titular del Congreso. Afortunadamente, los radicales no escuchaban: ellos, se presume, reaccionarían contra esa discriminación.

• Lo cierto es que a la lingüista rosarina Nélida Donni de Mirande le han prohibido asistir al congreso; la excusa: haber trabajado en su profesión en la época militar, como si algunos asistentes españoles no hubieran colaborado con Francisco Franco -inclusive, siguen defendiendo esas ideas-o conspicuos argentinos de esta administración (caso el magistrado Raúl Zaffaroni) no hubiese jurado por los fundamentos del Estatuto Militar. Nadie entiende esta persecución, pero remite a las peores sospechas.

• No necesitó atención cardíaca, al cumplir 67 años, Luis de la Fuente; al contrario, el día del festejo, él todavía continuaba dando ese servicio en la clínica y, de paso, por la noche celebró en su departamento de Palermo.
Sushi, empanadas, pastas, postres, la torta habitual, vino y champagne, como si todos tuvieran 25 años, y una colección de médicos extranjeros que vinieron para la ocasión. Como siempre ocurre en la Argentina, a De la Fuente parecen conocerlo más en el exterior que en el país. Destino casi semejante al colega que, en los Estados Unidos, él logró convencer para que regresara a Buenos Aires y se instalara en el sanatorio Güemes a pesar de que entonces eran mínimos los elementos técnicos en ese lugar. Claro, De la Fuente trajo al país a René Favaloro.

• Estaban Francies Fontan Fitte (cirujano francés cuyo nombre lleva una operación, la técnica Fontan), Richard Myler y Simon Stertzer, de Stanford, los primeros en hacer una angioplastia en los Estados Unidos; Adrián Barceló (con quien De la Fuente descubrió la función del seno coronario) y otros amigos quizá con menos premios científicos. Tan especializados en lo suyo los médicos que, en ocasiones, su conversación era casi ingenua; de ahí que lo más interesante era lo que De la Fuente contaba de sus pacientes famosos, aunque siempre con discreción. Por ejemplo, se sorprendía de lo amable y humilde que era Sandro, de la escasa relación que podía tener con lo que la imaginación suele atribuirles a los divos, personaje que conocía bien porque lo ha cateterizado hace ya dos años. También habló de otro que tuvo a corazón abierto, Mariano Grondona y, aunque nadie estaba para develar secretos, igual no claudicó en decir el nombre del animador televisivo que hace poco se salvó de un by pass por observarse en el aparato más moderno del mundo, que, hoy por hoy, mejor ve el corazón.

• No se podía obviar el « perdón» que, desde el Estado, dijo Néstor Kirchner que se le debía a Favaloro, aunque esa frase entró en contradicción con otra actitud del Presidente: es que, finalmente, a la autopista Buenos Aires-La Plata, bendecida unos pocos días más tarde por Kirchner como Ricardo Balbín ( aunque todavía hay pleito por una ley provincial que la designó como Oscar Alende), en rigor inicialmente se iba a llamar René Favaloro. Esa nominación, sin duda, hubiera sido una forma más cierta de pedir «perdón» desde el Estado, aunque esa observación podía ser sospechosa en boca de un riojano como De la Fuente, quizás el argentino más destacado de la especialidad.

• Luego de permanecer in vitro durante un tiempo, Raúl Alfonsín hizo un acto en el Luna Park en homenaje a Ricardo Balbín, quien primero lo eligió a él como delfín y, luego, como es clásico en el ejercicio político, tuvo que desheredarlo porque el delfín no se volvió confiable. Pero así es la vida y Alfonsín ahora sólo tiene para decir frases de elogio para Balbín. De paso, como antes, alguna ventaja saca: como compartir con Kirchner la inauguración de una autopista, una forma de reaparecer en los diarios creyendo que le hacen bien al país. También él dispone de escasa memoria: ya se olvidó de que el Presidente lo anatematizó porque, según él, en tiempos de Alfonsín no se hizo nada contra los militares torturadores ( aparentemente nunca se enteró de que hubo un juicio a las juntas).

• Pero, al margen de esto, volver a la vida oficialista agrada a más de un profesional como Alfonsín, quien acompañado por un centenar de colaboradores buscaron un lugar de urgencia para celebrar: «Don Carlos», en la calle Alsina, lugar de pastas que no pudo albergar a todos los que fueron. Apenas se sentaron unos 50, comieron pastas, y se destacaron el enflaquecido Leopoldo Moreau, María del Carmen Banzas, el «Changui» Cáceres, Alfredo Vítolo (h), Aldo Neri, Adolfo Gass, Enrique Olivera y Luis Bielicki, quien se proclama lebensohniano y a cada rato debe explicar quién era Moisés Lebensohn. Inquietud en la cena por la lejanía de los sanitarios: muchos de los convocados, prostáticos, debían concurrir con frecuencia y se les complicaba la reunión. Pero esas peripecias se saldaron con otro premio: hubo dos comensales, tal vez turistas, que le pidieron autógrafos a Alfonsín.

