Ungallery presenta en estos días, “La gravedad de un cuerpo que asciende”, una muestra de la artista peruana Julieta Tarraubella (1991) radicada en la Argentina. La exhibición, curada por Eduardo Basualdo, trata sobre los fenómenos celestiales, comenzando por un video que muestra sobre los edificios del microcentro porteño un cielo donde corren unas nubes tormentosas. La imagen de gran formato, proyectada sobre un acrílico lechoso montado sobre los caños de un andamio, resulta visible desde ambos lados. Las luces y sombras atraviesan vertiginosas el cielo y muestran un mundo inestable y en fuga.
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Ad astra per aspera: las imágenes de Julieta Tarraubella
El texto de presentación aclara: “La serie de obras componen una suerte de espectrometría del cielo. El término científico “espectro” evoca una suerte de visión fragmentada de los fenómenos invisibles: una mirada que desvela el desmembramiento de la luz, la energía. Las obras que integran esta exposición, a través del uso de distintos medios (escultura, fotografía, video, instalación) representan diversas apariciones del cielo en el medio urbano: el movimiento de las nubes desde los callejones, el anhelo de volar, la proyección de los sueños al mirar el cielo”.
Consultada sobre el sentido de sus obras y unas manos mutiladas, Tarraubella aclara que están allí, en una gran instalación, para sostener y levantar lo terrenal y para lograr que ascienda hasta el cielo. Allí mismo hay imágenes de pequeñas plumas y esculturitas de alambre, mientras unas alas realizadas con brillante aluminio se extienden con un sistema de poleas y se aprestan a remontar vuelo. La gran instalación de hierro soporta el prisma que proyecta un arcoíris y depara un encuentro con la belleza.
Para acompañar la muestra, Tomo Cabrera escribió un texto de ficción. “Me acordé que en algún lado me habían dicho que, si quitamos de nuestra visión las frecuencias que corresponden al espectro de los azules, podríamos sucumbir ante una fuerte depresión relacionada con perder la mayor referencia vital: el color del cielo. Con ese derrumbe perceptivo arrastraríamos el color de los cuerpos de agua y así, se desvanecería gran parte del color que percibimos en las cosas”. Casi al terminar el relato, Cabrera se pregunta: “¿Cómo podríamos contarles a otros de ese cielo anterior, de la existencia del azul?”
Eduardo Basualdo observa que Tarraubella lo convocó al ver su instalación en el Moderno. “Tuvimos una tutoría para pensar juntos la exposición como un abordaje estructural y espacial. O, sea, qué objetos componen la dramaturgia espacial. Básicamente son obras nuevas, pero todas tienen antecedentes en la producción de Julieta”.
A. M. Q.


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