21 de enero 2026 - 08:03

Recaudación: entre estructura y coyuntura

La recaudación de la DGI subió 1,8% real en 2025, pero fue declinando a lo largo del año. Los cambios y desafíos para este año.

La recaudación de la DGI subió en 2025, pero fue declinando y plantea desafíos para este año.
La recaudación de la DGI subió en 2025, pero fue declinando y plantea desafíos para este año.
Foto: Vecteezy

La recaudación bruta de la DGI subió 1,8% en términos reales en 2025. Al considerar las devoluciones de impuestos y créditos tributarios (que fueron menos que en el año previo) la recaudación neta muestra una suba mayor, de 2,7%, según datos de Impositiva. La diferencia no es menor, en especial si se tiene en cuenta que el PIB en 2025 no habría crecido mucho más de 2%, ya que la última proyección mediana fue 2,1%, según la encuesta del Banco Central del Uruguay (BCU). En términos netos, la recaudación habría crecido más que el PIB.

Recaudación y actividad económica interactúan. Por un lado, la recaudación refleja la marcha de la economía. En ese sentido, lo que sucedió con la recaudación en el 2025 parece reflejar de manera bastante certera lo que ha sucedido con la actividad, que ha ido desacelerando a lo largo del año. Esta tendencia se expresó en casi todos los principales impuestos.

En el otro sentido, la recaudación incide en la economía. La carga impositiva -concepto algo esquivo- afecta la dinámica económica, aunque varía en dimensión y plazo. Una economía -con determinadas capacidades y productividad- tiene un límite para sostener aumentos de impuestos. Analizando lo que sucedió -por ejemplo- con el ajuste fiscal y aumento de impuestos de 2016, la recaudación subió al año siguiente 7,8%, pero el PIB avanzó apenas 1,7% y en los años siguientes se estancó.

Esa dinámica no puede adjudicarse solamente a la carga impositiva (el PIB ya venía complicado desde antes, luego de los años del “boom” 2008-2014), pero hay incidencia. Más aún considerando que -positivamente- ha mejorado la eficiencia recaudatoria y el control (entre otras cosas con el proceso de inclusión financiera, facturación electrónica, etc.). Luego de aquellos años 2017-2019 llegó la pandemia, con caída y recuperación, y la economía volvió a una dinámica conocida, con crecimiento modesto y déficit fiscal alto.

Gráfica recaudación
La evolución de la recaudación superaría a la del PIB en 2025.

La evolución de la recaudación superaría a la del PIB en 2025.

Cambios y proyecciones en la recaudación

En el Presupuesto, el gobierno incluyó varios cambios impositivos relevantes, apuntando a una mayor recaudación. Por un lado, el Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (IMCD), para extender el impuesto a la renta a las multinacionales (iniciativa de la OCDE). A su vez, se definió una extensión del IRPF para los aumentos patrimoniales en el exterior. En tercer lugar, se aplicará el IVA a las importaciones por franquicias online (encomiendas), a partir de mayo.

En cada caso hay argumentos particulares, pero también hay un argumento común (implícito o explícito) de emparejar condiciones para consumo, empresas y contribuyentes. En el caso del IVA a las encomiendas, se busca acercar la carga impositiva de las compras por franquicia al exterior con las del comercio corriente. Y decimos “acercar” porque aún con el 22% que se aplicará a partir de mayo, la carga impositiva al comercio establecido es bastante mayor: 22% de IVA, Arancel Externo Común, Tasa consular y adelanto de IRAE, todo lo cual suma más de 50%. En el caso de la extensión del IRPF a los aumentos patrimoniales en el exterior, hay consenso en que es coherente que el impuesto se extienda a las ganancias en el exterior, tal como se aplica a las ganancias en el país.

Finalmente, en el caso del IMCD, el asunto ha generado algunas dudas y críticas. Si bien -como pretende la OCDE- se busca emparejar las condiciones tributarias para las multinacionales en todas las jurisdicciones, la disposición se contrapone a los beneficios tributarios en los regímenes de promoción, especialmente el de Zonas Francas, régimen clave de Uruguay para atraer inversiones. Si bien la reglamentación busca atenuar las contradicciones entre una y otra disposición, el asunto aún genera dudas.

Uruguay mejoró su estructura tributaria a partir de la reforma del año 2007, cuando se introdujo el IRPF y se simplificó el sistema, eliminándose varios impuestos. Se unificó y redujo el Impuesto a la Renta Empresarial y -vale recordarlo- se redujo el IVA en 4 puntos (3 del Cofis, un pseudo-IVA) y un punto más (de 23 a 22%) en la tasa básica (la mínima bajó de 14 a 10%). Hoy, los impuestos al consumo (IVA e Imesi), son casi 57% de la recaudación; los impuestos a la renta responden por casi 36% y los impuestos a la propiedad 6% (cabe agregar que la recaudación de los gobiernos departamentales se basa principalmente en impuestos patrimoniales a la propiedad, contribución y patente).

Crecimiento, empleo e inflación

El equipo económico proyecta que los nuevos impuestos, sumados a una mayor eficiencia de la DGI, permitirán aumentar la recaudación y contribuir a reducir el déficit fiscal. Pero la evolución de la actividad económica genera dudas; los analistas consultados por el BCU prevén un crecimiento menor al proyectado en el Presupuesto (1,9 vs 2,2%). Es una situación delicada porque el déficit fiscal es alto y es necesario reducirlo.

Así, la posibilidad de cambios que apunten a reducir la carga impositiva parece acotada, a pesar de que hay buenos argumentos para hacerlo. En los impuestos a la renta empresarial, en la medida que el alcance de los regímenes de promoción se acota, la tasa general podría bajar, con el consiguiente impacto positivo en la inversión y -seguramente- en el empleo. Así como se hizo con el IVA en 2007 (y luego en los pagos electrónicos en el programa de inclusión financiera), bajar impuestos es posible.

En el caso del IRPF al trabajo, es casi inviable hoy -lamentablemente- la posibilidad de incorporar nuevas deducciones al impuesto, algo que se planteó y prometió en su momento, y sería razonable. La recaudación del IRPF al trabajo subió 3% real en 2025 (uno de los impuestos que más subió su recaudación). Hoy bajar el déficit es lo prioritario, a pesar de que no es seguro de que con la carga tributaria actual (ahora aumentada) se consiga ese objetivo.

Y se ha agregado un factor de complicación adicional, al caer la inflación más de lo previsto. Esto implica menos recaudación que la proyectada, mientras el gasto crece -este sí- según lo previsto, indexado en buena medida por inflación pasada (aún reconociendo los esfuerzos por desindexar, introducidos en las últimas pautas salariales). Se prevé que la mejora real de salarios y jubilaciones en el comienzo de este 2026 impulse el consumo y con él la recaudación. En pocos meses sabremos si son previsiones realistas u optimistas.

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