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15 de mayo 2006 - 00:00

Charlas de quincho

Como todo argentino que comparte en grupo varios días en el exterior, empresarios que viajaron a una cumbre se reunieron en Puerto Madero para recordar los buenos momentos pasados. Como era en un restorán, se habló de las escapadas gastronómicas de otro viajero, pero también de cómo éste debió evitar a dos colegas con quienes (por estos días) no quiere ser visto. Un periodista festejó en el Bajo Flores un acontecimiento con el que, como otros, podría escribir libros exitosísimos. Se habló del enojo presidencial con los ganaderos, pero también hubo un dueto tanguero conmovedor. Finalmente, en el Gran Buenos Aires se habilitó un museo que recoge los objetos y recuerdos de uno de los más grandes deportistas del país. Veamos.

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Roberto De Vicenzo, con la vicegobernadora bonaerense Graciela Giannettasio. En Berazategui se inauguró un museo que homenajea al mayor golfista argentino de la historia. (arriba) El ex juez Hernán Bernasconi y la periodista Alicia Barrios (en la foto, con Jorge Guinzburg) se casaron por civil y por iglesia. Hubo políticos, sindicalistas, hombres del derecho y, claro, más periodistas. (abajo)
  • Algunos empresarios, más un par de políticos, luego de la celebración de Boca, se reunían anoche en Puerto Madero (lugar, el discreto «Hondo»). No era un grupo insignificante: todos habían estado en la gira presidencial por Viena, allí entablaron una relación que hoy parece estrecha y mañana seguramente se disipará. Típicos encuentros de quienes pasan en el exterior tres o cuatro días o noches juntos. En rigor, continuaban lo que habían vivido en Austria y, de paso, trazaron un balance del periplo de Néstor Kirchner. Más para las esposas presentes que para el periodismo.
    ¿Por qué no asistió el mandatario a la cena final en Schonbrunne (una especie de Versailles de los Habsburgo) y, en cambio, de sport, se fue a comer a un restorán de la empresa turística de Nikki Lauda, aquel rival de Carlos Reutemann? ¿Otro desaire como el que le hizo a la reina de Holanda?, interrogaban las mujeres al tiempo que se internaban en una ensalada mediterránea. «Tal vez», aventuró uno de los presentes, «pero me parece que Kirchner se aparta de estos programas gastronómicos por cuestiones de salud más que por capricho o mala educación. Nadie debe olvidar que ciertos platos no programados le han causado derivaciones costosas y, por lo tanto, sus médicos personales le sugieren escapar de esas citas».   

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  • «Bueno, pero convengamos en que el garrón con chucrut que se mandaron frente a la catedral de San Esteban -acompañado con cerveza en un local que para la delegación era una «Munich»- también debía de ser explosivo para cualquier estómago», señaló otro de los presentes, no satisfecho con la explicación médica de su colega. Igual, convinieron, ningún menú complica cuando comés en familia y, en el viaje, todos se sentían hermanos: hasta Alberto Fernández con Carlos Zannini -a quien todos sindican como el cerebro jurídico del gobierno, a pesar de que se recibió bien de grande, en los noventa, y no por razones de persecución política-, Cristina Fernández, Jorge Taiana, Alberto Balestrini, José Pampuro (uno de los que más cena con el matrimonio presidencial los fines de semana), José María Díaz Bancalari y hasta los «primos» radicales Julio Cobos (al que ya llamaban Cleto) y Gustavo Posse.
    Mientras las mujeres avanzaban con los lenguados y los hombres con las pastas, los recién llegados contaban que a Kirchner le gustaba presumir de su encuentro con el español José Luis Rodríguez Zapatero (diciendo que esa sola reunión justificó el viaje) y también de cómo había esquivado la fotografía y la reunión con Evo Morales y Hugo Chávez. Si bien lo eludió al boliviano, con el venezolano no pudo: éste parece que lo seguía por los pasillos e, inclusive, hasta quiso entrar por la misma puerta por la que había ingresado Kirchner. Se lo impidieron dos custodios con la advertencia «¡Es el baño!». Pero ese detalle no arredró a Chávez y lo siguió a Kirchner en el mingitorio, después se lavaron las manos juntos, se saludaron, y prometieron volver a encontrarse. Esa es la afinidad latinoamericana, bromeaban en la mesa.


