Durante años hemos escuchado decir a arquitectos y urbanistas que Buenos Aires debía recuperar su vida de cara al Río de la Plata, esa actitud que tenía en el siglo XIX, cuando sus muelles eran el elemento más importante de la Gran Aldea, y su principal avenida el Paseo de Julio, es decir la rambla. Esta aseveración resulta más que razonable teniendo en cuenta que el mayor atractivo de una ciudad, por más edificada que esté, suelen ser las características naturales de su ubicación, circunstancia que aprovechan bien ciudades como Rio de Janeiro, enfocada entre sus morros hacia el Atlántico, o Santiago de Chile, con vista a las nieves eternas de la Cordillera de los Andes.
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Romance con el río
En las postrimerías del siglo pasado, la Ciudad finalmente comenzó a retomar su relación natural con el Plata a través de la puesta a punto de la Costanera Sur y principalmente por el reciclaje de los docks de Puerto Madero. Ya entrado el siglo XXI esa tendencia parece acentuarse en función del explosivo crecimiento de las torres de Puerto Madero Este, que ha venido a transformarse, en sólo 15 años, de una deshabitada zona marginal en el barrio más pujante y desarrollado de la Ciudad. Tanto se convirtió, que hoy es una de las postales más características de la capital argentina, debido al impacto escenográfico de sus vistas, en las que se destacan, además del espejo de agua de los diques, los antiguos depósitos y grúas restaurados, las nuevas torres mencionadas, el Yacht Club, y algunos detalles especiales como el Puente de la Mujer, dise-ñado por el español Santiago Calatrava. Si algo le faltaba a este nuevo conjunto porteño para transmitir la idea de ciudad vanguardista y tradicional a la vez, es la imponente silueta de los dos grandes veleros amarrados en los diques, que son la Corbeta Uruguay, y la Fragata Presidente Sarmiento. Ambos íconos del moderno distrito, habiéndose salvado del desguace, son los dos buques más antiguos a flote de nuestra rica historia naval, transformados actualmente en museos que por su encanto e historia atraen multitudes de visitantes.
Historia
Según la página Web de la Armada -ara.mil.ar-, ambos buques fueron construidos en el mismo astillero inglés, siendo botada la Uruguay en 1874, y adquirida nueva por la Armada como parte de la escuadra de río que instrumentara el gobierno de Sarmiento. A partir de 1877 fue buque escuela, habiendo egresado de ella la primera promoción de la Escuela Naval, y en 1880 pasó a desempeñarse como buque de transporte y de apoyo de comisiones científicas en la zona austral. En 1903 tuvo su capítulo más glorioso que adquirió relevancia mundial, al rescatar -gracias a una misión impecablemente planificada y ejecutada al mando del teniente de navío Julián Irízar-, a los sobrevivientes del Antarctic, buque que habiendo transportado a la expedición sueca del científico Otto Nordenskjöld, naufragó en la Antártida. Por su parte la fragata, proyectada específicamente como buque escuela, fue botada y arribó a nuestro país en 1898, desempeñándose inicialmente en la instrucción de los cadetes desde 1899 hasta 1939, efectuando 37 viajes alrededor del mundo como «embajadora de la Argentina», período en el cual fue visitada por varias de las más importantes personalidades de la época, como el zar Nicolás II de Rusia o el káiser Guillermo II de Alemania y formó parte de las revistas navales de las coronaciones de Eduardo VII de Inglaterra y Alfonso XIII de España. Participó además de la apertura del Canal de Panamá en 1914. Posteriormente se dedicó a otras tareas de instrucción, hasta su inauguración como museo en 1964.