• Cada uno tenía su historia. Internacional, por ejemplo, los allegados al socialismo español se preguntaban qué pasaba con el PSOE que no le daba la venia al flamante embajador argentino Carlos Bettini: ya pasaron 35 días y el amigo de Felipe González sigue en veremos, casi una afrenta comparada con el plácet de 5 días que le tardó al renunciado duhaldista Abel Parentini. ¿Algo pasa en Madrid?, bromeaban sobre las costillas de Bettini, quien entre otras razones llegó a diplomático por esos buenos vínculos con el gobierno de Zapatero. En la misma onda externa se habló del último informe del FMI, el de la «autocrítica», en el que se menciona a varios argentinos como consultados por los técnicos del organismo. ¿No es hora de atacar a alguno de ellos? Se hizo una lista, pero se convino que también aparecían amigos y responsables como José Luis Machinea, hoy disfrutando de esos cargos internacionales que tan bien saben cultivar los economistas radicales. Entonces, mejor el silencio y dejar en paz a gente como Roberto Alemann, Ricardo Arrizau, Arnaldo Musich, Roberto Lavagna, Gustavo Cañonero (Deutsche Bank), Eduardo Curia, Arturo O'Connell, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Ferrer o Hugo Moyano.

• Quienes estuvieron en la autopista se sorprendieron con una presencia femenina: María Teresa Solá, quien bajó del helicóptero presidencial junto a Kirchner, los dos Fernández y José María Díaz Bancalari. ¿Qué nivel el de la ahora consultora de Eduardo Eurnekian y ex esposa del gobernador?, comentaban, ya que a la vuelta hasta cargó con su ex marido pues éste tenía una cena con Julio De Vido y el influyente colaborador Rafael Magnanini. Fue un acto casi para ella, sonreían, ya que su padre -un radical-fue embajador de Arturo Illia y, su abuelo, un marino conservador que defendió a Hipólito Yrigoyen en el golpe del '30.
Mayor comentario fue la nube de flores, de otras mujeres platenses, con las cuales recibieron a la «Colorada». Bielicki, mientras, contaba que una peña partidaria que comía en el Club del Progreso debió migrar al tradicional Lalín (donde Alfonsín podía cenar con un bife y 6 huevos fritos, en otros tiempos claro). Es que en el Club de Alem (donde se suicidó al menos), reconocía Bielicki, se incorporaron nuevos concesionarios gastronómicos y el menú y la clientela comenzaron a cambiar. Entonces, volaron como las hojas del tiempo.

• Terceto argentino de moda en Boston: almuerzo con Madelaine Albright -furibunda anticomunista y ex funcionaria del gobierno-de Daniel Scioli, Cristina de Kirchner y el radical Angel Rozas. Después, cada uno por su lado: Rozas a la convención, a un palco; Scioli, a la popular de los demócratas, y ella, sin paradero conocido. Scioli, quien prometió volver a la convención de los republicanos -debe estar con un ensayo en la materia-participó también de una cena exclusiva, en el «Grill 23» de la esquina de Berkeley y Stuart con 30 miembros del comité de campaña de John Kerry, entre los que estaban el manager proselitista Bob Farmer, el ex candidato Michael Dukakis, la sombra de Kerry, Bob Crow, un abogado amigo de Scioli, Melvin Farrel. La clave del vicepresidente, sin embargo, estuvo un rato antes: se reunió con otro colaborador del candidato, Bob Graham, ex gobernador de Florida y ahora encargado de reformar todos los organismos de inteligencia de los Estados Unidos (siempre y cuando los demócratas lleguen al poder).

• Scioli, al mencionar un discurso crítico de Bill Clinton, se interesó en la poda salarial para 88 mil policías. Es que el ex mandatario, como a fin de año vence la prohibición para el uso de armas de asalto por parte de particulares, dijo que su política es más policías y menos armas, al revés de Bush. De ahí que promovió un eslogan: si quiere más policías, vote a Kerry; si quiere más armas, vote a Bush.
Pensó Scioli que esa propuesta tal vez le interese a Kirchner, y a Graham le comentó la intención de su gobierno de impedir manifestaciones con policías y sin armas. Graham lo miró, también le hizo comentarios.

• Vamos a terminar con un chiste escuchado en un quincho de Hebraica:

Por primera vez, una mujer judía es elegida presidenta de los EE.UU. Exaltada, llama telefónicamente a su mamá: «Mamele, gané las elecciones, soy presidenta de EE.UU., y quiero que vengas a la ceremonia de asunción del cargo». «Pero hijita mía -contesta la madre-, no sé qué me voy a poner.» «No te preocupes mamá, Christian Dior ya te está diseñando un vestido especial.» «Pero hija, yo sólo como comida kasher.» «Mamele, el Rabinato está mandando un cocinero especialmente para kasherizar toda la Casa Blanca.» «¿Sí? Bueno, hijita... ¿Pero cómo voy a llegar hasta allí?» «Mamá, estoy mandando el Air Force One para que te vaya a buscar.» «¿Y dónde voy a dormir?» «Ay, mamá. Vas a estar en el dormitorio de Lincoln, mandé hacer allí una mikve sólo para vos.» «Bueno, bueno, está bien. Si eso te va a hacer feliz, voy a ir.» Llega el gran día, la madre está sentada entre los dos principales senadores del país, frente al público. Y, en el momento cumbre en que su hija se va a convertir en presidenta, se da vuelta hacia el senador a su izquierda, y le dice: «¿Sabe usted quién es aquella niña haciendo el juramento con la mano en el libro?» «Sí, por supuesto», responde el senador. Y ella, llena de orgullo, le dice: «No estoy segura de que lo sepa. Yo se lo diré: es la hermana de un médico».

Dejá tu comentario