«Panóptico», del grupo Mondongo, cuyo punto de partida fue «una noticia bizarra de las crónicas policiales» en la República de los Niños.
El curador británico Kevin E Power trajo al Malba la primera exposición que llegó desde el extranjero, y ahora regresó con «Discursos narrativos», una muestra de los artistas Edgar Endress (Chile), Wilger Sotelo (Colombia), Douglas Pérez (Cuba), Abraham Lacalle (España), el grupo Mondongo (Argentina), Juan Enrique Bedoya (Perú) y Henry Eric (Cuba). En 2001, Power, catedrático de la Universidad de Alicante que hasta 2005 fue vicedirector del Museo Reina Sofía de Madrid, presentó «Políticas de la diferencia», un amplio panorama del arte contemporáneo latinoamericano. Desde entonces, suele convocar artistas de esta región para sus muestras, y dedica especial atención a los argentinos Sandro Pereira y el grupo Mondongo, a quienes presentó en Europa y EE.UU. Para Power, los relatos que circulan por estas comarcas son el eficaz vehículo que le ha permitido conocerlas. «Con las historias podemos entrar en la vida en un par de páginas, con la vida a menudo no sabemos en qué espacio estamos -sostiene-. Desde la infancia siempre hay alguien que nos narra el mundo. Todos necesitamos historias y los artistas logran a veces condensarlas en una sola imagen y sienten la urgencia de contarlas». La muestra se abre con los dibujos de Douglas Pérez de la serie «Vedado», nombre de un barrio céntrico de La Habana cuyo origen proviene de la prohibición de abrir sendas en los cerrados bosques que hace siglos lo resguardaban de posibles invasiones. Paradójicamente el tema de la obra es la invasión de la sociedad de consumo estadounidense en la década del 50, representada en los artículos hogareños, los autos, las publicidades y los textos que alimentaban el imaginario cubano. El artista pinta con un ritmo y gracia especial el mundo de la sobreabundancia norteamericana cuando derramaba su exceso, el mundo que quedó detenido en el tiempo con el arribo de Castro. Pérez relata que a medida que esas imágenes idealizadas se desvanecían en la memoria, también se apagaban los sueños del consumismo frenético. Más allá de los cambios económicos que incidieron en su calidad de vida, Douglas asegura que la Cuba de entonces se diferencia de otros países ya que surgió «una mentalidad anti-consumista, una indiferencia por lo material». El grupo Mondongo presenta «Panóptico», una escena cuyo nombre remite de inmediato al diseño carcelario con «visión total» de Jeremy Bentham, que permite ejercer la vigilancia de todas las celdas al mismo tiempo. El punto de partida de la obra fue «una noticia bizarra de las crónicas policiales», un crimen que quedó impune cometido hace cinco años en la República de los Niños. En medio de la parodia peronista de las instituciones republicanas construidas en escala infantil, el cadáver lacerado de una jovencita y una figura lejana que desde el balcón de un palacio de juguete tiene una visión panóptica y -supuestamente- debería ejercer el control, configuran una imagen siniestra. Mondongo se ha caracterizado por el uso de materiales no tradicionales para realizar sus cuadros. En sus trabajos, como señala Umberto Eco, la materia es «no solamente el cuerpo de la obra, sino también su fin». Ahora, la trama del escalofriante relato está tejida con hilos de colores y, entre otros elementos, con la plastilina que utilizan los niños para modelar. De cerca, el cuadro tiene la inocente apariencia de un bordado artesanal, pero de lejos, como sucede con la pintura impresionista que demanda cierta distancia para ser apreciada, se arma ante nuestros ojos el paisaje de un crimen atroz. Las desoladas vistas de Lima que fotografía Bedoya, envueltas en una niebla que podría atribuirse a la polución, traen el recuerdo de la planificación urbana de los Incas, que ocuparon las laderas de las montañas y respetaron el valle cultivable del río Rimac. Lima, como observa el artista, alterada primero por la conquista y luego por la expansión desmesurada, exhibe hoy «el modelo urbanístico repetido para las poblaciones marginales del tercer mundo». Lacalle traslada sus novelas favoritas al formato de comic, novelas que, como las de Jim Thompson, «nos llevan al lado oscuro de la vida, a un mundo de depredadores y perdedores sin esperanza en el cual todos somos sospechosos». Sotelo presenta dibujos de armas que arrastran historias delictivas de su Cartagena de Indias, mientras Endress muestra el video «La atracción de los gestos», donde explora las contradicciones de la conducta humana. «Una carta, una explosión, una mina», se titula el video de Eric, un cuentacuentos cubano que recupera las palabras de «los hacedores de la epopeya», y con ellas, los sueños, desgracias, creencias o necesidades con las que conviven. Amigo de las citas, Power incluye en su texto una frase terminante de Gertrude Stein, que dice: «Los seres humanos están interesados en dos cosas. Están interesados en la realidad y en contarla».
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