A la hora de visitar la Ciudad de Buenos Aires, hay muchos lugares que conservan o han recuperado recetas tradicionales de la gastronomía, en versiones clásicas o actualizadas.
Platos clásicos de la cocina porteña
Guía de restaurantes que conservan o han recuperado recetas tradicionales de la gastronomía de la Ciudad de Buenos Aires, en versiones clásicas o actualizadas.
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A continuación, una guía con los mejores lugares:
MONDONGO & COLIFLOR
En Parque Chacabuco, Mondongo & Coliflor logró convertirse en un restaurante porteño que se anima a sostener en su carta platos clásicos hoy poco habituales, reivindicando una forma de comer ligada a la memoria y al sabor. En su propuesta aparecen entradas como matambre arrollado y lengua al escabeche, seguidas por principales que funcionan como verdaderas postales de la cocina local: guiso de mondongo, tortilla de papa, carne al horno con papas y revuelto gramajo. El cierre dulce mantiene la misma coherencia, con postres casi olvidados como el Charlotte y el almendrado. Con tres años de recorrido construido de manera orgánica, apoyado en el boca en boca y el vínculo con el barrio, esta cantina contemporánea instalada en un local con más de cien años de historia reafirma su propósito de recuperar los clásicos de la mesa porteña, elaborados íntegramente puertas adentro y con materias primas de productores nacionales, poniendo el sabor por delante de cualquier tendencia.
Dirección: Del Barco Centenera 1698, Parque Chacabuco.
COPETÍN
En Copetín, bar vintage de impronta porteña, los copetines funcionan como una puerta de entrada a la cocina de Buenos Aires. Son combinaciones que toman el formato clásico del tentempié y lo arman con ingredientes reconocibles y preparaciones muy locales. Cada uno lleva el nombre de las calles que rodean la esquina triangular donde funciona el bar. El Copetín Enciso reúne queso Mar del Plata, tomatitos dulces confitados, aceitunas marinadas, polpettas, fainá y chips de papas; el Copetín Fernández incluye queso Mar del Plata con jamón crudo estacionado, morrones en conserva casera, fainá y chips, y el Copetín González lleva queso Mar del Plata con jamón cocido, tortilla de papa, vitel toné y berenjenas en escabeche. La barra acompaña con vermuts y cócteles tradicionales. Una forma directa de recorrer sabores porteños clásicos, ordenados en formato de bar y pensados para probar en una sola sentada.
Dirección: Fernández de Enciso 4370, Villa Devoto.
DEL RÍO CANTINA
En Del Río Cantina, la cocina porteña se expresa a través de platos que forman parte del repertorio clásico y que hoy no abundan en las cartas. El recorrido puede empezar con el revuelto gramajo, servido como entrada y armado con panceta ahumada, pimientos asados, arvejas, huevos y papitas pay, en una versión fiel al espíritu original. Entre los principales, aparecen dos supremas que remiten a otra época del recetario local: la suiza, con papas noisette, y la Maryland, con papas rejilla. Completa la propuesta el lenguado al roquefort con puré de papas, un plato de cantina clásica que dialoga con una selección de vinos argentinos pensados para acompañar este tipo de cocina tradicional.
Dirección: Av. García del Río 2957, Saavedra.
CANTINA RECOLETA
Cantina Recoleta se distingue por una propuesta que recupera el espíritu de las cantinas porteñas y pone en valor recetas clásicas poco frecuentes en las cartas actuales, reinterpretadas con técnica y respeto por el sabor original. En su menú aparecen opciones como los clásicos buñuelos de acelga, servidos con alioli ahumado y limón; el pastel de papas con osobuco braseado y queso mozzarella, una imperdible versión de un clásico de mesa familiar, y la Lasagna della Nonna, rellena de ricotta, verduras y salchicha parrillera. El recorrido se completa con postres tradicionales como el almendrado clásico con salsa de chocolate o las frutillas con crema. Para acompañar, la casa propone un vermouth con Triolet de cortesía, un Aperol Spritz o una copa del Cantina Malbec by Famiglia Banno, su etiqueta propia, ideal para maridar las variadas alternativas de su carta.
Dirección: Av. Santa Fe 1430, Recoleta.
MAGO
Mago se presenta como una parrilla de mercado en Belgrano que, si bien se destaca por su especialización en cortes de carne tradicionales y premium a las brasas, amplía su propuesta con una selección de platos porteños clásicos que hoy resultan poco habituales en este tipo de restaurantes. Con una cocina de mirada moderna, el menú recupera recetas de siempre y las reinterpreta con técnica, sabor y una presentación cuidada que las pone en valor. Así, junto a las carnes, aparecen opciones como los buñuelos de acelga, livianos y dorados, servidos con pesto de tomates y morrones asados, o los panqueques rellenos con abundante dulce de leche, un clásico infalible que rara vez se encuentra en espacios de este nivel. En Mago, estos platos conviven con naturalidad con la parrilla, reforzando una identidad que honra la tradición.