  • Contaban los viajeros que los austríacos habían puesto lo mejor para las dos delegaciones, la privada de empresarios y la oficial, con los principales palacios (como el Hofburg, que fue sede de la monarquía, y el Belvedere con grandes obras góticas y «El beso», la famosa pintura de Klimt). ¿Se interesaron los Kirchner por la historia, la plástica, la música?, interrogaban las damas a gente que tampoco se había inundado de esas piedras preciosas en Viena. Creo que Cristina se interesó por el anecdotario de Sissi (in situ, claro, porque ella ya lo conocía o al menos había visto los films), supongo que no habrán podido desligarse del eterno Mozart y sus celebraciones (aunque más curiosidad les deparó saber que el autor era un eminente masón y que el himno de Austria, atribuido a Mozart, justamente se basa en una canción de los masones), ella creo que habrá ido a comprar Loden en Plankl (donde compraba Francisco José), pero a él no lo convencieron de admirar la cúpula falsa de la Jesuitanischeskirche (realizada por Andrea Pozzo, el mismo que hizo una gemela para San Ignacio, en Roma) ni recorrió el Kunsthistorisches, el primer edificio construido en el mundo como museo (ya que el Louvre u otros, inicialmente, eran palacios). Casi va, reconocían, a visitar la casa de Freud, pero hizo bien en evitarla: yo fui, es un departamento viejo, no dice nada, queda en un barrio alejado y su patrimonio arqueológico está todo en Londres. Sólo vale como sentimentalismo para aquellos que han tenido muchas horas de diván.
    Ninguno de los presentes sabía, realmente, cuál ha sido la razón de la no llegada al grupo privado (Soldati, McFarlane, Pereyra de Olazábal, Fioritto, De la Vega, Gutiérrez, Argüelles) de Luis Pagani -quien además debía ser speaker- y de Héctor Méndez. Todos sorprendidos, ya que ambos -además de empresarios- también titularizan asociaciones, AEA y UIA respectivamente, como muchos de los que viajaron (Cámara de Comercio, CGE, Exportadores). O sea, según ellos, una ausencia doble. Y de gente que no rehúsa volar. Tampoco nadie entendía en la mesa por qué no habían incluido a Julio De Vido en el núcleo oficial. Se admitía, finalmente, que las comitivas privadas suelen ser siempre las mismas, con Menem, De la Rúa, Duhalde o Kirchner. Es como la anécdota de Zulema Menem, quien un día preguntó en la residencia de Olivos a uno de los mozos: «Dígame, ¿quiénes venían antes a este lugar?» «Mire, señora -le respondió el mozo-, son los mismos que vienen ahora. Los únicos que cambian son ustedes.»

  • Para cerrar con el postre, uno de los más serios improvisó sobre la escasa presencia de empresarios europeos en la cumbre, de que ésta fue más política que económica, y de que los mexicanos se robaron todas las reuniones: no sólo por las comidas típicas a las que sometieron oficialmente a todos, sino porque instalaron su propia cerveza (Corona). Todo un logro, medianamente explicable: después de todo, hubo un emperador austríaco, Maximiliano de Habsburgo, en México. Pero las mujeres pretendían otros detalles. Por ejemplo, la visita del matrimonio y colaboradores a la Escuela Imperial de Equitación Española (no olvidar que por los Habsburgo, Austria y España estuvieron unidos), quizás la más antigua del mundo, una exhibición que un desubicado del grupo comparó con la de los caballos de Moneta en la Opera Pampa que presentan en la Rural.
    Por supuesto, no entendía mucho de caballos, tampoco de historia (¿para qué hablarle de Austerlitz y Napoleón?) y al poco tiempo del pas de deux de las jacas, ya estaba aburrido. A Kirchner le pasó algo parecido, quizás con razón, pues a los 5 minutos ya estaba jaraneando con sus acompañantes porque en el picadero lo que hacen los Lipizzaners (los caballos provenían de Lippiza, una ciudad de Eslovenia) exige ojos demasiado entendidos. O curiosos, como los de Cristina, quien se deslumbró con el ballet de equinos y la destreza de los jinetes. Tampoco iba a protagonizar papelones, ya que estaban en el palco principal y el maestro de ceremonias anunció la presencia oficial que cosechó razonables aplausos de los turistas. Es que ellos iban a ver caballos y, de yapa, se obsequiaron fotos de un mandatario exótico.

