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23 de mayo 2013 - 08:35

La década K, lo bueno y lo malo

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Victoria Donda.
Por Victoria Donda, especial para ámbito.com.-

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Nos acercamos al 25 de mayo, aniversario de la Revolución de Mayo de 1810 y de los 10 años del Kirchnerismo en el poder. Desde mi lugar me gustaría hacer algunas reflexiones al respecto, como dirigente política del país actual, como militante política-social desde mi adolescencia y como parte de un equipo de trabajo con técnicos y profesionales de distintas ramas, lugar desde donde leemos y analizamos la realidad, proponemos iniciativas y proyectos de ley e intervenimos en los conflictos más urgentes que golpean a los ciudadanos/as de todos el país.

El Kirchnerismo fue el emergente de una situación política del país muy difícil y traumática para la mayoría de los/as argentinos/as, en la cual el sistema político nacional había entrado en crisis a partir de las masivas movilizaciones del 19 y 20 de diciembre del 2001 (y antes también), que al grito de "que se vayan todos" hizo un planteo contundente, fundamentalmente a la dirigencia política de la UCR y del PJ, por la situación extrema a la que se llegó. La "salida no fue automática" y así se llegó al 2003, donde tanto el PJ como la UCR se dividieron en tres candidatos cada uno.

En el 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, pareció abrirse una posibilidad para romper ese bipartidismo retrógrado, a pesar de que aquel llegó en una alianza con un sector del PJ - encabezado por Eduardo Duhalde - pero que no condicionaba demasiado a su nuevo gobierno. Kirchner planteó además la formación de una nueva fuerza política a la que llamó "Transversalidad" , porque contemplaba la mejor parte de los partidos existentes y a los movimientos sociales que surgieron después del 2001, para cubrir los huecos que dejó el Estado neoliberal y resolver las necesidades más urgentes de los sectores más humildes de la sociedad.

Lamentablemente fue el mismo Kirchner el que acabó con esa posibilidad en el 2007, - en un contexto sumamente favorable en lo económico- cuando decidió ir de presidente del PJ, responsable principal de la destrucción del país en los años noventa; dejando en evidencia que su proyecto no era en realidad transformar en serio la Argentina. Por eso, si bien en el 2003 era claro que el neoliberalismo como expresión dominante se retiraba de la escena nacional y latinoamericana en medio de un contundente fracaso, los casi diez años que le han seguido, con Néstor y Cristina Kirchner a la cabeza, no han significado un nuevo rumbo nacional, más allá del "relato". En realidad, su prolongada administración ha sido una mezcla de "continuidad" con la década del noventa, junto a "cambios económicos, sociales y culturales" que no han logrado predominar sobre lo viejo; y es además un proceso que muestra claros síntomas de agotamiento que se expresan en los últimos meses con increíbles casos de corrupción, que si bien surgen a la luz ahora, se han ido cocinando, paso a paso, con la contemplación y complicidad absoluta del oficialismo.

Desde nuestro espacio político no fuimos nunca relatores de los que pasó en nuestro país. Por el contrario, fuimos activos protagonistas se esa realidad, por eso, como dice nuestro compañero Yuyo Rudnic " nos conmovimos cuando Néstor Kirchner, dijo "somos hijos de las Madres de Plaza de Mayo", cuando decretó la entrega de la ESMA a los organismos de DDHH para convertirla en el Museo de la Memoria y obligó al Jefe del Ejército a retirar la foto de Videla. O cuando le dio impulso a los juicios a los genocidas y a la búsqueda de las Abuelas de sus nietos apropiados. Cuando pidió perdón en nombre del Estado y la Democracia por sostener veinte años de impunidad". También nos movilizamos contra la implementación del ALCA, en el marco de una lucha continental que se desarrolló sin pausas desde Canadá a Tierra del Fuego. Y cuando el ALCA fue enterrado en aquellas históricas jornadas de Mar del Plata en 2005, bailamos en las calles con nuestros hermanos latinoamericanos, porque nos sentimos capaces de decirle NO al Libre Comercio en la propia cara del mismísimo Bush. Y agrego: me sentí reconfortada en la integración de la nueva Corte Suprema de Justicia de la Nación (medida que hoy parece estar queriendo ser borrada con el codo), con la estatización de las AFJP; la promulgación de las leyes de matrimonio igualitario, y la ley de medios, entre otras. Ahora parece que lo trabajado en común nunca alcanza y ya no hay lugar para el debate; cayendo cada vez más en la peligrosa dicotomía de "haces lo que quiero, ó sino sos un golpista, gorila y antipatria".