Dirección: esquina Monroe y Montañeses, Belgrano.
OSTENDE
En Ostende, la cocina porteña se construye a partir de recetas de abuelas y de un espíritu de bodegón vintage que reivindica la nostalgia y pone en el centro el encuentro alrededor de la mesa. La carta reúne clásicos reconocibles, como los buñuelos de espinaca y parmesano con alioli del día, crocantes por fuera y tiernos por dentro, y el filet de merluza servido con guarniciones a elección —puré de papas, papas fritas, ensalada del día o spaghetti a la manteca—, una forma directa de abordar la cocina de siempre, sin artificios. Para el final, el almendrado casero de praliné de almendras y chocolate semiamargo retoma un postre tradicional y funciona como cierre coherente de una propuesta que mira al pasado con cariño y lo trae al presente desde el bodegón.
Dirección: Virrey Loreto 3303, Colegiales.
LA CAPITANA
En La Capitana —bodegón porteño de marcado valor histórico que le rinde tributo a Eva Perón—, la cocina funciona como un gesto de memoria y una celebración de la tradición porteña. Entre los platos destacados aparece la milanesa La Capitana, una clásica milanesa de ternera con papas fritas a caballo, conocida como una de las comidas favoritas de Evita. También se ofrece el osobuco braseado en horno de barro, servido con una reducción agridulce de vino Malbec y puré de papas, una preparación de largo aliento que expresa el espíritu bodegonero del lugar. La experiencia puede acompañarse con los vermuts de la casa, servidos en jarras pensadas para compartir.
Dirección: Guardia Vieja 4446, Almagro.
PUCHERO
En Villa Luro, Puchero se afirma como una cantina moderna que pone en primer plano la cocina porteña y sus platos más representativos, trabajados con criterio actual y espíritu casero. En su carta conviven clásicos como los buñuelos de espinaca rellenos de mozzarella y la carne al horno de cocción prolongada, acompañada por papas y batatas. También hay lugar para una reversión del pastel de papas, aquí transformado en pastel de boniato con bondiola braseada y corazón de queso. El recorrido se completa con sabores reconocibles y porciones generosas, pensadas para compartir. El proyecto, impulsado por el grupo gastronómico Guardia Nacional, combina identidad barrial, diseño cuidado y una propuesta cálida.
Dirección: Av. Rivadavia 10300, Villa Luro.
RESTAURANT MUSEO EVITA
En el corazón de Palermo, dentro de la histórica casona que alberga al Museo Evita, el Restaurant Museo Evita construye su identidad gastronómica a partir de un diálogo constante entre pasado y presente. Su cocina se apoya en recetas clásicas de la gastronomía porteña —esas que forman parte del ADN culinario de Buenos Aires— y las recupera con respeto, técnica y una perspectiva moderna, sin perder el espíritu original. Uno de los mejores ejemplos de ese trabajo es su pastel de papas gratinado, un plato que remite directamente a la mesa familiar, a los sabores caseros y la comida reconfortante. Preparado con carne bien sazonada —orégano, pimentón, comino y ají molido—, cebolla, morrón, aceitunas verdes, capas generosas de puré suave, queso y un gratinado dorado que corona el conjunto, llega a la mesa como una versión cuidada y reconfortante de un clásico indiscutido. En este entorno cargado de historia, el pastel de papas no es solo un plato: es una forma de celebrar la cocina porteña desde la memoria y el sabor. Así, entre salones de época y un patio que oficia como refugio del tiempo, el Restaurant Museo Evita reafirma su compromiso con una gastronomía que honra las tradiciones de la ciudad y las mantiene vivas, plato a plato.
Dirección: Juan María Gutiérrez 3926, Palermo.
ARDE
En una esquina de Villa Urquiza, Arde ofrece una propuesta de cocina porteña de bodegón, con una carta que recupera recetas conocidas y las presenta en clave actual. El revuelto gramajo es un clásico preferido por todos, se prepara con panceta ahumada, pimientos asados, arvejas, huevos y papas pay. Entre los principales, la milanesa a la Maryland, fieles al recetario porteño. También forman parte del eje bodegonero las albóndigas con puré y salsa portuguesa, junto a guarniciones tradicionales. Para el cierre dulce, flan casero o budín de pan, como síntesis de una cocina que mira a la memoria cotidiana.
Dirección: Pedro Ignacio Rivera 4999, Villa Urquiza.
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