  • Si es cierto que los salmones rejuvenecen por nadar contra la corriente, se podría coincidir en que un fenómeno semejante atraviesa Bernardo Neustadt (sin aludir, por lo obvio, a qué corriente se opone). Lo cierto es que se lo ve más lozano que hace unos años, casi como esos pescados de los lagos del Sur, aunque mantiene pasiones festivas de antaño: por ejemplo, celebrar, cada tanto, ciertos acontecimientos de su vida. Y si en este caso podía recurrir al parangón de su «plaza del sí», en tiempos de Carlos Menem, con la que el 25 de este mes hará con similar propósito el presidente Kirchner, eligió otra ocasión de su pasado para conmemorar. Una lástima: se mantienen intactas ciertas condiciones de aquella convocatoria a la Plaza de Mayo -por ejemplo, la organización y fervor en manos del sindicalista Luis Barrionuevo- y también algunas diferencias: por entonces, Neustadt había promovido esa movilizacióna favor de algunas medidasoficiales pero al mismo tiempo por TV reclamaba « Paren de robar» (y hasta aportó algunos nombres del gobierno), advirtiendo sobre un doble estándar en aquella administración que hoy no aparece en el mensaje de ninguno de los que se concentrará frente a la Casa Rosada. Seguramente porque esos episodios no existen o sólo puede verlos Elisa Carrió.
    Menos político en la ocasión, Neustadt apeló al recuerdo personal de una década atrás que lo conmovió: cuando se le paró el corazón y durante unos minutos -sobre los hombros del doctor Izzola que lo cargó- estuvo en ese umbral de la muerte en torno al cual se han escrito varios best sellers. Y se seguirán escribiendo. Ese hito cardíaco, también una forma de rejuvenecimiento, lo celebra con respeto anual y casi siempre con una misma logia de amigos, unas veces en su casa, otra en salones, en esta ocasión en ese quincho ad-hoc de los hermanos Guerrieri (Mario y Roberto) en la calle Castañón.

  • Como está más feminista, Neustadt citó a los invitados con esposas -lo cual es casi una novedad en Castañón, lugar bien porteño y tanguero, casi misógino, con habituales reuniones de club inglés-, lo cual dotó de bullicio especial a la noche. Al menos, se incrementaron las conversaciones, hubo más protagonismo parlante en las mesas, tal vez menos recordable y por supuesto sin cortes publicitarios. Lo que se apreció en el cóctel previo y, luego, durante el asado al que se rindieron, entre otros, Miguel Angel Broda (llegó con sus dos hijas), Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Julio Werthein (dijo ignorar el tema de la venta de acciones de Repsol YPF a pesar de que será tesorero de la Bolsa de Comercio), Luciano Miguens, Moisés Ikonicoff, Javier Tizado, Jorge Triaca, el general Daniel Reimundes, el periodista Juan Yofre y el abogado Carlos Sánchez Herrera, defensor de los intereses de Néstor Kirchner en Santa Cruz pero de meteórico servicio al mandatario como procurador del Tesoro. Con ese plantel, mixto claro, se evitaron diálogos trasnochados y masculinos -tipo «a esta edad sólo me dedico al sexo oral, es decir sólo hablo de sexo»-, y proliferaron otros más menudos -tipo «la reina del Carnaval de Gualeguaychú que apareció contra las papeleras en la cumbre de Viena estará toda esta semana en los programas de la tele» o «el casamiento de Cacho Castaña con una chica 38 años menor que él no es un milagro, el milagro es que hace 5 años que ya viven juntos»-.

