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Recetas para mantener un negocio rural sólo con productos regionales

Un guardián
Los productos regionales forman parte de mi vida. Me gusta ser guardián de nuestras tradiciones y rescatar recetas ancestrales que están vivas en la memoria del pueblo. Por ejemplo, char-queo dos animales por año en invierno para los tamales y también hago empanadas y charquisillo , comentó.
Este productor pone amor en lo que hace. Como cuando produce quesos en una planta artesanal que, además, tiene una cámara de maduración. Toda la materia prima que utiliza para elaborar estos productos proviene del ordeño a mano de entre 60 y 90 animales por día.
Lewis hace con pasión ésa y otras tareas. Es más, dice que ser productor le provoca una gratificación espiritual muy fuerte. Tanto que se anima a apostar en favor del campo más allá de todas las dificultades que existen en el actual contexto macroeconómico.
Ojalá siempre pueda vivir de esta actividad, pese a las dificultades. Las raíces del pueblo viven en el campo y en sus habitantes. Allí la calidad de vida tiene un precio que no figura en ingún lado. Es una gratificación espiritual muy fuerte ser productor , dijo.
A este guardián se le ocurre una salida para enfrentar los distintos problemas que sufre el campo. Se trata del asociativismo; una alternativa que él ya lleva adelante junto con otros productores agropecuarios en su tambo caprino.
Los pequeños productores abandonan sus campos o los venden a empresas de mayor envergadura. Sin embargo, deberían asociarse, ya que ésta es la única forma de enfrentar mejor a la crisis. Pero no es una condición suficiente, porque tendría que implementarse de otro modo, por ejemplo, con el Fondo Especial del Tabaco (FET), de manera de que sirva para desarrollar otros proyectos alternativos , reflexionó.
Pero más allá de las adversidades que afrontan los pequeños productores, Lewis sigue remando. Procura especializarse en todas sus actividades y en sumarles valor a sus productos.
Y como siempre estuvo vinculado con el tabaco, obtuvo premios como productor y viajó a Africa, Cuba, Brasil y Bolivia para especializarse. Ahora quiere desarrollar el aspecto etnográfico de este producto, sus características mágicas que lo unen a las épocas precolombinas, y hacer un pequeño museo vivencial sobre el tabaco.
En su finca también abre su corazón a los turistas. Para ellos organiza cabalgatas y les muestra dos colecciones: una de plantas medicinales y otra de elementos arqueológicos de la zona en donde vive. Todas estas actividades están muy vinculadas con el turismo rural, que le sirve para generar ingresos adicionales y para pagar los gastos fijos del establecimiento.
Mientras su vida como pequeño productor sigue adelante, Lewis espera saber si estará entre los 5 ganadores del premio Slow Food.


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