Llegamos así a los diez años de kirchnerismo, en un contexto político económico inmejorable para el bloque regional que integramos y no obstante, los índices de inclusión social alarman por sus resultados negativos y preocupa enormemente el desaprovechamiento de este viento de cola que vive el país para un desarrollo económico más integral e inclusivo; manteniendo nuestra economía en permanente estado de conmoción por la suba o baja de los precios internacionales de las comodities que vendemos; y sin mayores muestras de querer salir de este subdesarrollo en un sentido soberano.

Por otro lado, no estamos resistiéndonos a debatir alrededor una reforma constitucional que busque democratizar el poder político y judicial, profundizar la participación popular en la toma de decisiones, y/o ampliar los derechos civiles y políticos de los ciudadano/as, sino que rechazamos la tramposa discusión de habilitar esa reforma para permitir una nueva reelección presidencial. No estamos denunciando las falsificaciones del INDEC y la persistencia de niveles de pobreza e indigencia porque pensemos que hay que volver a privatizar el sistema de jubilación, Aerolíneas e YPF, sino porque creemos que hay que reformular el sistema impositivo, sancionar nuevas leyes para las inversiones extranjeras, las entidades financieras, las inversiones mineras y hay que rediscutir una mayor y más eficiente participación del Estado en la economía que permita controlar la inflación y la fuga de capitales. No decimos que las organizaciones políticas como La Cámpora nunca serán genuinos canales de expresión de amplios sectores juveniles porque estamos defendiendo el PJ, sino porque ésta está atada al clientelismo, al verticalismo y una concepción que cree que la militancia es como una carrera que persigue el éxito individual para llegar a puestos políticos, hoy escandalosamente rentados.

La presidenta busca siempre mostrarse rodeada de grupos, dirigentes e intelectuales del progresismo y la centroizquierda con el fin de que no aparezca el Partido Justicialista - verdadero sostén de su gobierno "nac&pop", que le pone los votos y el peso territorial- y los indigeribles acuerdos y negociados con los gobiernos feudales de las provincias. Lamentablemente muchos ex compañeros de lucha nada dicen de los personajes del menemismo que sobran en altos cargos del gobierno -como Echegaray y Boudou- provenientes directamente de las filas del liberalismo pro videlista-, y hasta ahora han logrado transitar esa doble vía de: bancar a un gobierno que va en una dirección, mientras ellos afirman que va en otra; haciendo así grandes esfuerzos para disimular cuestiones tan aberrantes como la Ley Antiterrorista, las modificaciones a la ley de ART, la alianza con la Barrick, la concentración y extranjerización económica, la partidización de la Justicia, el blanqueo de capitales, entre muchas otras cosas, y se ponen a la ofensiva con la Asignación Universal por hijo, la (pseudo) nacionalización de YPF, el chavismo y los DDHH; para intentar hacernos creer que se está "profundizando el modelo productivo con inclusión social". El problema es que la brecha entre el "relato" y la "realidad" se va ensanchando cada vez más y a mayor velocidad.

Todo esto sintetiza la creciente menemización de Cristina. Todo indica que estos sectores progresistas del kirchnerismo - que le han servido por años a Cristina para embellecer la imagen de su gobierno - puestos en la disyuntiva de elegir entre tener un mínimo de coherencia con lo que han pregonado ó sacarse la careta y alinearse a este giro derechoso del gobierno K, optarán por esto último lamentablemente; a pesar de que los signos de agotamiento del Modelo son incontrastables.

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