3 de febrero 2026 - 10:24

Menos crecimiento, más dudas para 2026

El estancamiento de la actividad económica en el cierre de 2025 plantea dudas sobre el panorama para este año.

Las proyecciones de crecimiento del Presupuesto están hoy en duda.

Las proyecciones de crecimiento del Presupuesto están hoy en duda.

Foto: Vecteezy

El desempeño de la economía al cierre de 2025 resultó muy similar al de un año atrás. Los últimos datos del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), que elabora el Banco Central del Uruguay (BCU) —actualizado a noviembre—, muestran que en el segundo semestre del año la economía estaría creciendo apenas 0,5% por arriba de igual período del año anterior (aún falta incorporar diciembre). Digamos que es prácticamente la misma actividad que en igual período de 2024. De esta manera, el crecimiento total promedio de 2025 quedaría por debajo de 2%.

Sin embargo, las proyecciones oficiales y —en consecuencia— los compromisos presupuestales, estimaban un comportamiento mejor que fuera la base de un avance ya de cara a este año 2026. En concreto, el Presupuesto incorpora un crecimiento de 2,6% para la totalidad de 2025 y 2,2% para este año, para luego aumentar la tasa a 2,4% en 2027 y -finalmente- ir a un 2,5% en 2028 y 2029, que -se estima- es el crecimiento estructural de la economía, a largo plazo. Estas proyecciones ahora están en duda.

El impacto global y regional en la actividad económica

¿Qué sucedió? Muchas cosas que inciden en el desempeño de la economía uruguaya vienen definidas desde el exterior, sobre las cuales tenemos poca injerencia. Pero en este plano, a pesar de la incertidumbre y los vaivenes que ha provocado la nueva administración estadounidense, Uruguay ha estado bastante indemne -al menos por ahora- a lo que podrían ser grandes impactos negativos; sin ir más lejos, quedamos mínimamente afectados por los aumentos arancelarios que desparramó Estados Unidos por todo el mundo.

Por otra parte, la normalización económica que conduce el nuevo gobierno argentino ha reportado algunas mejoras para la economía uruguaya; esto en el plano del turismo, la energía, la logística y -por supuesto- en mantener el flujo de inversiones, tan importante especialmente para el sector inmobiliario. Brasil, por su parte, mantiene un crecimiento que -si bien no es arrollador ni mucho menos- le da a Uruguay una cierta base de demanda, siendo uno de los principales socios comerciales y económicos.

Así las cosas, tal vez la respuesta haya que buscarla más dentro que fuera de fronteras. Y uno de los asuntos que —al menos desde mi punto de vista— está incidiendo de manera importante es que la base de comparación, el año 2024, fue un año particularmente bueno para la economía uruguaya, sobre el cual es difícil —con los recursos actuales— aumentar el PIB de manera contundente. En 2024 se expresó no solo el efecto “rebote” después de la grave sequía de 2023 (que no solo afectó la producción, sino también el suministro urbano); asimismo, se alejaban los duros impactos de la pandemia y -además- se dio una circunstancia particularmente potente en los agronegocios, con una cosecha de granos como nunca se había logrado en la historia. A eso hay que agregar mejoras de ingresos y salariales respecto a los años previos, y una inversión inmobiliaria que seguía dinámica, además de otras obras de infraestructura.

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La economía uruguaya atraviesa una fase de estancamiento.

La economía uruguaya atraviesa una fase de estancamiento.

Parte de ese buen desempeño se trasladó a la primera parte de 2025, pero ya a partir de mediados del año pasado la economía empezó a mostrar síntomas de desaceleración y cierto estancamiento (gráfica). En este punto quiero detenerme para una aclaración sintáctica: cuando se habla de estancamiento, la palabra parece sonar más fuerte de lo que estrictamente es. Alude a que la economía mantiene la misma actividad con la que venía moviéndose, básicamente sin crecer. Es decir, alude a que no hay variación respecto al período anterior.

Pero no deja de ser un problema serio porque -se sabe- en términos presupuestales y de gasto estatal, la tendencia es siempre al aumento del gasto, y el Presupuesto 2025-2029 no es la excepción: el gasto es creciente y se sustenta en una proyección económica que, al menos en lo inmediato, parece difícil de cumplir.

Problemas fiscales

De manera que emerge, otra vez, un problema que se reitera cada vez que la economía da síntomas de poco vigor: un panorama fiscal delicado. El déficit del Estado cerró 2025 en 4,1%, en línea con la proyección presupuestal (a pesar del menor crecimiento).

Pero el fuerte aumento real de los salarios y -en consecuencia- de las jubilaciones (2,26%, por un aumento de casi 6% del salario y una inflación menor a la proyectada, de 3,65%), mientras la recaudación sube a ritmo mucho menor, pueden abrir una mayor brecha entre gastos e ingresos para este año 2026.

Es que las disposiciones presupuestales -más allá de las diferencias entre los distintos gobiernos- en general parten de un determinado supuesto de crecimiento para establecer luego compromisos de gasto. El crecimiento proyectado tiene fundamentos razonables, pero en una economía -especialmente en la uruguaya- siempre tiene mayores grados de incertidumbre que la proyección de gasto, que es fija y con partidas que se definen por ley para los próximos años.

Así entonces, si el crecimiento va por debajo del proyectado pueden empezar a emerger problemas fiscales, en la medida que la recaudación no va a estar a la altura del gasto previsto. Los aumentos impositivos definidos en los últimos meses son prueba directa de que hay un problema en este plano. El problema agregado es que el aumento de la carga impositiva puede tener consecuencias sobre el propio crecimiento, en esa lógica interacción entre actividad, gasto estatal y carga impositiva.

Los agentes económicos suelen anticipar estos escenarios y las decisiones de consumo e inversión pueden moderarse y/o postergarse. La confianza del consumidor ha caído a niveles de neutralidad, con un retroceso de 12% en el último año, según los últimos datos del Índice que elaboran Equipos y la UCU Business School. En los primeros meses de este año se dirimirá si estas preocupaciones se concretan, o la economía puede sortear las dificultades y retomar la dinámica.

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