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30 de septiembre 2026 - 00:00

Seguridad electrónica: el desafío de formar el talento técnico que exige la matriz productiva

En sectores productivos como Vaca Muerta o el polo minero de San Juan, la expansión de la actividad multiplica la demanda de tecnología de seguridad y monitoreo. Acompañar ese crecimiento depende de una condición concreta: técnicos formados y distribuidos a lo largo del país.

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Ya en 2025, la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) advertía que alrededor de seis de cada diez instalaciones de seguridad en el país las realizan instaladores independientes sin capacitación técnica formal. El mismo relevamiento estimaba un crecimiento del sector cercano al 15% anual y señalaba que un 30% de los usuarios había tenido problemas técnicos atribuibles a una mala instalación. El diagnóstico sigue vigente: la tecnología avanza más rápido que la base de técnicos preparados para implementarla.

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Un oficio que cambió más rápido que su formación

La industria de la seguridad electrónica, las telecomunicaciones y las tecnologías de la información atravesó en la última década una transformación de fondo: pasó de ser un sector de nicho basado en componentes aislados a un ecosistema de integración compleja, donde la convergencia digital es la norma.

Ese cambio movió el piso del oficio. Instalar hoy un sistema implica entender redes IP, dimensionar energía y respaldo, configurar plataformas en la nube, calibrar analítica de video, integrar sensores IoT y contemplar la ciberseguridad que cada dispositivo conectado exige. Así, la capacidad técnica de quienes implementan y mantienen infraestructuras críticas se convirtió en el activo más valioso de las empresas integradoras.

Las cámaras y organizaciones del sector como CASEL, CEMARA y ALAS vienen impulsando programas de capacitación y certificación que alcanzan a miles de técnicos, junto con herramientas de vinculación laboral orientadas a un mismo objetivo: incorporar perfiles calificados al ritmo que la industria necesita.

El monitoreo vehicular, un mercado con demanda por cubrir

La misma tensión se observa en la telemetría vehicular, con un mercado potencial considerable. Según un relevamiento de la industria (DREINET / CERSAT), sobre un parque automotor superior a los 15,7 millones de unidades, más de 11,4 millones de vehículos son técnicamente aptos para incorporar telemetría avanzada: rastreo satelital, sensores BLE de temperatura y activos, cámaras ADAS y sensores DMS de fatiga y distracción en cabina.

La demanda está firme y el mercado maduró. Sin embargo, para capitalizar este crecimiento necesitamos fortalecer la capacidad de ejecución en el territorio. De nada sirve contar con la mejor tecnología de monitoreo si no tenemos instaladores capacitados en cada provincia para realizar el montaje, el conexionado y la configuración con estándares profesionales.

El crecimiento productivo eleva la demanda

Los polos productivos que traccionan la economía argentina están llevando esa necesidad a otra escala. En Vaca Muerta, que concentra cerca del 70% de la producción nacional de crudo y gas, el presidente de YPF, Horacio Marín, estimó que la actividad demandará unos 40.000 puestos de trabajo netos en los próximos cuatro años. Según ManpowerGroup, el 64% de los empleadores argentinos reporta dificultades para cubrir posiciones, y el sector energético figura entre los más afectados.

En San Juan, el avance del cobre plantea una curva similar: solo Josemaría proyecta un pico cercano a 5.900 trabajadores durante la construcción y unas 1.060 personas en una operación de 25 años, sumado a Los Azules. Los centros de formación profesional de la provincia ya reforzaron sus programas junto a las operadoras para anticiparse a la demanda de soldadores, electricistas, mecánicos e instrumentistas.

Para la seguridad electrónica, el dato relevante es geográfico. Son operaciones distribuidas —pozos remotos, plantas, bases logísticas, caminos mineros, flotas de largo recorrido— y la tecnología que las monitorea no se instala ni se mantiene a distancia: requiere técnicos formados en cada zona.

La respuesta de la industria: formar para crecer

El cuello de botella de la industria tiene un nombre preciso: la falta de técnicos calificados para instalaciones y mantenimientos. Durante años se lo gestionó como una restricción estructural. El crecimiento de los polos productivos lo vuelve una decisión estratégica: la demanda va a estar, y el sector necesita estar en condiciones de responder.

Ese escenario abre una oportunidad doble: para la industria, ampliar su capacidad de ejecución en el territorio; para miles de personas con vocación técnica, acceder a un oficio rentable y con demanda creciente. El puente entre ambas es el mismo: propuestas de capacitación de calidad, con contenido actualizado y acompañamiento posterior, que profesionalicen el oficio.

Profesionalizar el oficio para fortalecer la capacidad operativa

Frente a esta dinámica, la industria de la seguridad electrónica comienza a estructurar programas enfocados en consolidar capacidades técnicas en áreas clave como la telemetría vehicular. La meta no es solo cubrir la demanda de instalación en el territorio, sino garantizar un estándar homogéneo de calidad, combinando conocimientos de electricidad con la configuración de plataformas avanzadas.

“La escasez de técnicos calificados para instalaciones y mantenimiento es uno de los cuellos de botella más persistentes de esta industria; lo vengo viendo desde hace 25 años”, señala Eduardo Kbal, CEO de USS, firma que impulsó la iniciativa USS Academia como una propuesta de formación a distancia para la capacitación técnica en el rubro. “Elegimos transformar esa restricción en una oportunidad. La educación es un pilar central, pero la clave no está solo en lo que se enseña en una clase, sino en la red que se construye: colaborar, compartir dudas entre pares y generar comunidad.”

El valor de estas propuestas radica en acompañar al instalador más allá del aula. Al integrar a los técnicos en redes con soporte continuo y actualización permanente, la industria fortalece la confiabilidad que las grandes operaciones productivas demandan en el terreno.

La Argentina discute seguido la infraestructura que exige su desarrollo productivo: ductos, caminos, energía, conectividad. La capacidad técnica instalada pertenece a esa misma categoría. Profesionalizar el oficio no es un costo del crecimiento: es la manera más directa de convertirlo en desarrollo, provincia por provincia.

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