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22 de septiembre 2008 - 00:00

Intercambio artístico con Francia

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Las fotografías panorámicas de Esteban Pastorino tienen la fragilidad de una maqueta.
Desde hace más de una década el crítico francés Philippe Cyroulnik, director del Centro Regional de Arte de Montbéliard, viene procurando insertar a varios artistas argentinos en el circuito internacional. Fabián Burgos, Tulio de Sagastizábal, Graciela Hasper, Ana Gallardo, Carolina Antoniadis, Beto de Volder, Lucio Door, Pablo Siquier, Elisa Strada, Magdalena Jitrik, Irene Banchero, Tomas Espina, Vivi Blanco y, entre otros, Roberto Elia, son algunos de sus invitados a participar de exposiciones, residencias, publicaciones y becas en Francia.
Ahora, por primera vez, Cyroulnik decidió trabajar en Buenos Aires y llegó con un grupo de artistas franceses para dictar un ciclo de charlas en la Casa de la Cultura de la Ciudad, y presentar la muestra «Urbanidades» en el Centro Cultural Borges. De este modo, con la modalidad más eficaz de integración, Cyroulnik reunió 11 artistas de dos nacionalidades distintas, cuyas obras abordan un tema en común: la ciudad.
Los argentinos (Carolina Antoniadis, Tomas Espina, Esteban Pastorino, Ana Gallardo, Graciela Hasper, Pablo Rosales, Elisa Strada) y los franceses (Thierry Bernard, Thierry Gehin, Catherine Melin, Michèle Waquant), articulan el carácter cosmopolita con el local. Cyroulnik organizó una muestra compacta, que sin perder su unidad deja a la vista los estrechos vínculos de la producción contemporánea internacional, pero que a la vez destaca la diversidad de quienes supieron transformar el mainstream en algo propio sin renegar de él.
Así, en la exposición se cruzan los ritmos y los cambiantes colores urbanos, y se articula el anonimato de las calles con la más privada intimidad. En este sentido, el inmenso y colorido mural de Antoniadis revela los objetos significativos de una familia, como un auto o una lancha, pero también una poética bandada de pájaros. Bernard descubre los motivos ornamentales de un territorio destinado a la demolición, que resultan provocativamente melancólicos, al igual que la pared tapizada de globos de Strada, instalada en una sala de exposiciones y fuera del contexto habitual.
Las fotografías panorámicas de Pastorino tienen la fragilidad de una maqueta, y reflejan el concepto del devenir a través del permanente deambular de la gente por las ciudades. Gallardo presenta la precariedad de un plan de vivienda propia: una casita que arrastra con su bicicleta, cargada con muebles que cuentan algo sobre la vida afectiva de la gente. En la obra pintada con pólvora de Espina aparece la violencia; en el video de Waquant, el dolor y la fatiga; en los murales de Melin, lo efímero y lo duradero; en las serigrafías de Rosales, los muros que se destruyen y reconstruyen; en las vistas aéreas de Hasper, el fragor del cartel de una bailanta. En el video «El balcón», Géhin captura un personaje urbano que trabaja para convertir la desolación de ese espacio en un paraíso cargado de flores.
A.M.Q.

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