  • Aunque hubo coincidencia crítica sobre una realidad política: hubo mayoría quejosa contra el despido sin indemnización del bloque oficialista a la diputada María del Carmen Alarcón por haber opinado contra la política de carnes del Presidente. Algunos conjeturaban (y lo miraban a Miguens en busca de auxilio) que la intemperancia de Kirchner con el campo quizás la morigere si se produce una protesta del agro en la Capital, con tractores y cosechadoras (por no hablar de trasladar vacas y soltarlas en el centro, sin demasiado riesgo económico ya que hoy cuestan menos que un par de zapatos) mientras otros se lanzaban contra el verdugo de la Alarcón, el diputado santafesino Agustín Rossi, cuyo obediente verticalismo no le alcanzó para subirse al avión del Presidente a Viena. Por el contrario, decían, lo bajaron a pesar de que estaba anotado. Lo cambiaron por José María Díaz Bancalari y el hombre se deprimió tanto con la noticia que hasta perdió algunas lágrimas por el desaire (algo parecido con las tachas aéreas le pasó al legislador Jorge Argüello, quien compensó con un cargo que tuvo Eduardo Menem en el pasado, titular de la Comisión de Paz y Seguridad del Parlamento Mundial: es decir, boletos y estadías asegurados para viajar todo el año).

  • Contaba Sánchez Herrera, a propósito del nuevo titular de Agricultura en Diputados, Carlos «Cuto» Moreno (abogado de Tres Arroyos), que era hombre de su amistad y que, en el pasado, le hizo más de un favor a Kirchner. Entre ellos, reveló uno clave: fue quien lo albergó y ocultó en su casa cuando al hoy mandatario presuntamente lo buscaban para interrogarlo -por lo menos- los militares. Por entonces, precisó con cierto humor, parece que no sólo lo requerían los uniformados, sino también estaban molestos con él los montoneros: es que si bien simpatizaba con esa fracción, desde que se aproximó a ese movimiento hizo planteos y cuestionamientos y armó tanto barullo que ellos también lo perseguían.
    Casi minimalista, Neustadt saludaba todo de negro (salvo la camisa), bromeó sobre el valor de su corazón recuperado y dijo que al tener 10 años de la nueva vida, casi llega a lo de los hermanos Guerrieri con pantalones cortos. En realidad, siempre hace un chiste parecido todos los años. Mencionó que por el acontecimiento padecido hace diez años, esa mañana lo saludó María Elena Walsh y que, del «otro lado» (¿se refería al gobierno actual o eso que los comunes llaman cielo?) en su momento no lo habían querido. Mientras, un sacerdote ignoto hasta concedía bendiciones a Triaca y a Yofre, pero lo mejor estaba por venir: es que para cerrar la cena, bien dotada en alcoholes, cantó Julia Zenko, quien ya sorprendía por una sonrisa tan amplia como el escote y un cabello que de negro había virado al azul.

  • Entre las pocas piezas que entonó, llegó a «Renaceré» de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. No fue casual: entre los invitados estaba el popular vate uruguayo, quien fue llamado a una improvisada cabecera y, desde allí, relató cómo Piazzolla le había pedido que escribiera la letra de la opera «María de Buenos Aires», a cuya música en germinación le tenía alguna desconfianza, pero que luego la reconoció como algo de lo más grande que había hecho (de lo que ambos, en rigor, habían hecho juntos). Cantó entonces la Zenko el leitmotiv de la ópera, y después le pidió a Ferrer que la acompañara con «Chiquilín de Bachín», también de su autoría. Fue impresionante ese final, ya que el poeta no canta -sólo recita-, pero en la ocasión, como segunda voz, armaron un dúo inolvidable. Que, a pesar de los pedidos y la emoción -también de la pésima acústica- no se continuó con «Balada para un loco». Tampoco con «Diez años no es poco», soneto al que se aplica Neustadt para estrenarlo, tal vez, el año próximo.

  • Al menos, un cambio. En el menú, claro. Ameritaba el invitado modificar las habituales milanesas de bola de lomo por un sólido puchero, aunque todavía no llegó el frío. Fue para agasajar a Raúl Alfonsín en el almuerzo de los jueves de la escuadra cafierista de Gendarmería, donde el anfitrión Antonio Cafiero cargó de elogios al visitante, y éste luego ensayó la profecía de que no habrá radicales -tipo Cobos- en una fórmula presidencial encabezada por Kirchner. Criterio que motivó una pregunta: si eso no lo quiere para el partido, ¿por qué sí quiere que un radical y toda la UCR acompañe una fórmula presidida por el economista Roberto Lavagna? Enigmas que Alfonsín no disipa, como tantos que quedaron de su gestión.
    Llegó, por si el clima era adverso, con una lista de custodios intelectuales: de Mario Brodersohn a Mario Losada, de Jesús Rodríguez a José Ignacio López, de Oscar Torres Avalos a una senadora chaqueña. Del otro lado, los habituales: Mario Granero, José Vernet, Osvaldo Papaleo, el Pato Galmarini, Héctor Maya. El puchero tranquilizó cualquier desavenencia, aunque ninguno de los presentes ya está para esos desencuentros: la lejanía del poder quita adrenalina a los políticos.

