29 de junio 2018 - 18:50

Un Mundial al ritmo de los cambios: VAR, equipos parejos y récords de Rusia 2018

Rusia vive un Mundial histórico, marcado por el uso del VAR, los goles agónics y los equipos que no le temen a las potencias (Fotos: FIFA).
Rusia vive un Mundial histórico, marcado por el uso del VAR, los goles agónics y los equipos que no le temen a las potencias (Fotos: FIFA).
Rusia no es un habitué de los mundiales de fútbol. Como tal, esta es su mejor participación en mucho tiempo. Siendo la Unión Soviética llegó a ser cuarta en Inglaterra 1966, superada por el mítico Portugal de Eusebio. Con todo, este torneo, el suyo, ya mostró algunas constantes que lo dejarán en la historia grande, como la centelleante llegada del VAR y la cada vez más chica brecha entre los equipos fuertes y débiles.

La irrupción de la tecnología en el fútbol provocó un largo debate que la FIFA cortó de plano incorporándola en este Mundial. Si en Sudamérica su uso fue polémico, en Europa se adoptó con celeridad y eso inclinó la balanza. Las cifras son contundentes: la asistencia por video se usó 335 veces.

Según el órgano rector, esto ayudó a que las decisiones sean correctas en más de un 99%, superando el 95% que serían en caso de no emplearse el VAR. Del total, 14 veces el árbitro utilizó la pantalla al costado del campo de juego y otras tres se decidieron en la sala de video de Moscú. De las situaciones que se usó la tecnología, en 14 oportunidades se cambió el fallo y en tres se sostuvo.

Una constante de los mundiales es el juego más permisivo en cuanto a las faltas en comparación con las ligas locales o los certámenes continentales. Infracciones que son comunes que se cobren, en este tipo de campeonatos no se sancionan. FIFA busca privilegiar la fluidez del juego. Un dato ejemplificador: en la última Bundesliga se cobraron 93 penales, mientras que en la primera ronda del Mundial y aún con VAR, los árbitros marcaron 24, una cifra que ya superó el máximo histórico de 16 (1990, 1998 y 2002).

Pero Rusia 2018 no sólo vive de pantallas en un lateral o múltiples repeticiones en una oscura sala con árbitros. También se recordará, sin lugar a dudas, como el Mundial en que muchos Davides pusieron de rodilla a los Goliats. Marruecos, Irán, Suecia, México, Islandia o Senegal desplegaron mejor fútbol del que se esperaba y complicaron o superaron a potencias como España, Argentina y Alemania.



Ya no existen selecciones que tengan una posesión "de casualidad" y apuesten a un pelotazo de 40 metros a un delantero fornido y veloz. Producto de la globalización del fútbol y la evolución de los equipos más débiles, éstos apuestan a copiar modelos: recuperan el balón, elaboran con inteligencia, lo hacen circular y propone un pase seguro antes que una bravura física.

Quizás esto no se dio en forma sistemática en los encuentros sino por pasajes, pero hace décadas era impensado que un elenco africano o asiático le disputara la tenencia de la pelota a los equipos más grandes. Todavía falta un escalón: hegemonizar el balón por el solo hecho de poseerlo, sin generar peligro ni juego inteligente tampoco es un mérito.

Australia tuvo una posesión del 49% ante Francia, que presenta un equipo de excelente pie. Ante Alemania, México apostó a jugar de contra, por lo que el 40% de tenencia de la pelota no parece ser un número bajo. Suiza la retuvo un 48% del tiempo ante Brasil, que en sus duelos de segunda y tercera fecha mejoró ligeramente, aunque los serbios le arrebataron la pelota un 44%. Es decir que los equipos más pequeños, los no candidatos, buscan copiar modelos para equiparar los niveles. Las sorpresas dejaron de ser sorpresas muy rápido en esta Copa.

Una parte de esa equiparación entre selecciones responde al empleo del moderno sistema 4-2-3-1. Su aparición mundial se dio en Sudáfrica 2010 y lleva cerca de una década en los primeros planos. En esta Copa lo utilizaron al menos una vez 20 de los 32 combinados, incluyendo Argentina. Egipto, España, Australia, Perú, Croacia, Serbia, Suiza, Alemania, Colombia y Japón lo alinearon en los tres partidos de la fase de grupos.

La versatilidad de esta táctica permite adaptarlo y reorganizarlo en casi una decena de variantes. Sin embargo, muchos equipos optaron por un retroceso en formato 4-5-1 para defender. Esto obliga a tener una dinámica muy trabajada para no perder las marcas, al tiempo que requiere la atención necesaria para cambiar rápido la fase defensa-ataque de los extremos.

Un caso muy particular en este ítem de movilidad en el esquema fue Inglaterra. Gareth Southgate alineó en los tres encuentros un "olvidado" 3-5-2, con Kieran Trippier como carrilero derecho y Ashley Young en la izquierda. A pesar de esta formación, el equipo británico tuvo la habilidad necesaria para modificar sus líneas y posiciones conforme lo pedía la jugada. Así, defendió con dos bloques de cuatro, atacó con tres delanteros, y hasta llegó a parar un entrañable 4-2-4. Velocidad, ritmo, intercambio de funciones y relevos, tareas requeridas para adaptarse al momento.



Este esquema deja en evidencia el presente de dos posiciones. Los volantes deben tener la capacidad de ser tanto internos como externos, dando casi sentencia definitiva a los antiguos carrileros. Como consecuencia, está casi extinto también el clásico nueve, de porte, pesado y menos habilidoso que los actuales. Futbolistas como Romelu Lukaku (BEL) y Robert Lewandowski (POL) son los últimos híbridos que le dan lugar a jugadores del estilo de Sergio Agüero, Harry Kane (ING) o Kylian Mbappé (FRA).

Rusia 2018 también entrará en los libros recopilatorios por la cantidad de goles de pelota parada. De los 122 tantos que se anotaron en la primera etapa, 23 llegaron por esta vía. Y también es un Mundial cargado con festejos sobre la hora: desde el de Marcos Rojo a Nigeria, hasta el del portugués Cristiano Ronaldo a España o el tiro libre de Toni Kroos que le dio vida a Alemania ante Suecia. Prueba de la emotividad de este certamen es que 25 anotaciones se dieron después del minutos 85.

No fueron muchos los equipos más débiles que pasaron a octavos (por caso, ninguno de los africanos y sólo un asiático), pero la temprana partida de Alemania niveló la Copa. Se suele decir que el fútbol cambia rápidamente, y Rusia 2018 es una prueba concreta de ello, en el que los equipos juegan de forma similar entre sí y muchas individualidades marcan la diferencia. Y no caben dudas de la celeridad con que llegan los tiempos nuevos: ahora es momento de la era de la tecnología.

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