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13 de diciembre 2007 - 00:00

Santa Fe: desafíos en un distrito clave en el mapa

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Santa Fe - Superado el fantasma de la ley de lemas que le negó la gobernación cuatro años atrás, el socialista Hermes Binner se enfrenta ahora, en su nuevo carácter de gobernador, con la responsabilidad de dirigir la realidad santafesina. Ingresa a un terreno marcado por una economía que no escapa a la endeblez general del mapa de provincias, y en medio de un escenario político que encuentra al peronismo local golpeado, pero dispuesto a dar pelea para recuperar el poder.
Con todas las miradas -de izquierda, centro y derecha- puestas sobre él, fiel a su bandera, Binner declaró que pondrá el acento en «lo social». Así lo dijo en su discurso de asunción este martes, hablando de la necesidad de garantizar la «democracia biológica» (nutrición y educación infantil) como paso previo a la «democracia política». Describe, en definitiva, un panorama oscuro, aunque habla de «oportunidad» histórica.
Sabe que existen puestas sobre él muchas expectativas, las cuales «serán difíciles de cumplir», como reconocen varios de los antiguos militantes socialistas que se acercaron a los actos de toma de mando realizados en Santa Fe. «Ya tiene experiencia en gestión en Rosario, y le fue muy bien», aclaran igualmente los binneristas, para disipar la idea de que existan aires pesimistas.
Más allá de alineaciones políticas, el nuevo mandatario santafesino se enfrenta, si bien a mejor escala, a un desafío similar al que inicia Daniel Scioli en Buenos Aires. Se entiende así que saque brillo a su perfil más negociador con la Nación, ya que buena parte del destino de su administración queda subordinada a decisiones del poder central. Por caso, el actual orden de la distribución de los ingresos de los Estados argentinos obliga a las provincias a recibir asistencia federal para paliar déficit financiero, un proceso que siempre termina siendo deudor de la buena sintonía política que exprese el mandatario de turno.
El justicialista Jorge Obeid se retira del gobierno afirmando que deja una liquidez en torno a los $ 1.600 millones. Pero el nuevo ministro de Economía, Angel Sciara -el mismo que acompañó a Binner en la pasada gestión de Rosario-, se ataja y dice que espera el resultado del informe que fue pedido a la Auditoría General de la Nación. Aguarda datos extraoficiales, pero la presentación estaría lista dentro de un mes. «No digo que los números no sean los que dice el gobierno saliente. Anhelo que así sea», manifestó Sciara. El funcionario había expresado malestar a los pocos días del triunfo electoral de Binner el 2 de setiembre, alertando que las cuentas santafesinas se encontraban en deterioro y que no se conocían los números exactos de los resultados primario y financiero de este año.
En rigor, las complicaciones afectan a todas las provincias, en especial a las grandes. Por eso, mandatarios como Scioli o el cordobés Juan Schiaretti son partidarios de impulsar una nueva Ley de Coparticipación, «misión imposible» -requiere una ley convenio- que también Binner apoyaría, en vista de que Santa Fe aporta altas sumas por retenciones a la exportación agrícola, una polémica exacción que no se coparticipa.
Binner deberá, además, encarar obras de infraestructura para el delicado tema de la prevención de inundaciones en Santa Fe; en tanto que depende de Nación para las grandes inversiones en plan energético o, por caso, la mentada hidrovía Paraná-Paraguay.
En lo estrictamente político, Binner comenzó a ser hiperobservado por propios y extraños. El PJ cayó finalmente sin el sostén de la ley de lemas. Carlos Reutemann parece decidido en su retiro, mientras que los que asoman con timidez para 2011 son Obeid -pese a sus desmentidas- y el diputado nacional Agustín Rossi, en un proceso que no les será fácil.
Por su parte, Binner, junto con la gobernadora electa de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, encarna la propuesta de gobierno «alternativa» si se mira el espacio de carácter más «progresista» -una palabra muy usada por el santafesino en su asunción- en comparación con el kirchnerismo. De algún modo, tomarían la vacante que dejó la poco estable Elisa Carrió. En el sector opuesto de la oposición se ubica el porteño Mauricio Macri.
La prueba de fuego de Binner -y también de Ríos- es lograr una gestión con signo positivo, en la que logren mantener a salvo su independencia política, sin ser cooptados por la Casa Rosada y su poderosa billetera; «Debemos dialogar desde la diversidad», postulan ambos. Mientras tanto, muchos de los que acompañaron a Binner en los actos del martes y aplaudieron con especial énfasis a Ríos -quien también inició su carrera política en Rosario- ya se animan a ilusionarse con una incipiente dupla presidenciable que dé pelea a la hegemonía K.

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