  • Hubo referencias al entuerto que Alfonsín parece haber olvidado de uno de sus mejores amigos. ¿O acaso no recuerda que Juan Sourrouille no tiene la mejor de las opiniones del candidato que el ex mandatario empuja junto a Eduardo Duhalde? (a propósito: nadie sabe la razón por la cual nunca se menciona al bonaerense en toda esta negociación, como si no trajera suerte, no pusiera plata o, lo que es peor, no aportara prestigio a la nominación). Se consideró que Lavagna, a esta iniciativa, responderá en agosto y nadie de los presentes creía en eso de que habrá más de una boleta presidencial con Kirchner-Reutemann, Kirchner-De la Sota, Kirchner-Cobos. Quienes hablan de esto olvidan que este mecanismo perdió el sentido al enterrarse el colegio electoral, ahora la Constitución habla de «fórmulas» que ganaron o perdieron. Nada más.
    Pero esa realidad no impidió otros recuerdos, como cuando Menem le ofreció esa alternativa a Eduardo Angeloz o Juan Perón a Amadeo Sabattini. Recordaban que éste dijo que no y, por lo tanto, el general comentó: «Este Sabattini tiene un cerebro que entra en una cajita de fósforos». Para añadir, luego, una aclaración: «Una cajita de fósforos con todos los fósforos adentro». Valía la mención porque a menudo Cafiero, el anfitrión, de tanto repetir este ejemplo de Perón, parece que él fuera Maradona y Don Amadeo un retrasado mental.

  • Casamiento que en otros tiempos hubiera causado revuelo: la periodista Alicia Barrios y el ex juez Hernán Bernasconi, pareja desde los tiempos en que el magistrado en su lucha contra la droga terminó burlando procedimientos (con Guillermo Coppola, por ejemplo, quien ahora parece vinculado a la venta de jugadores al nuevo complejo económico que domina Racing) que luego lo llevaron a prisión. También, para muchos, la boda fue una sorpresa: había quienes creían que los novios se habían casado en otra oportunidad. Esta vez, con Eduardo Menem, Héctor Maya, José Luján, Jorge Guinzburg, Carlos Stornelli, Guillermo Marcó, el coronel Gustavo Gorriz, algunos hombres de la UOM, Jorge Gallardo y señora, entre los invitados, hubo civil un día y fiesta en «Rodizio» al otro, con Bernasconi recibiendo y ella llegando de blanco (vestido de Elsa Serrano) con rosario en la mano hasta el momento del vals. No se vio a Moisés Ikonicoff, un amigo de siempre de los novios.
    Hubo asado y ensalada, se divirtieron unas doscientas personas y la Barrios casi se detenía en las mesas, como periodista, más que como dama casada. Es que le contaban que Fernando de la Rúa había viajado a España y no fue recibido por José Luis Rodríguez Zapatero (parece que no atiende a ex mandatarios), sí por Felipe González, quien como desocupadodispone de tanto tiempo como De la Rúa. Debe admitirse que el español engordó su agenda con argentinos: todavía influye sobre columnistas o a través de sus visitantes (también estuvo con Felipe Solá, quien viajó a saludar a su hija).
    Interesante otro dato sobre el radical: le reconocen una negociación con una editorial sobre un libro, ya anunciado en esta sección, vinculado al proceso de las coimas en el Senado. Sobre ese tema, se habló que una reciente denuncia contra Fernando de Santibañes en un diario desató la indignación del ex jefe de la SIDE, quien al parecer ya instaló el caso en sede judicial.

  • Los sindicalistas juraban que la convocatoria de Kirchner, el 25, será un éxito: lo aseguraba un hombre de La Matanza, sabe que en su intendencia ya se dispusieron 300 ómnibus para el acto. Lo que se dice, una propuesta voluntaria. Más de ese tema, objetado en general y en particular por el público porteño, luego se comentaba un episodio en la última sesión de la Cámara de Senadores, cuando se aprobó la condena al acoso sexual. Es que mientras hablaba el socialista Rubén Giustiniani, en el recinto no paraba de hacer comentarios la oficialista María Laura Leguizamón, hasta que calló Giustiniani, y se escuchó casi inopinadamente la voz de la legisladora diciendo: «El problema es que, con esta ley, no voy a poder usar más escote». Quien no accedía a estos temas se entretenía con la anécdotas de Maya, quien además de su permanente campaña por Gualeguaychú hizo recordar los tiempos en que la Argentina había ofensores y ofendidos que culminaban la reyerta en un duelo. Con talento, entonces, Maya deleitó a los testigos con el relato de un duelo entre Arturo Jauretche y un militar que entonces estaba en YPF (el general Oscar Colombo), según él el último gran lance entre caballeros. Eran los 70, ya quedaban pocos.

  • Si el golf en la Argentina es Roberto De Vicenzo -veterano que pasó la barrera de los 80 y todavía sale a jugar para, de repente, decir: «Me parece que estoy sintiendo la sensibilidad de antes» para explicar por qué mejora el score de cualquier rival-, desde el fin de semana esa afirmación se institucionalizó: en Berazategui se inauguró un museo con todos los recuerdos y pertenencias del jugador, a los que se agregarán los de otros golfistas memorables, casona de 1923 y con historia propia: pertenecía a la familia de Lucio V. Mansilla («Una excursión a los indios Ranqueles»), diseñada por el arquitecto Birabent y con cerámicas de la primera escuela de cerámicas de la Argentina, cuando la dirigía el maestro Fernando Arrans.
    Agradable reunión con mensajes de la vicegobernadora Graciela Giannettasio, quien se recuperó afortunadamente de un cáncer que la había obligado a un arduo tratamiento, y del vicepresidente Daniel Scioli. Curioso: ese día, la Giannettasio era gobernadora bonaerense por ausencia de Solá, y Scioli presidente por ausencia de Kirchner. Hecho que destacó De Vicenzo -lo mínimo que merecía quien, además de jugar y honrar el golf, también supo pelear contra la contaminación de aguas en la zona, función que ahora descubrieron los gobiernos-, quien planteó que él no era una personalidad tan fantástica como decían, ya que «en un rato, cuando vuelva a casa, y me mande mi mujer a lavar los platos, tendré la certeza de que soy un hombre tan común como todos».

    Mientras, Scioli halagaba a la Giannettasio y ésta, agradecida, también recordaba que no sólo había que ponderar a De Vicenzo como deportista, sino a otro presente: el que fuera campeón de motonáutica, Scioli. Todos felices de la mano del intendente Juan José Mussi, quien le agradecía a De Vicenzo que nunca se presentó para competir en su contra. Sin responderle, el maestro sonrió explicando que hay actividades que un golfista no puede realizar. Por razones de principio, como aquel argentino que admitieron en un club de golf y, cuando le dieron un locker para él solo, compró una cerradura y la calzó en la consigna. Al día siguiente, la comisión directiva del club de golf lo dio de baja: no merecían en la nómina a quien pensara que sus compañeros de club lo podían robar.

  • Vamos a terminar con un chiste sutil. Un hombre llega a su casa de madrugada, completamente borracho luego de una noche de bacanal. Al otro día se despierta en su cama, a pesar de que lo último que recuerda es haberse desplomado en el living. Advierte que tiene puesto el pijama. En ese momento aparece su esposa, que con una sonrisa amorosa le pregunta:

    - ¿Querés el desayuno en la cama, mi amor? ¿Qué te gustaría: huevos, medialunas calentitas con dulce, café con leche, jugo?

    El hombre, atónito, apenas atina a responder. La mujer regresa con la bandeja, le sirve el café, le unta la medialuna con dulce de leche, lo besa apasionadamente y se va del cuarto. Al rato entra su hijo adolescente, y el hombre le pregunta:

    - Decime, ¿qué pasó anoche que tu madre está tan cariñosa?

    - Nada; a la mañana temprano cuando nos levantamos te encontramos tirado en el piso del living, arruinado. Mamá empezó a sacarte los pantalones para llevarte a la cama...

    - ¿Y yo qué hice?

    - Empezaste a gritar: «¡Déjenme, déjenme, que soy un hombre casado!».
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